Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 15 • Diciembre de 2025 •

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Freud, el clinamen y la epistemología del desvío

Romina Beatriz Lencina

Romina Lencina es psicoanalista y psicóloga. Docente universitaria en la Facultad de Psicología y doctoranda en Filosofía por la UNED, donde investiga las relaciones entre cuerpo, lenguaje e indecible en la constitución del sujeto. Su trabajo articula epistemología contemporánea, psicoanálisis lacaniano y teoría crítica. Datos de filiación institucional: - Universidad Europea de Valencia: Departament of Psychology, Faculty of Health Sciences, Universidad Europea de Valencia, Valencia, Spain. - Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED): Escuela Internacional de Doctorado, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Calle de Bravo Murillo, 38, 28015, Madrid, España.

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Introducción

En este trabajo se propone una lectura transversal del epistolario entre Freud y Fliess en diálogo con Epicuro, Althusser, Foucault y las epistemologías feministas de conocimiento situado. Se sostiene que el psicoanálisis no funda una ciencia positivista de la mente, sino (entre otras cosas) una forma radical de producción de saber con base en la contingencia y la falta. En las cartas, la escritura se convierte en una práctica de transferencia donde el saber se genera al borde de un vacío, allí donde la palabra tropieza con lo indecible. A partir del paralelismo con el clinamen epicúreo y con la concepción foucaultiana del saber como producción, se propone una lectura materialista y situada del psicoanálisis como una epistemología del desvío, en la que el saber se produce allí donde la voluntad de saber se subleva.

 

S/t de la serie El espacio del adentro.
Xilopintura intervenida con óleo, 2022.

Inés Díaz SaubidetIG: @inesdiazsaubidet

 

1. Un saber que nace en y desde el vacío

El psicoanálisis nace en la intimidad de un intercambio epistolar. Entre 1887 y 1904 Freud escribe a Wilhelm Fliess y en ese acto de escritura consigue sostener el hilo de un pensamiento que aún no tenía cuerpo teórico. En la carta del 28 de diciembre de 1887, la segunda enviada, confiesa “sigo sin saber con qué he podido ganarme su interés; el poquito de anatomía cerebral especulativa no alcanza para impresionar su juicio severo.” Aquí no hay método ni sistema, lo que hay es deseo.

Las cartas se escriben en el umbral del saber mismo, no con el objetivo de comunicar resultados. Este saber no debe confundirse con el conocimiento representacional acumulable, coleccionable, en el que hay algo que representa a un objeto. Cuando se habla de “el saber” se hace referencia a algo que no puede poseerse, que no se domina, que no existe como totalidad previa, sino que se produce en el acto y en el decir.

Se escriben para sostener un proceso. Fliess encarna el lugar del Otro que escucha; Freud, sujeto dividido siempre en falta, es aquel que escribe. Entre ambos se abre, como un abismo, ese vacío en el que el pensamiento se produce. El saber no se acumula, en su lugar se construye y se transfiere. Cada una de las cartas es un acto analítico anticipado: hay un sujeto que pone su palabra, hay otro que se supone que la recibe, y del vacío entre ambos nace una nueva forma de enunciación.

2. Materialismo del desvío. De Epicuro a Freud

Epicuro situó el origen de todo lo que existe en el clinamen. Se llama así al desvío infinitesimal que rompe la linealidad con la que los átomos caen y hace posible su encuentro. Este encuentro es el que dará lugar a todas las cosas. En el siglo XX Althusser lee ese gesto en el corazón del materialismo aleatorio, una filosofía de la contingencia que reemplaza la causalidad tradicional por el azar.

Freud escribe, sin saberlo, desde ese mismo principio. Su correspondencia igual que su obra, no siguen el orden deductivo, se van marcando conforme a los ritmos que se imprimen en cada desvío. En este sentido, y retomando la bella metáfora de Epicuro, cada una de las cartas ha implicado un clinamen del pensamiento, un desvío donde la teoría nace de la contingencia del decir.

En la ciencia clásica el conocimiento busca eliminar el azar, busca controlar las variables para acceder a algo que se pretenda sea un saber puro, busca extraer un trozo de Real, que siempre acaba por escaparse cuando pasa por el tamiz del lenguaje. Freud no formula leyes universales, narra tropiezos, lapsus, sueños, síntomas. La invención o, si se quiere, el descubrimiento del inconsciente no responde al cálculo estadístico, responde a la deriva de un deseo. Como los átomos epicúreos, las ideas freudianas se tocan al desviarse produciendo un saber sobre el vacío.

3. El saber como producción y no como dominio

Foucault demostró que el saber no descubre su objeto, más bien lo produce. Cada episteme define lo que puede ser dicho, visto y pensado. El epistolario Freud- Fliess es una arqueología de esto puesta en acto, las cartas freudianas encarnan el saber que las precede. Allí el inconsciente se va produciendo en el gesto mismo de escribirse. Ahora bien, si Foucault nos enseña que el saber produce su objeto, Lacan sitúa ese saber en el lugar del Otro. No es el sujeto el que sabe, sino que el saber está ahí en la cadena significante esperando ser oído.

Freud no teoriza sobre algo que ya existe; inventa su objeto en el acto de nombrarlo. Sin intención de dominar, e incluso a pesar suyo, lo inconsciente aparece como resto. El saber psicoanalítico, leído a la luz de Foucault, es un saber que no se impone sobre ningún objeto, es un saber que se deja producir por el objeto.

El pensamiento freudiano es un acontecimiento de lenguaje. El inconsciente aparece cuando algo se escribe. En la carta fechada el 21 de septiembre de1897, al afirmar la tan citada frase “ya no creo más en mi neurótica”, Freud no renuncia a una hipótesis, la rectifica en el sentido estructural del término. Descubre que la verdad no está en el acontecimiento histórico causal, sino que está en un vacío que aparece en el lenguaje dejando ver tras de sí una huella.

4. La encarnación del saber y el pensamiento situado

Las epistemologías feministas que se han planteado, aun con su diversidad teórica y la disparidad temporal, tienen en común la denuncia de la pretensión de objetividad universal de la ciencia tradicional, y se proponen pensar el conocimiento desde su localización singular. No hay saber sin cuerpo, no hay mirada sin posición. Freud, sin querer, en las cartas anticipa este principio en su propio modo de escribir.

Sus epístolas están llenas de cansancio, de síntomas, en definitiva, de goce. Cuando habla de sus arritmias, de su dificultad para respirar o su obsesión con el tabaco, lo que se filtra es el cuerpo del pensamiento. El saber freudiano no flota encima del personaje, se encarna, se padece y se goza.

Así, Freud responde desde otro lugar a la pregunta que se desprende de la epistemología feminista: ¿cómo se construye conocimiento cuando se renuncia al universal?

Pues bien, no buscando una posición pura, sino sosteniendo el vacío, escribiendo desde la falta y fundamentalmente, como sucede en el análisis, habilitando la transferencia. En eso consiste el pensamiento situado, no en hablar desde un lugar fijo de saber, más bien en pensar desde el borde del lenguaje.

5. El analista como desecho

Debo confesar que cuando empecé a estudiar la correspondencia ansiaba la posibilidad de leer las respuestas de Fliess. Conforme fui avanzando en la lectura la necesidad de esas respuestas se diluyó. En su lugar se hizo presente su silencio, un silencio que no sólo no empobrece la experiencia, sino que la sostiene. De manera análoga, pensando en la escritura de Freud, ese silencio no empobrece sus trazos, los sostiene. Freud escribe al vacío y el vacío le devuelve pensamiento.

Lacan llamará a esto posición de desecho. El analista es un resto, el operador de un vacío que permite que el saber acontezca. En las cartas, Fliess encarna ese lugar sin saberlo. Por la propia presentación de la obra cuando se lee, Fliess es el Otro que no responde y en ese no responder hace existir la transferencia.

Para cuando terminé de estudiar las cartas entendí que no era necesaria la respuesta, porque el saber no se obtuvo de un objeto, sino de ese intervalo entre los dos. En ese hueco que se despliega como el intenso deseo de Freud, se funda la estructura analítica y, con ella, una epistemología del vacío.

6. Epistemología del vacío

De Epicuro a Freud, de Foucault a Haraway, se va dibujando una constelación de pensamientos que hacen del desvío una manera de conocimiento. Frente a una tradición que sitúa la verdad en una correspondencia con la realidad, estos autores, aunque cada uno desde su lugar, definen la verdad como un efecto de la contingencia, la encarnación y la transferencia.

El psicoanálisis puede entenderse de esta manera, también, en su dimensión clínica. No se trata de conocer a nadie, sino de dejarle hablar. No se trata de cerrar el sentido, sino de bordear su imposibilidad. El saber analítico no es un saber acumulativo, al contrario, se pierde, choca, se reencuentra en el acto mismo de decir. Cuando se habla del sueño de La inyección de Irma como uno de los elementos fundadores del psicoanálisis, esto no quiere decir que dicho sueño inaugure una teoría, inaugura un acto. Freud amanece con una certeza que está lejos de lo conceptual, que está pegada a lo Real. Una certeza que no contradice el vacío, lo atraviesa. La rectificación de 1897, aquella de “ya no creo en mi neurótica” no anula la certeza del sueño, la reinscribe de manera tal que el saber que importa no es el de la posesión, si no aquel que aparece como efecto del acto. Freud puede corregirse una y otra vez a lo largo de toda su obra porque la certeza que lo atraviesa no es doctrinal. En El porvenir de una ilusión deja claro que la única exigencia es la certeza, pero no está hablando de una certeza conceptual, sino de una certeza mínima que orienta al vacío, un punto Real donde el pensamiento se anuda.

Freud, escribiendo a Fliess, pone en evidencia que el saber puede nacer del vacío y no del conocimiento acumulativo. Que la teoría es algo que se construye justo en el borde entre el deseo y la palabra.

Conclusión

El saber del vacío no es una metáfora, es una práctica. Freud lo encarna al escribir sin saber qué describe cuando escribe; Foucault, al pensar el discurso como producción; Epicuro, al situar el clinamen como origen del mundo; las epistemologías de los feminismos, al recordar que todo conocimiento tiene cuerpo.

Entre todos estos se traza una ética del pensamiento: sostener el no- saber como condición de saber. La responsabilidad que tenemos de nuestra posición de sujetos implica, como lo dice Lacan, sostener ese no- saber que nos causa. Freud inaugura la ética que Lacan posteriormente sistematiza, una ética que se teje con la epistemología, puesto que trata de un saber que surge del vacío y no lo borra.

El psicoanálisis no es una ciencia de la mente, puede pensarse como una poética del vacío. Escribir, igual que analizar, es permitir que el lenguaje tropiece, y en ese tropiezo adquiera otra forma. Sólo el saber que no se posee puede transferirse. Lo que se transfiere inevitablemente es la falta. Freud, sin quererlo, inaugura un saber que se escribe desde el almor (esa mezcla entre amor y rigor) allí donde la transferencia hace posible que el pensamiento haga borde con lenguaje al precipicio.

 

Valencia, 9 de noviembre 2025

Notas:

Nota de intención autoral: El artículo que se presenta es desprendimiento del segundo capítulo de una investigación doctoral en curso. En este capítulo específicamente se retoma la correspondencia entre Sigmund Freud y Wilhelm Fliess (1897-1904) como espacio de gestación epistémica del psicoanálisis. Esto se articula con la propuesta de materialismo aleatorio de Althusser, la arqueología foucaultiana del saber, y la propuesta de pensamiento situado de los feminismos. El objetivo es pensar el nacimiento de la teoría psicoanalítica no como un hecho histórico, sino como el modelo de una epistemología del vacío, en la que el conocimiento surge de la transferencia y del desvío que hacen borde a lo indecible. Desde un punto de vista más amplio, esta investigación se desarrolla en torno al estatuto del saber y la diferencia sexual en la obra freudiana y lacaniana.

Bibliografía:

Althusser, L.: Para un materialismo aleatorio. Madrid. Arena Libros. 2002.

Epicuro: Obras completas. (J. Vara, Ed.) Madrid. Catedra. 2021.

Foucault, M.:  La arqueología del saber. Madrid. Siglo XXI.2022.

• Foucault, M.: «¿Cómo nace un libro experiencia?» En El yo minimalista y otras conversaciones. Buenos Aires. La Marca. 2003.

• Freud, S.: Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904). Buenos Aires: Amorrortu.1986.

• Haraway, D.: Ciencia, cyborgs y mujeres. Madrid. Cátedra.1995.

• Haraway, D: Manifiesto Cíborg. Madrid. Kaótica Libros.2020.

• Kristeva, J.: Sol negro. Depresión y melancolía. Caracas. Monte Ávila Editores Latinoamericana . 1991

• Mitchell, J.: Psicoanálisis y feminismo. Barcelona. Anagrama. 1975.

 

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