Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 5 • Diciembre de 2016 •

universales
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¿Por qué el control es una “experiencia necesaria”?

Yo, a menudo, en mis controles -o al menos al comienzo- más bien aliento a que siga su propio movimiento. No pienso que sea sin razón que -no que se ponga en esa posición, está muy poco controlado- sino que no pienso que sea sin razón que alguien venga a contarle algo en nombre simplemente (...) de que le han dicho que era un analista".

Jacques Lacan “Discurso a la EFP”
6 de Diciembre de 1967
Marcelo Ale

Miembro de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata. Docente del Instituto de Enseñanza e Investigación en Psicoanálisis de la APLP, PRAGMA Clínica y Crítica y responsable del Escritorio clínico Valores estéticos y éticos del psicoanálisis. Publicó los libros La clínica analítica y las referencias (1998), y Pasión y encanto en la experiencia analítica (2010), entre otros textos.-

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René Magritte
Le Blanc-Seing
1965, óleo sobre lienzo,
81.3 × 65.1 cm

Obstáculos

A diferencia de la amplia bibliografía que se puede consultar respecto de lo teorizado y escrito sobre la práctica analítica, es mucho más escaso lo que podemos hallar sobre la práctica del control. Por lo tanto debemos recurrir a indicaciones aisladas y a los debates que se han originado sobre el tema.

Desde una vertiente fenoménica, la experiencia del control consiste en un encuentro de un analista con otro al que eligió para relatarle -por distintas razones- algún aspecto de su práctica, esperando una respuesta a esta forma de demanda. En este ámbito, al igual que en el de las presentaciones clínicas, el analista está bajo la égida de Lacan, cuando en la “Apertura de la sección clínica de París” sostenía que el analista debe dar las razones de su práctica. En un caso en forma privada, en el otro en forma pública, ante otros analistas.

Es una experiencia en la que se pone en juego el modo en el que cada analista relata a otro lo que ha construido de lo que ha escuchado del relato de sus analizantes; se trata del relato de un relato. Es una experiencia que el analista debe atravesar con la finalidad de deshacer los obstáculos que se le presentan en la conducción de los análisis localizando y desatando los nudos que Freud llamaba “Puntos ciegos del analista”. Al respecto, le escribía en una carta a Binswanger: “el analista para su formación, debe reconocer su contratransferencia y superarla”.

Según esta perspectiva, en el control se trata de denunciar -en el sentido de poner en evidencia- la participación del componente “personal” que tiñe la elaboración del caso. Es en la experiencia del control en la que se ubica la contratransferencia y se la reenvía al análisis.

¿De qué modo aparecen los fantasmas, ideales e identificaciones de un analista como obstáculos ante la escucha del discurso del analizante?

¿Qué sucede si el analista opera con sus fantasmas o sus identificaciones al escuchar el discurso analizante, si está atrapado en esa interferencia en la escucha, que como señalamos, Freud llamó puntos ciegos del analista y Lacan prefirió denominar “puntos sordos”?

Es necesario que el analista desestime y desactive todo lo que es propio, sus sentimientos, sus opiniones, sus ideales, sus prejuicios, para que no interfieran en el discurso analizante; “hacer el muerto”, “borrar el yo”, son distintos modos de considerarlos según el momento de la enseñanza de Lacan.

Al comienzo de su enseñanza, en “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, Lacan ya se refiere a esta práctica. Hace mención al modo de considerarla en sus interlocutores del momento en la IPA; introduce algunas críticas e incluye otras innovaciones. Como blanco de crítica toma las ideas que el controlador manifiesta una “super-visión”, que hay dones que se transmiten como así también secretos técnicos a develar.

Lacan acuña la expresión “superaudición” en vez de supervisión, el 1 de Diciembre de 1975, en la conferencia que dio en la Universidad de Columbia titulada “El síntoma”. Decía: “A veces ocurre que hago eso que se llama supervisiones. No sé por qué se le ha llamado a eso supervisión. Es una superaudición. Quiero decir que es muy sorprendente que se pueda, escuchando lo que un practicante le ha con­tado -es sorprendente que a través de lo que ha dicho se pueda tener una repre­sentación de aquél que está en análisis, que es analizante. Es una nueva dimensión. Luego hablaré de este hecho, la dit-mension, la dicho-mención, que yo no escribo del todo tal y como se escribe habitualmente en francés …dit-mensio…mention, mención, es decir, en inglés se entiende, eso-mention, el lugar donde reposa un dicho”.

Desestima entonces, además de que se trate de supervisión, la idea de una transmisión de saber, y la de una estructura diádica que responde a la de la relación del yo ideal al Ideal el yo –lugar en el que queda ubicado el controlador-. Estas concepciones, ponen de manifiesto la idea que en un control, el controlador le enseña, porque es el que sabe, los secretos técnicos del psicoanálisis al practicante…inexperto.

Se pueden rescatar dos afirmaciones de Lacan que constituyen la matriz de la crítica a esa concepción del control: la inconsistencia del Otro del saber, y la falta de un concepto del analista que pueda operar como patrón de medida, como referencia desde la que se consideran los desvíos del practicante.

Control: experiencia necesaria

¿Por qué el control es una experiencia necesaria y no contingente en la formación de los analistas?

El control mantiene con el análisis y las curas conducidas por los analistas, una relación necesaria. Esto nos conduce a plantear una triangulación con tres vértices. Análisis, práctica y control que corresponden a tres posiciones: analizante, analista y controlante.

¿Cómo se produce este movimiento triangular que es circular?

De la práctica a la estructura ternaria del control

¿Qué lo conduce al analista de la práctica al control?

La práctica es el ámbito en el que surge, por diversas razones, la demanda de control. Las dificultades pueden ser varias y manifestarse en dudas sobre el diagnóstico, la dirección de la cura, la instalación de la transferencia, etc.

Enrique Acuña, en el escrito publicado en la Revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis Nro 11 titulado “La construcción entre lo universal y lo particular”, afirma que: “La demanda de control implica el retorno de un elemento no reabsorbido por el universal que obliga al analista a inventar una nueva hipótesis sobre ese resto no clasificado. Pero resulta que ese resto es lo fecundo: el objeto mismo del psicoanálisis…”. Son las dificultades de los analistas con su acto lo que lo llevan a consultar a otro analista cuando su construcción sobre el caso vacila.

Lacan también llama componente subjetivo a ese intermediario entre el relato que el analizante le hace al analista y el que este analista le hace al controlador. Se trata del relato de un relato, que es una construcción, que debe pasar por la estación de paso obligado de ese componente subjetivo. Así el control, lejos de ser una relación diádica entre “yo” e “Ideal del yo”, es una la estructura ternaria -semejante a la de la agudeza y el pase- en donde se destaca la necesidad de un tercero, en el caso del control, el controlador, en posición de oyente de un relato; se trata de un relato a otro sobre un tercero.

Es en este ámbito del control en el que surgen los obstáculos en la escucha que tiñen la construcción del caso.

Del control al análisis

Si bien el control mantiene cierta semejanza estructural con el análisis -en el sentido en el que el controlante en tanto habla y demanda está en posición de analizante-, mantiene una diferencia que consiste en que el controlante no se entrega a la regla de la asociación libre que lo obliga a decir todo, acotando así su relato a lo que atañe al caso que transmite.

En cuanto a la posición del controlador, hay una semejanza y una diferencia con la posición del analista en análisis. La semejanza es que en ambos ámbitos, se apunta al sujeto en su enunciación y a provocar al analizante y al controlante para que desde el lugar del trabajo elabore el saber. El control es un análisis restringido en el sentido en el que el controlante está obligado a elaborar un saber acotado al caso, a diferencia de lo que sucede en el análisis en donde el saber que debe elaborar el analizante, es el supuesto del inconsciente.

Eso que el control puso en evidencia como resistencia o contratransferencia del practicante, debe deslizarse en la trama subjetiva que se historiza en el análisis por medio de la asociación libre. Al igual que con el síntoma, se descifra en el análisis lo que se cifró como punto ciego en el control. Es esta última relación entre un ámbito y otro, lo que hace que análisis y control sean prácticas complementarias.

Del análisis a la práctica

¿De qué modo incide en la práctica del analista lo que descifró en su análisis de lo que se cifró como obstáculo en el control?

La interpretación como desciframiento de lo que operaba como obstáculo, rectifica la posición subjetiva con la que el controlante, sin saberlo, operaba en esa cura. Es decir que la interpretación, en este sentido, limpia los oídos de las impurezas de la pantalla del fantasma que, habitualmente se traduce a la fenomenología de la experiencia, en la identificación a algún rasgo del analizante que dificulta el desplazamiento de la relación del plano especular por ejemplo.

Para cerrar el circuito y volver a la práctica, tanto las ideas de Lacan del control como “lo que debe corregir el deseo el analista”, como la de Freud de “corregir la contratransferencia y superarla”, apuntan a producir una rectificación en la posición subjetiva del analista para con ese caso. Rectificación como consecuencia del circuito que parte de la denuncia de lo que obstaculiza la escucha del discurso, sigue en el desciframiento al que es sometido ese punto ciego en el análisis, y finaliza con la rectificación de la posición subjetiva que se tenía hasta el momento.

La posición del controlador

El controlador no se ubica en el lugar del saber, de la norma ni de la autorización. No se trata de ocupar el lugar del Otro sino el del objeto que descompleta al Otro, del que recuerda que hay castración como inconsistencia del Otro, que en la experiencia del control se revela como falta en el saber.

En un control, se pone el énfasis no solo en el caso relatado, sino en el relator porque, como afirma Eric Laurent en “El buen uso de la supervisión” (1): “El problema del control no es rectificar la posición del sujeto al que su acto sobrepasa. El problema, es el analista de experiencia, el que deja de darse cuenta que él surge del acto analítico, el que quiere escapar a la necesidad del ‘deseo del analista’. El problema comienza cuando hay que intervenir sobre la incapacidad del analista de hacerse causa del deseo. Esta incapacidad está en el origen de todas las tentaciones de ceder frente al deseo del analista, y es por eso que en el ‘Discurso a la EFP’ los ejemplos dados, las desaprobaciones recaen sobre el analista de experiencia que se coloca en la posición de quien tiene el saber”.

Lacan en ese “Discurso a la Escuela Freudiana de París”, al que se refiere Eric Laurent, decía sobre el control: “Es otra cosa que controlar un caso: un sujeto (subrayo) al que su acto sobrepasa. Lo cual no es nada, pero que, si él sobrepasa su acto, produce la incapacidad que vemos florecer en el cantero de los psicoanalistas (que se manifestará frente al asiento/sitio el obsesivo, por ejemplo, al ceder a su demanda de falo interpretándola en términos de coprofagia y así fijándola a su cagalera, para que finalmente le fallemos a su deseo, (…) La cuestión es la del sujeto que cree ser amo de su acto, aquel que se pasa de vivo, el que viste el acto con su narcisismo, aquel que en lugar de captar la dimensión del deseo en el, quiere llevar eso a un saber, incluso a un saber hacer que él tendría”.

Se controla el caso, en este sentido definido en relación a la posición subjetiva, a la enunciación del analista ante el acto.

Un caso de control

Un controlante comienza mencionando el modo en el que un paciente llega a la institución en la que trabaja: lo llevan por consumir marihuana. Luego menciona el nombre con el que viene etiquetado: adicto, e inmediatamente hace referencia al debate que normalmente se instala entre la demanda de la institución de desembarazar a los pacientes de la sustancia que consumen, y lo que pueda dilucidarse de la particular relación de cada uno con la sustancia. Plantea que a veces queda a mitad de camino entre la demanda de la institución y la del paciente, que puede ser otra que la de ser operado de la sustancia.

Afirma que lo lleva su madre por una disnea que comenzó a tener, supuestamente ocasionada por el consumo de marihuana. El controlante plantea que el paciente fuma normalmente marihuana en ocasiones particulares; en general cuando sale con sus amigos a bailar, a conquistar mujeres.

Comenta que ha averiguado sobre las condiciones de aparición del consumo mas allá de esa “previa”, y en la significación que la sustancia pueda tener más allá del efecto real en el organismo. Luego de encadenar cierta deriva significante a partir de la significación del término “consumo”, se detiene en un detalle, en un efecto en el cuerpo -disnea- que le llama la atención y por el cual empieza una indagación más minuciosa, Luego de un enunciado del paciente respecto de la disnea ; “no me voy a morir por esto” el controlante pregunta:

¿“No ha pensado en dejar de fumar?” en cuya enunciación se introduce la idea de dejar de consumir -que no había surgido en ningún momento en el discurso analizante-.  Ante el relato de esta intervención, la pregunta del controlador fue “¿Por qué introducir la idea de dejar de fumar?” y concluyó el control allí.

Ahora en análisis, el otrora controlante, asocia “disnea” al síntoma principal de un familiar antes de su muerte. Síntoma corporal y un fantasma ligado a la posible evitación de esa muerte (si hubiera dejado de fumar no hubiera muerto) que se interpone, por identificación, ante el discurso del analizante a quien le introduce la idea de “dejar de fumar”, cuando ese consumo para él no representaba ningún conflicto del que quisiera desprenderse, sino más bien una solución a algunas dificultades ligadas a la aproximación a las mujeres.

Por un lado, una identificación que hace poner en juego su juicio subjetivo: extirparle el consumo a alguien a quien le proporcionaba una solución para acercarse a las mujeres. Por otro lado, la alienación a la demanda institucional de extirparle el consumo como síntoma del que lo tiene que desembarazar: esto deducido del modo en el que lo nombra al inicio, con la etiqueta “adicto”.

Hay una asociación con la palabra “disnea” a partir de la cual comenzó a aparecer el eclipse del deseo del analizante por el fantasma del analista.

Se trata de la emergencia de un punto ciego según Freud o sordo según Lacan, que no le permitió leer el costado de solución que ese consumo aportaba. Consumo, que lejos de ser un síntoma del que desea desembarazarse, es un modo de satisfacción sintónico que brinda una solución.

A lo que era una solución, la intervención del analista teñida de una identificación y un fantasma, la podría haber llevado a un conflicto que había que eliminar.

¿Por qué quitarle, privarlo de aquello que aporta una solución? Primer obstáculo al que se suma la repetición de la palabra “adicto” como una categoría, como una tipología desoyendo la particularidad del caso y el uso singular que cada uno hace de la sustancia.

En este caso, el control develó el prejuicio del analista del consumo como síntoma a extirpar, y la identificación del relato del caso a una coyuntura de su historia ligada a la muerte de un familiar que activó la emergencia de un fantasma que se interpuso ante el discurso del analizante y condicionó la intervención.

 

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Texto escrito a partir de la presentación realizada en el Simposio sobre el control realizado el 30 de Septiembre de 2016 en el Instituto PRAGMA, titulado “La práctica del control y la estructura de la agudeza”. En esa ocasión se presentó el dispositivo Atención Clínica-Práctica analítica de la urgencia- del Instituto PRAGMA.

En dicho Simposio participaron también Daniela Ward, Leticia Garcia y Sebastian Ferrante

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Notas:

(1) Eric Laurent: “El buen uso de la supervisión” en Virtualia Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Año II, Nro 5.Abril/Mayo 2002

Bibliografía:

Acuña, Enrique: La construcción entre lo universal y lo particular” en Revista Conceptual – Estudios de Psicoanálisis” Nro 11

Lacan, Jacques: “Función y campo de la palabra y del lenguaje en Psicoanálisis” en Escritos 1, Siglo XXI Editores, Buenos Aires,1975.

Ibídem:  “Discurso a la Escuela Freudiana de París” en Otros escritos, Paidós, Buenos  Aires,2012

Ibídem: “El Atolondrado, El Atolondradicho o las vueltas dichas” en revista Escanción Nro 1, Editorial Paidós, Argentina, 1984.

Laurent, Eric:  “El buen uso de la supervisión” en Virtualia Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Año II, Nro 5, Abril/Mayo 2002.

Ibídem: “Su control y el nuestro” en Revista Freudiana N º30, Barcelona 2000.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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