Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 4 • Abril de 2016 •

dominancias
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El retorno de la religiosidad

Rubén Dri

Filósofo, teólogo, profesor e investigador de filosofía en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Escritor. Algunos de sus libros: Autoritarismo y democracia en la Biblia y en la Iglesia, Proceso a la Iglesia Argentina, La utopía de Jesús, El movimiento antiimperial de Jesús, Teología y dominación, La hegemonía de los cruzados.

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Martín Gómez
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Categorías y andamiaje epistemológico

El ser humano es una totalidad que se realiza en la dialéctica de la práctica y la conciencia. El sujeto es fundamentalmente el hacerse sujeto, el crearse sujeto, el ponerse como sujeto, es decir, el sujetualizarse. Es verbo, no sustantivo. El uso de sustantivos tiene que ver con la necesidad de hacer una pausa en el movimiento de devenir sujeto, porque ese movimiento no puede captarse directamente.

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Devenir sujeto es realizar una práctica, que tiene otro momento que es el momento de la conciencia. Práctica y conciencia conforman una totalidad. No se trata de un determinismo, sino de un condicionamiento mutuo. Toda práctica genera conciencia y toda conciencia genera práctica. El sujeto continuamente modifica sus prácticas las que, a su vez, modifican su conciencia y viceversa.

En principio, tanto las prácticas como los modos de la conciencia, es decir, del saber, son infinitos, no tienen límites. Pero hay determinadas prácticas que son fundantes del resto. Tales son las prácticas económicas, sociales y políticas. El sujeto, como dice Marx, es un “ensamble de relaciones sociales”. Pero las relaciones sociales son también y necesariamente políticas y económicas. Lo que cambia es la acentuación.

Así como hay prácticas fundantes, hay también “formas de conciencia social” o “modos del saber” fundantes que conforman tres bloques:

• el mito, la religión y la filosofía

• las ciencias

• las ideologías

En el primer bloque (mito, religión y filosofía) el conocimiento se dirige a la totalidad, no hay aquí un conocimiento de la particularidad. La totalidad del sujeto es su propia historia. Somos nuestro historizarnos, nuestro sujetualizarnos, el hacer nuestra historia. Toda actividad particular tiene sentido en la medida en que la ubicamos en la totalidad, es decir, en nuestro proyecto, en la totalidad de nuestra historia. La ciencia no puede comprender esa totalidad.

Mito y religión son lo mismo: el mito es religioso y la religión es mitológica. Ambos están conformados por narraciones simbólicas. Tanto en el relato mitológico como en el religioso el símbolo es fundamental. Diferente es la teología, que es el mito con una visión de la totalidad no simbólica sino conceptual, realidad que comparte con la filosofía.

Estamos en una cultura conceptual. El cristianismo tiene los evangelios, que son mitos, relatos, narraciones. No son teología. El pueblo en que vivía Jesús no necesitaba teología. Pero en el siglo IV, en el helenismo, estábamos en una cultura filosófica. Ahí los cristianos comienzan a construir la teología, a conceptualizar los símbolos.

Mito, religión y filosofía. ¿Por qué son absolutamente necesarios y están siempre presentes? Por la necesidad de sentido. El sentido lo otorga solamente una visión de totalidad, es decir, estas formas del saber y de conciencia social. El sujeto necesita la orientación, el sentido, y lo obtiene de esta manera. Gramsci dice que todo hombre es filósofo, y es totalmente cierto. Filósofo quiere decir visión de totalidad, que ubica su práctica en un proyecto, aunque no esté conceptualizado.

En cambio, las ciencias son siempre de la particularidad. Cuanto más científica es una ciencia, más particulariza su objeto de estudio. Para que ese particular tenga sentido, la ciencia tiene que ubicarlo en un contexto total, de modo que pasa a ser filosofía, religión o teología.

Fundamentalmente, la ciencia da poder: conocimiento del cuerpo, de la naturaleza, de la sociedad. Ahora bien, el modo en cómo se utiliza ese poder, su sentido, no proviene de la ciencia, sino de la filosofía, o de la religión. Pero la ciencia y la filosofía no son opuestas: el científico mismo es filósofo. El médico que cura es a su vez un filósofo, porque si es consciente de lo que está haciendo, tiene que ubicar su práctica en el contexto de ese individuo que está tratando.

Mi tesis es que la religión es una experiencia fundamental del ser humano. Si la religión retorna, significa que en algún momento se fue. Aludo a la Ilustración, momento fundamental donde se creyó que la religiosidad se había ido, aunque Hegel advirtió a los ilustradores que se estaban equivocando, al decir que el devoto que adora la estatua de un santo adora una piedra o una madera. No es así sino que ahí está el espíritu, la conciencia, la auto-conciencia que necesita el rodeo del símbolo. Es el otro momento de la conciencia que está ahí. Naturalmente, el devoto no puede traducir esto en una reflexión conceptual, pero de esta forma lo siente.

La etapa en que se creyó que la religión se había ido, cuyo epicentro es la Ilustración, se continuó luego con el marxismo. Hay marxistas ortodoxos que sostienen que el marxismo es una ciencia, y como ciencia creen por lo tanto que es una verdad objetiva. Naturalmente, todo esto entró en crisis, y es en este sentido que hay un retorno de la religiosidad.

Para avanzar en el tema del retorno de la religiosidad hay que recurrir a textos como la Biblia, el Corán o los Upanishad, porque el retorno se hace fundamentalmente con la reinterpretación de estos textos fundamentales.

Las guerras de los dioses

Hay algunos ejes para interpretar por qué y de qué forma estos textos retornan. La Biblia no es un libro sino un conjunto de libros, que se escribieron en un lapso de once siglos, desde el año 950 a.c. aproximadamente hasta el año 150 d.c. Allí hay distintos proyectos políticos y sociales, tratados naturalmente en forma religiosa, es decir, con la intervención de Dios; por lo tanto hay teologías enfrentadas, hay dioses enfrentados en todo el relato bíblico. Es fundamental entender esto. Durante la dictadura militar, monseñor Bonamín podía recurrir a la Biblia y también lo hacían los sacerdotes para el tercer mundo. El Dios de monseñor Bonamín, pro-vicario de las Fuerzas Armadas, no tenía nada que ver con el Dios de dichos sacerdotes. Eran dioses completamente enfrentados.

Los primeros once capítulos de la Biblia son muy mitológicos: allí se encuentran los relatos mitológicos de la creación del mundo, del hombre y de la mujer, el relato del edén o paraíso perdido, los relatos del diluvio y finalmente, el de la torre de Babel que significa la condenación de la humanidad que ha levantado un imperio de dominación, refiriéndose en ese momento al imperio babilónico. En el capítulo doce comienza la historia del pueblo hebreo, de esta forma:

Dios le dice a Abraham:

Haré de ti una nación grande, y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú serás una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. En ti serán benditas todas las naciones (Gn 12, 2-3).

Tenemos aquí al pueblo escogido, la elección de Dios y la condenación de todos aquellos que se opongan y la bendición de todos aquellos que se sometan. Al continuar con la lectura de la Biblia, nos encontramos con que Dios le dice a David:

Ahora voy a hacer que tu nombre sea famoso entre los grandes de la tierra (2 Sam 2, 7).

La promesa hecha se cumple ahora con el reino de David, en realidad un imperio que domina todos los pueblos vecinos.

Este es el proyecto monárquico. Pero el pueblo hebreo no se forma con la monarquía, sino con la confederación de tribus, que es otro proyecto que se denomina proyecto profético. La monarquía que se introduce después domina a las tribus, las somete.

¿Cómo se interpreta el éxodo, es decir, la salida de Egipto? La salida de Egipto no es la salida del pueblo, sino la de un grupo de no más de cincuenta personas. Miles de personas no podrían vivir en el desierto. Es un grupo que sale y llega a la Tierra de Canaán, donde pactan y tienen un determinado proyecto de sociedad que se llama Confederación de tribus o Reinado de Jahvé. Esa es la matriz de un proyecto que será recuperado varios siglos después, en el siglo VIII, por los líderes naturales, es decir, los profetas.

Cuando la monarquía lee el éxodo, dice que la salida de Egipto es para la construcción del Reino Davídico. Cuando lo leen los profetas, la salida de Egipto es para la construcción de la Confederación de tribus. Entonces, o Dios pacta con el Rey (de hecho David es proclamado hijo de Dios), o Dios pacta con las tribus. Son dos dioses que están totalmente contrapuestos.

Hay otro proyecto que entra en colisión con esto. Se trata del proyecto sacerdotal, que se forma posteriormente en el siglo VI, cuando los babilonios con Nabucodonosor destruyen Jerusalén y exilian a los sacerdotes, los cuales en el exilio elaboran un nuevo proyecto. Los persas, que vencen a los babilonios, envían a los sacerdotes hebreos de vuelta a la Tierra de Canaán, que ya era la Palestina, para construir una sociedad con la dominación sacerdotal. Ahora la comunicación de Dios es con el sumo sacerdote. Es decir, hay otro Dios.

Más tarde, ya desde el siglo IV, pero sobre todo en el siglo II, esto se acentúa. Los sacerdotes vuelven del exilio con su proyecto y hay una resistencia popular. Es para tener en cuenta: si bien es cierto que la categoría de clase surge con el capitalismo, ya que antes son castas o estamentos, Marx no inventó la lucha de clases. Las disputas sociales existieron siempre. El pueblo resiste y comienza a crear su propia cultura, es decir, sus propios textos.

A partir de la invasión de Alejandro Magno en el año 333 a.c., luego con la dominación de los reyes helenistas y más tarde con la dominación romana, el pueblo se dispersa. Hay un momento de gran impotencia política. Surge entonces una nueva manera de expresar el proyecto, que antes era profético. Es el proyecto apocalíptico. Los apocalipsis surgen en el momento de resistencia popular frente a los poderes. Todos los evangelios tienen textos apocalípticos. El movimiento de Jesús era profético, pero tenía incrustaciones apocalípticas muy importantes.

En la Biblia hay dos grandes textos apocalípticos: uno es el libro de Daniel, y el otro, el que conocemos como el apocalipsis o apocalipsis de Juan.

¿Cómo entender el retorno de lo religioso? Los textos proféticos y los textos monárquicos, pero sobre todo los apocalipsis utilizan mucho el simbolismo, no sólo el simbolismo del pueblo hebreo, sino tanto el simbolismo persa como el de los pueblos de la Mesopotamia.

El apocalipsis de Juan

El apocalipsis de Juan puede dividirse en tres partes, la primera de las cuales contiene una introducción (capítulos 1 al 3) que nos anoticia de algo sumamente importante: hay mensajes a 7 comunidades, es decir, 7 asambleas o 7 iglesias, que van desde la Mesopotamia hacia Roma. Estaban a orillas de las calzadas que había hecho el Imperio Romano para las tropas. Quiere decir que estos textos, que son textos de resistencia frente al poder, se comunicaban de asamblea en asamblea.

En la segunda parte (capítulos 4 al 11) se habla propiamente de un nuevo éxodo, en este caso del imperio, que no es salir materialmente sino salir de la dominación imperial. Ahí es donde aparecen los célebres jinetes del apocalipsis. Cada uno tiene un color y cada color determina algo. Primero está el caballo blanco, que es del cordero que tiene cuernos. Es una simbología muy interesante porque a este cordero le salieron cuernos: ésta es la resistencia, al pueblo le salieron cuernos. Luego vienen los otros caballos: el color fuego, el negro, el verdoso, etc. que significan la guerra, la peste, el hambre, etc. Es decir, mediante todo este simbolismo están denunciando cuáles son las opresiones del imperio romano. El apocalipsis es un análisis y una denuncia de la dominación romana.

La tercera parte (capítulos 12 al 22) comienza con la mujer y el dragón. El simbolismo de la mujer es muy fuerte y fue creado por los profetas. La mujer es el pueblo porque ahí está la fecundidad. Aquí la mujer es la comunidad, la asamblea, el pueblo como iglesia. El dragón persigue a la mujer, que tiene que ir al desierto, exiliarse para liberarse. El combate de la mujer con el dragón se duplica en un combate cósmico: el combate de Miguel, el ángel bueno, en contra de los ángeles malos que se rebelan contra Dios. Es decir, no es solamente un combate terrestre, sino un combate cósmico.

Después de la lucha se establece el Milenio, de mucha importancia. ¿Por qué Hitler estableció que el Reich duraría mil años? El Milenio es, precisamente, un símbolo apocalíptico. En la primera resurrección, el Milenio; luego viene el último juicio y finalmente se hará un cielo nuevo y una tierra nueva, porque se va a romper con todo esto y se construirá algo completamente nuevo, en la nueva Jerusalén, en la nueva sociedad.

Hay varias figuras que retornan continuamente, y que han retornado durante la dictadura militar genocida. La figura de la infiltración: aquí, en el género apocalíptico, la realidad es sólida y tiene algunos poros por los cuales puede ser infiltrada. Por ejemplo, al cristianismo se le infiltra el marxismo. El terrorismo, el terror que se infiltra por todas partes y daña al cuerpo sólido que es infiltrado.

El monstruo, agitado por las arengas militares y episcopales. Tanto los obispos como los militares rivalizaban, utilizaban figuras mitológicas para expresar la subversión en contra del orden y los valores occidentales y cristianos. Hay que crear el monstruo: por ejemplo, es Saddam Hussein, son las armas de destrucción masiva. Las fuerzas del mal, que están muy presentes en documentos episcopales y en arengas militares. Bush nos ha hablado del eje del mal al que hay que destruir.

Y están las figuras del diablo, el demonio, Satanás, Lucifer. El marxismo, que no es una concepción filosófica, económica, política, no es un análisis de la realidad. El marxismo es un monstruo, se trata precisamente de generar un rechazo visceral.

Los símbolos son fundamentales porque llegan profundamente a la afectividad. En el libro La hegemonía de los cruzados se analiza una cantidad de estos símbolos que utilizaban tanto los militares como los obispos para generar este rechazo visceral a este proyecto de sociedad diferente que ocasionó los 30.000 desaparecidos.

El símbolo de las ideas foráneas. Hay ideas que vienen de afuera, como bichos que se meten. Pueden ser las ideas en contra del cristianismo, en contra de la patria. La idea foránea es la invasión del otro. Ese otro, por ejemplo, es el islamismo. Resulta de interés verlo en el Evangelio, cuando Jesús realiza una multiplicación de los panes del lado occidental, judío, del mar de Tiberiades, y después tiene que cruzar el mar para hacer la multiplicación de los panes en la sociedad helenista, porque el mensaje era también para ellos. Pero al cruzar el mar viene la tempestad, que son los monstruos marinos, es el miedo del otro, “el otro me va a destruir, va a destruir la orientación en la que vivo, el otro destruye mi mundo”. Jesús tiene que contenerlos, se les aparece sobre las aguas y creen que es un fantasma. Creen que el proyecto es un fantasma.

El miedo al otro, y en este caso el otro es el Islam, es el marxismo, es el subversivo. El general Nicolaides no se equivocaba cuando decía que el marxismo estaba asolando al mundo cristiano desde 500 años. De hecho, un capellán, Gustín, lo alargó más aún, y habló del antiguo tentador, las antiguas serpientes que ya estaban en el edén, el marxismo proviene de allí. Y tiene razón. No es el análisis de la sociedad, sino que es ese monstruo que toma diversas formas y siempre nos amenaza.

Lo religioso siempre vuelve tanto en los símbolos aliados al eros, otorgadores de sentido a una vida más plena, como en los monstruos aliados de la muerte.

 

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Texto transcripto y revisado por el autor del primer debate del ciclo Debates Contemporáneos- Resistencias del Psicoanálisis-, organizado por PRAGMA Crítica,  director de enseñanza Enrique Acuña. Se realizó el 3 de julio de 2015 en la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires, en la ciudad de La Plata. Participaron Rubén Dri, Sebastián Ferrante y coordinó Adriana Saullo. Extraído de la revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis- Nº 16, Ediciones El Ruiseñor del Plata -Asociación de Psicoanálisis de La Plata, Octubre 2015. Por acuerdo editorial con la revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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