Leer con todo el cuerpo
Profesor Asociado en la carrera de Letras de la Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca. Dirige el Proyecto de Investigación “Territorio y comunidad. Políticas de las prácticas artísticas y literarias contemporáneas”. Dirigió diferentes proyectos de extensión ligados a la gestión de ciclos, festivales de literatura y trabajo editorial.
Es autor de los libros Poesía por otros medios. Poetas mateístas. Revista Vox (Ediuns, 2025) Cómo era Bahía Blanca en el futuro (Ediciones La casa del espía, 2008), “Back to the Future/ Volver al futuro” (Hostos review, 2024). coautor del volumen Payró en Pago Chico (1887-1892) Periodismo, revolución y literatura, y tuvo a su cargo la selección de textos y el estudio preliminar de Ciudades argentinas de Enrique Banchs (17 grises, 2010).
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«Leer con todo el cuerpo» de Omar Chauvié, profesor y escritor bahiense, reflexiona sobre el compromiso y toma de posición de la literatura con su época. El acto estético, la obra de arte, el poema se convierte en denuncia frente a un mundo neoliberal individualista e incomprensible, como él lo describe. Plantea la necesidad de leer en forma integral, tanto la idea a transmitir como los soportes materiales, no tradicionales que la vehiculizan y que habitan los espacios urbanos: murales, graffitis, folletos, etc., tesis que ha desarrollado en su reciente libro Poesía por otros medios.
La respuesta de la literatura a un determinado contexto socio-histórico interroga al psicoanálisis por su relación con la política. En este punto, vale recordar una referencia que trabaja Enrique Acuña sobre el retorno a lo político vía Oscar Masotta en “Valores estéticos/valores éticos” de sus Lecciones de psicoanálisis Freud, Lacan porque dirá que ahí se puede leer bien la posición política del autor con respecto al contexto argentino de la época, donde los campos de concentración quedaron negados por la dictadura militar. Opone allí Masotta, el ideal del yo como estético al imperativo del superyó que dicta el deber-ser para ubicar al psicoanálisis en relación a otra ética, la de un saber hacer con el deseo de cada uno más allá de la masa. Plantea al psicoanálisis como un discurso que cuestiona el valor de los emblemas sociales ya constituidos y debe tomar posición con las ideologías de su época.
Y en esta misma revista, en su octava edición, Christian Gómez se pregunta por lo que puede decirle el psicoanálisis a la política, siguiendo a filósofos como Laclau y Byung Chul Han y psicoanalistas, desde Freud y Lacan a E. Laurent, O. Masotta, J. Alemán y E. Acuña, en torno a cuál es el decir de los psicoanalistas ante los hechos colectivos. Concluye que “para el psicoanálisis no se trata del refugio en las vidas privadas sino de hacerse ciudadano en torno a esas vidas políticas con quienes le toca atravesar la época que le hace un lugar. No hay, entonces, neutralidad posible cuando lo peor del goce aparece disfrazado de consenso social”.
De modo que un psicoanálisis que sigue la orientación lacaniana, está a la altura de la de su época al interpretar el hecho social y subvertir el orden de lo estatuido haciendo emerger un decir nuevo así como la literatura que nos plantea Chauvié resulta capaz de gestos transformadores. Los invito a su lectura.
Daniela Gaviot

Dibujo con punzón y tinta china sobre papel Fabriano. 2024
El escritor bahiense Héctor Libertella recuerda en La arquitectura del fantasma una escena de su iniciación como escritor que es doble, porque refiere al momento en que empezó a escribir ficciones, pero también se trata de un primer ejercicio como editor de libros. Da cuenta brevemente del argumento de dos novelas escritas en su pubertad, para detenerse de manera atenta en su estructura material: “Eran dos libros-objeto que a mí me parecían hermosos: tapas mullidas de cuerina con algodón adentro, marcador de suave terciopelo azul francia (…) Hice una edición industrial de dos ejemplares para cada título”
La acción de leer -y en este caso, la de escribir- está asociada a esa percepción integral donde se implican olores, texturas, colores, no se trata solo de la asimilación visual de la letra, en tanto participa el tacto, imaginamos también el olfato, el conjunto de los sentidos. Esos objetos requieren una lectura física, una aproximación del cuerpo todo.
En esa escena, los textos son leídos también como cosas materiales; entonces, la figura del escritor se combina con la del editor, el diseñador, incluso el tipógrafo y, sobre todo, hay un lugar destacado del público que aprecia ese conjunto. Esta experiencia de lectura integral, que involucra al cuerpo completo, es la que Libertella destaca con ese modo peculiar de aproximación a sus primeros libros. Esta aproximación sensorial es un modelo que muestra cómo nos vinculamos a los distintos portadores de textos que nos rodean; así, la ciudad y en la ciudad también se lee con todo el cuerpo, porque sus objetos nos hablan siempre, aun en tiempos de individualismos tiranos y políticas socioeconómicas restrictivas como el presente. Este modo de lectura va a acentuar una huella sensorial que está aun antes de la palabra y la configura; la ciudad, en su materialidad, nos devuelve constantemente ese registro precedente, esa inscripción mental que se imprime blandamente como los antiguos signos en las tablillas de cera.
Hablan las cosas
Los objetos que portan lenguaje construyen su propio lenguaje, suman códigos al mensaje alfabético que transmiten. Al mismo tiempo, hablan de su época y, en esa acción, la constituyen. La pared, el bastidor o la pantalla en la que se monta un cartel publicitario hablan en conjunción con el aviso que promueven. Del mismo modo, un libro o una revista, desarrollan sus propios códigos en una asociación difícil de escindir con el material que dan a conocer.
La poesía aparece de repente -así, como irrumpe en este párrafo- sin que se anticipe su rol en ese ecosistema del lenguaje material. Con su capacidad de concentración y síntesis puede llevar adelante de modo radical esta búsqueda de nuevos soportes y códigos: siempre está y siempre rastrea lugares nuevos para instalarse. Esos espacios son también un tramo de la lengua con que el poema nos va a hablar. En esa sumatoria nos dice de la época que vivimos y, a su vez, la construye. La circulación de materiales estéticos en espacios públicos es un modo de hacer y hablar de la época.
Pegado a la pared
Salís a la calle, algo te corre la mirada en el acontecer habitual, adherido a los muros te mueve de la frecuencia y las condiciones en que transitás un espacio con destinos fijos y regulares. Ese mensaje que altera tu temporalidad recurre a procedimientos del lenguaje o a fórmulas gráficas tal vez poco frecuentes. Un grupo de graffitis, una publicación en un muro, una intervención en un hito del catastro son materialidades que diversifican el orden urbano y nos piden mirar de nuevo. La calle ayuda y muchas de esas intervenciones pueden ser leídas con la sorpresa de la literatura en medio de nuestras atenuadas percepciones diarias.
Ahora te intercepta una publicación que reviste la pared, una revista mural, se titula Mercvria[1], producida en Chile desde 2019, es un objeto que depende de manera muy marcada de sus posibilidades de ser incorporado al ámbito urbano. Mercvria encontró en ciudades del cono sur americano como Valparaíso, Santiago de Chile, Buenos Aires, alguno de sus lugares de circulación y, en tanto materia textual adherida a la pared, se define en los espacios que transita.
Una publicación de esas características es una aventura singular en distintos momentos de la “modernidad desigual” del cono sur americano: transitan y viven un momento en la calle otras revistas similares como Prisma, de los hermanos Norah y Jorge Luis Borges y los martinfierristas en 1921-22, el n°1 de la revista Actual de Manuel Maples Arce, con el manifiesto en el que emerge el estridentismo, en México, El Quebrantahuesos, de Enrique Lihn , Nicanor Parra y Alejandro Jodorovsky en los años cincuenta chilenos, el único número de La cosa del poeta desaparecido Roberto Santoro, en 1962, las experiencias de los años ochenta y noventa argentinos con Cavernícolas, Megafón, Cuernopanza, Percanta, Lanús unicaluz, entre otras.
En la estela de estas tradiciones disruptivas, y en un presente subsumido en fuertes individualismos que emergen, entre otras circunstancias, de lo que podemos llamar la “vida digital» y del capitalismo de plataformas en los que estamos inmersos, Mercvria es una apuesta con no pocos riesgos que se define en una dimensión de la cultura como un bien material que crea y cree en los significados del espacio público, en su potencia estética y política, en sus zonas de exposición y sus efectos.
Se trata de un medio que ya desde el título nos propone leer en una zona de conexiones múltiples, de vinculaciones varias: puede aludir a una divinidad romana, un metal líquido, un cuerpo celeste de nuestro sistema planetario. Ahora bien, es un nombre reconocible pero que se feminiza, esa mutación cobra otro rango cuando percibimos que remite también a uno de los principales medios de comunicación trasandinos, el diario más conservador de ese país y apoyo fundamental de la dictadura pinochetista; pero además nos lleva a un elemento material, el tipo de pliego que utiliza, cuyas medidas, se conocen en Chile como “mercurio”, la hoja que utilizaron durante mucho tiempo los periódicos de gran tamaño. Esta ubicación en una zona de encuentros de ideas y materialidades es un signo de su forma de producción y una propuesta de abordaje, pide una lectura en acción y de cuerpo presente.
Así recorre la calle, se vale de los recursos del cartel de promoción, tanto en los colores utilizados, en el tamaño de las letras, en la brevedad y contundencia de sus mensajes, pero la carga iconográfica se centra en lo tipográfico, allí se asientan parte de sus recursos. Cuando leemos “ME PREGUNTO SI LA TIPOGRAFÍA SIENTE LO QUE SE ESCRIBE CON SUS LETRAS” (Mercvria n°3) esa materia prima que compone el objeto no es solo el vehículo del contenido, sino que se la indaga como agente de la sensibilidad. Cada medio promueve su propio lenguaje, aquí esos elementos materiales que sostienen la palabra, pueden ser en sí, materia sensible y, a la vez, son un cuerpo en la calle.
El agua se escucha
Cada edición de esta revista propone un tema que nos enfrenta a un escenario de debates y de resistencias, donde se combinan distintos registros y discursos, en un territorio de intersección de disciplinas, la poesía, las artes visuales, la publicidad, el diseño, el lenguaje de las redes.
Es invierno de 2022, la calle exhibe el n° 4 de Mercvria nuestra atención se centra en la zona superior y central del pliego, donde se destaca, simétrico, el vocablo “AWA», de la misma manera en que pronunciábamos de niños. Las dimensiones de la tipografía evidencian una decisión, la fonética por sobre la escritura, aquí, además de leer hay que acercarse a la escucha. En un conjunto determinado por lo letrado, el texto, la tipografía, se elige una forma que remite a lo sonoro, se prefiere el cómo suena al cómo se escribe; esa aproximación a lo acústico resaltado por una lista de términos que muestran la palabra agua en distintas lenguas, todas originarias de América, como tales, con la condición de oralidad como función principal.
Hay otro aspecto definitorio, a través de lo gráfico y lo visual, pero que invita a la participación de los demás sentidos en la textura del pliego, el olor de la impresión y de la tinta y la elección del color celeste, aquel con el que habitualmente representamos los cursos de agua. Es el cuerpo todo el que lee, el que navega en esa superficie, con sus disfrutes, sus tomas de posición, sus compromisos.
El diseño dispone en la parte inferior de la página la presentación de datos concretos que documentan la problemática planteada desde ese término central, que a partir de referencias a las tradiciones originarias se constituye como gran tema ancestral pero también, actual y, sobre todo, local: dentro del conjunto de notas en la zona inferior del pliego aparece la información sobre las cuencas, los acuíferos, las técnicas de reciclaje, y , entre otros ítems, el agua como un tema de la nueva constitución chilena discutida a partir del estallido de 2019. Se citan algunos tramos de la misma y se ponen en diálogo con datos que se vuelven muy complejos frente a los enunciados constitucionales, por caso la propiedad de un bien indispensable como el agua. La particularidad es que ese material, que en el inicio es pura información y argumento, se distribuye vertical al modo del poema:
Chile es el
único país
que consagra
el derecho a
la propiedad
privada del
agua, en el
Código de
Aguas de
El fraccionamiento en versos de un segmento que claramente procede de la prosa deja a la vista y enfatiza la propiedad privada justamente como privación del agua, para cerrar con una fecha elocuente por sí misma (1981), en la simultaneidad de dictaduras latinoamericanas, con sus consecuencias en los procesos de concentración de la riqueza.
Los recursos de la estética hacen la poesía y efectivizan la denuncia. La publicación toma decisiones que tienen que ver con un formato, el cartel publicitario, el afiche político, la cartelería promocional para ponerlo en función de un objetivo crítico, la lectura de un problema contemporáneo, bajo recursos que ligan con el poema, con el arte en general.
La respuesta a los interrogantes de un tiempo está en las ideas, no hay duda, pero también hay un contenido clave en los objetos que las vehiculizan.
Sigamos hoy mirando la calle, sus materialidades, sus estructuras tangibles, allí hay algo que está haciendo nuestra época, algo que probablemente nos responda las preguntas que hacemos constantemente a un mundo que parece volverse cada día menos comprensible.
En tiempos aciagos se hace más necesario contemplar el entorno, percibir sus objetos, el modo en que nos hablan y recibirlos con todos los sentidos, como aquella forma primordial de la lectura que nos propone Libertella, donde el ejercicio se hace de manera integral, con todo el cuerpo en acción. Probablemente ahí se halle vigente un gesto transformador.
Notas:
[1] Se trata de una revista mural, surgida en Chile en tiempos del alzamiento popular de 2019, promovida por la comunicadora Antonia Taulis. Como medio desarrolló campañas, publicaciones y producciones gráficas ocupando principalmente el espacio público, muchas veces con colaboradores como la poeta, cineasta, artista visual Cecilia Vicuña, el DJ Nicolás Jaar, distintos productores culturales emergentes, entre otros.



