Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 15 • Diciembre de 2025 •

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La práctica de la palabra bajo el régimen «psi»

María Fátima Alemán

Responsable de Consecuencias de la clínica y miembro del Consejo de Enseñanzas del Instituto Pragma-APLP. Miembro del Consejo de la Red AAPP. Docente de la Facultad de Psicología (UNLP). Miembro de la EOL y de la AMP. Autora de artículos en libros y revistas de psicoanálisis.

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S/t de la serie El espacio del adentro.
Xilopintura intervenida con óleo, 2022.

Inés Díaz Saubidet, IG: @inesdiazsaubidet

 

Sabemos que el punto de partida de todas las prácticas de la palabra es el abordaje del malestar subjetivo que hoy se expresa en la emergencia desbordada de la angustia, en la expansión de la tristeza o en la euforia de las conductas compulsivas. Estas prácticas que hacen uso de la palabra como instrumento fundamental, responden muy bien a la propuesta freudiana de todo tratamiento anímico: “las palabras son los principales mediadores del influjo que un hombre pretende ejercer sobre los otros; las palabras son buenos medios para provocar alteraciones anímicas en aquel a quien van dirigidas y por eso ya no suena enigmático aseverar que el ensalmo de la palabra puede eliminar fenómenos patológicos, tanto más aquellos que, a su vez, tienen su raíz en estados anímicos” (Freud, 1890).

En 1900 Freud proponía que la diferencia entre la cura médica y la cura milagrosa era solo una cuestión formal, ya que ambas curas hacen uso de la palabra sugestiva del médico o del chaman. Sin embargo, el poder sugestivo de la palabra mostraba sus limites, tal como comprobó el mismo Freud aplicando la hipnosis y la catarsis en el abordaje de la histeria. El agotamiento de la influencia anímica y el desplazamiento de los síntomas, lo llevo a tomar distancia de la sugestión directa en la invención del método analítico, para encontrar en los resortes inconscientes del fenómeno amoroso el resorte de la transferencia.

Hoy en día a las prácticas de la palabra que tienen sustento académico e incumbencia en el ámbito llamado de la “salud mental”, se las nombra como prácticas psi, tomando aquello que Foucault llamaba la “función psi”[1]. Ellas son, a grandes rasgos, las psicoterapias psicológicas, la terapia del psicofármaco avalada por la psiquiatría médica y las variantes del psicoanálisis freudiano. La pregunta que podemos hacernos entonces es si este conjunto de prácticas de la palabra bajo el régimen “psi” es homogéneo o no, y en tal sentido, qué uso de la palabra se hace en cada práctica.

En el año 2008 J. A. Miller hacía referencia a la posible muerte de lo psi: “El «psi» se ha vuelto un personaje familiar. No porque siempre se sepa precisamente lo que distingue al psicoanalista y al psicoterapeuta, el psiquiatra que da medicamentos y el psicólogo que no da. Para la opinión pública el psi es, primeramente, alguien que los escucha”. Luego de proponer los beneficios sociales y subjetivos de la escucha por la palabra, también advertía sobre una diferencia fundamental: “el público no se engaña; sabe muy bien cuando el psi sirve ante todo a los intereses de un amo y cuando está al servicio primeramente de aquel que habla”. En el contexto en el que hablaba, Miller aludía al intento del control estatal sobre las prácticas “psi”, y su reemplazo por los “tecno-psi”, es decir, “aquel que no escucha, cuenta y clasifica, compara. Observa comportamientos, evalúa trastornos, anota los déficits. Autonomía cero: obedece los protocolos, hace lo que se le dice, recoge datos, los entrega a equipos de investigación”.

En el 2025 este nuevo personaje de “tecno-psi” bien podría ser la IA orientada a la salud mental, con el apoyo del algoritmo y su ley de probabilidad como garantía de neutralidad. Sobre esta posibilidad estamos recién en sus inicios, pero lo que si ya es un hecho concreto es cómo impacta la tecnología en las prácticas de la palabra y en el psicoanálisis específicamente. Si el malestar no logra entrar en el equívoco significante, es decir, hacerse malentendido, las posibilidades de lograr una torsión son pocas o casi nulas.

En tal sentido me parece interesante retomar la distinción que hace J. Lacan a partir del grafo del deseo en el Seminario 5, entre la sugestión y la transferencia, para poder deslindar las prácticas “psi” que hacen uso de la palabra únicamente en su vertiente sugestiva y el psicoanálisis lacaniano que se propone el uso de la palabra en la vertiente de la transferencia simbólica. Lacan retoma el planteo freudiano que dice que la transferencia analítica implica un uso controlado de la sugestión en el sentido de su interpretación: “la transferencia es en potencia análisis (interpretación) de la sugestión”. Partiendo de la demanda de análisis y sus variantes –“hay personas en quienes la demanda de curarse es acuciante, hay otros más avisados que saben que esta demanda se pospone al futuro, hay otros que vienen por algo distinto que la demanda de curación, han venido a ver, y hay otros que vienen a convertirse en analistas”- Lacan dice que cualquier respuesta que de el analista será la puerta abierta para experimentar los efectos de sugestión. No responder a la demanda de curación en términos de “abstinencia” como decía Freud, implica hacer un uso muy diferente del poder de la sugestión: “consiste en no ratificar nunca la demanda en cuanto tal”, es decir, no proponer una respuesta que conduzca a la identificación. El uso de la palabra en el psicoanálisis, tomando en cuenta la vertiente de la transferencia en su armazón simbólica (en la articulación significante donde lo que se dice no tiene un significado fijo) implica sostener el campo del deseo, gracias al cual “el sujeto sigue siendo un sujeto dividido” y no un sujeto que adquiere consistencia en la locura yoica. Dice Lacan: “en la línea de la sugestión es donde se produce la identificación en su forma primaria, la identificación con las insignias del Otro en cuanto sujeto de la demanda, el que tiene el poder de satisfacer o no”. En cambio, “si hay transferencia es precisamente para que la línea superior se mantenga en plano distinto del de la sugestión, a saber, que sea considerada no como algo a lo que no responde ninguna satisfacción de la demanda sino como una articulación significante propiamente dicha”.

En este momento de la enseñanza de Lacan (1958) la vía sugestiva era la que denunciaba al psicoanálisis francés de tinte permisivo, esto es, el psicoanálisis psicologizado que apuntaba a la regresión y a concebir a la transferencia como repetición de la necesidad (Lagache). Hoy podríamos poner en la línea de la sugestión a la psicoterapia de las vidas pasadas de Brian Weis, la terapia alternativa de las constelaciones familiares o las TCC, que sin duda apelan a revivir los traumas del pasado o reemplazar los pensamientos irracionales gracias a la identificación con el terapeuta o con el grupo terapéutico. Desde ya el uso de la palabra de estas prácticas “psi” no es el malentendido derivado de la estructura significante (el sujeto se constituye por la cadena significante pero justamente porque nunca dice lo que quiere decir) que postula el psicoanálisis lacaniano. El uso de la palabra en las psicoterapias psicológicas (TCC, Gestalt, sistémicas, narrativas) es puramente instrumental para favorecer el cambio racional o ser el medio de una comunicación relacional. El uso de la palabra para el psicoanálisis no es instrumental ni comunicacional. La palabra es antes que nada sintomática, equívoca, generadora del malentendido. La palabra como lalengua es un medio de goce que resuena en el cuerpo hablante.

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Trabajo presentado en las IX Jornadas Anuales de la Red de Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas-AAPP- Del malestar al malentendido -El psicoanálisis entre las prácticas de la palabra-. Puerto Iguazú, Misiones. 20 y 21 de septiembre de 2025.

Notas:

[1] Esta función concierne al poder disciplinario ejercido por “la función psiquiátrica, psicopatológica, psicosociológica, psicocriminológica, psicoanalítica” sobre “el individuo psicológico” (Foucault, PP, p.110).

Bibliografía:

• Foucault, M.: El poder psiquiátrico. Curso en el Collège de France (1973-1974). México. Fondo de Cultura Económica. 2003.

• Freud, S.: “Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)”. En J. Strachey (Ed.), Obras completas (Vol. 7). Bs. As. Amorrortu Editores. 1890-2006.

• Freud, S.: La interpretación de los sueños. Bs. As. Amorrortu Editores. 1900-2003.

• Lacan, J.: El Seminario, Libro 5: Las formaciones del inconsciente. Bs. As. Paidós. 1958-1999.

• Miller, J.-A.: “La muerte de lo psi”. Virtualia, 17, 1–5. 2008.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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