Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 15 • Diciembre de 2025 •

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El fantasma como dimensión ética
en la clínica lacaniana

Fernando de la Fuente

Psicoanalista. Miembro del Instituto PRAGMA-APLP. Miembro de la Red AAPP (Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas). Responsable del Grupo de Investigación “¿Clínica del fantasma? Construcción y atravesamiento”, en el Instituto PRAGMA.

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Detalle de Poema del Acantilado.
Xilografía maruflada, 2024.
Inés Díaz Saubidet, IG: @inesdiazsaubidet

 

Así como se plantea una dimensión terapéutica en relación con la clínica del síntoma en psicoanálisis, me ha interesado investigar la cuestión ética del fantasma, aspecto bajo el cual se ha presentado en la experiencia analítica desde S. Freud, transformándose en el rasgo diferencial de la clínica lacaniana respecto del “otro psicoanálisis”. Relacionamos a priori la ética con cierto principio que rige y determina una acción, que fija y somete el comportamiento, una forma de repetición.

En julio de 1980 en el encuentro de Caracas, con la presencia de J. Lacan, irrumpe J. A. Miller con un texto que hizo historia, con consecuencias epistémicas, clínicas y políticas en el psicoanálisis de orientación lacaniana: “Cláusulas de clausura de la experiencia analítica. A favor del pase o dialéctica del síntoma y fijeza del fantasma”; luego dicho texto se publicó parcialmente bajo el título “Otro Lacan” en Del síntoma al fantasma. Y retorno, –curso de 1982-, y recientemente en Cómo terminan los análisis, libro editado en 2022, ambos de J. A. Miller, ratificando la vigencia operativa de la noción de fantasma en la clínica, al menos para él, para abordar uno de los “huesos” del final de análisis.

En “Otro Lacan” se plantea que en todo análisis lacaniano se consideran dos dimensiones de goce: síntoma y fantasma; dos dimensiones clínicas: la terapéutica del síntoma y la ética del fantasma. En esos años ochenta J. A. Miller lanzaba su consigna “No hay clínica sin ética”, planteando la diferencia del psicoanálisis lacaniano –clínica terapéutica pero también ética- respecto del otro psicoanálisis, el post freudiano de la IPA que, por no considerar el fantasma, era sólo una terapéutica.

Estas dos formas de “satisfacción paradójica”, (tal como la llamó Freud para diferenciarlas del placer, y que Lacan llamará “goce” -y originalmente “afecto primario”-) se diferencian del placer porque éste es la descarga de una tensión que había generado un displacer, mientras que la satisfacción/goce se obtiene mediante sufrimiento en el síntoma o dolor en el fantasma, y esta conexión -entre el malestar y la satisfacción- es lo paradójico.

¿Qué es el fantasma y qué lo diferencia del síntoma para que sean clínicas distintas, objetos diferentes? Siempre hay que volver a la fuente. Freud va elaborando la relación de la fantasía en la vida adulta como sustitución del juego en la infancia, fenómenos distintos pero profundamente emparentados; se trata de dominar situaciones traumáticas, frustraciones, deseos no cumplidos, mediante la articulación de un montaje significante imaginario en un juego o escena; ubica tempranamente la fantasía como premisa/antecedente de los síntomas, estadios previos de los síntomas neuróticos, nexo causal argumentado ya en “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, (1908), en donde cierta fantasía, objetable y reprimida, trasmuta en síntoma.

Dos observaciones refutaban su neurótica, que afirmaba que toda repetición estaba al servicio del principio del placer: el síndrome post traumático -de guerra-, y la reacción terapéutica negativa –no se querían curar-; lo que se repetía en ellas era opuesto a la obtención de placer, era una repetición en la que se obtenía dolor/sufrimiento.

Escribe “Pegan a un niño, aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales”, (1919); en él da cuenta de unos 7 casos de niñas y niños en los que una fantasía de flagelación es acompañada de una excitación, y que en muchos casos comporta un deseo irrefrenable que lleva a la masturbación. Esta fantasía de flagelación, sádica y consciente, se expresa en una frase neutra e impersonal: “pegan a un niño”. Freud indaga y obtiene una transformación gramatical, menos neutra: “Mi padre pega a un niño…que yo odio. No sé más”, o alguna variación similar, también sádica y consciente. Y aquí Freud dice que, entre estos dos tiempos, entre estas dos expresiones gramaticales, hay un tiempo intermedio que falta, que él construye, una fantasía inconsciente de carácter masoquista y personal; es una elaboración construida que, por tratarse de un proceso primario, no puede interpretarse; no es una formación del inconsciente, y por lo tanto no puede ser descifrado de lo manifiesto a lo latente, ni responde al retorno de lo reprimido; en el fantasma no hay sustitución.

La expresión gramatical de esta fantasía inconsciente, construida, es “soy pegado por mi padre”, (frase que en alemán lleva un gerundio, o sea que “estoy siendo”). Este segundo tiempo encierra la verdadera causa de la conexión entre un dolor, (algo que sucede en el cuerpo, el golpe), y la satisfacción; está pensándolo, en relación con el momento que para él es constitutivo del sujeto, como respuesta a la amenaza de castración en el Complejo de Edipo. Establece así una relación con un otro que es a la vez autoridad, el padre; es una fantasía cuyo nudo condensa el amor al padre, el deseo de ser amado por el padre, el castigo por dicho deseo, la constatación de tener el amor del padre que la paliza expresa, la excitación y la satisfacción paradójica concomitante; es la explicación que plantea Freud. El niño, que era inicialmente “perverso polimorfo” será, a partir de esta fijación fantasmática, “perverso monomorfo”. Esta fantasía inconsciente, personal y masoquista, que fija al ahora sujeto, es trans-clínica ya que se da en distintas estructuras en los casos observados, y no podría usarse para diagnosticar, (aunque con sus matices), a diferencia del síntoma. Freud encontró que esta fantasía de flagelación, “pegan a un niño”, producía placer [1].

Estamos en el giro del ´20 en Freud, cuando escribe “Más allá del principio del placer”, texto metapsicológico en el que intenta dar cuenta de qué es lo que pasa en las dos repeticiones que contrarían al principio del placer. Conserva su planteo pulsional binario, contra el monismo pulsional propuesto por su discípulo Carl Jung, pero replantea su composición. Pasa de pulsiones de conservación y pulsiones sexuales a pulsiones de vida y pulsiones de muerte; plantea la pulsión de muerte como una inercia al nirvana, tendencia a retornar a lo inorgánico, exteriorizándose cuando hay un estímulo que no pudo ser ligado por el aparato psíquico y entonces aparece la compulsión de repetición, que se manifiesta en la repetición de sueños traumáticos. La otra repetición es cuando la pulsión de muerte, a partir de un estímulo traumático, puede ligarse a una fantasía inconsciente, fijación fantasmática inconsciente que transforma el sufrimiento en placer masoquista; esto explicaría la resistencia a la cura mediante una reacción terapéutica negativa, como resistencia a perder esta satisfacción, fijando así otra forma de repetición, expresándose en un relato en el que siempre se es gozado por el Otro.

Le sigue una nueva elaboración con “El yo y el ello”, en la que trabaja la noción de superyó como heredero del Complejo de Edipo, (también una respuesta, como el fantasma, pero frente a la amenaza de castración). O. Masotta en el capítulo “Valores estéticos/valores éticos”, del libro Lecturas de psicoanálisis Freud-Lacan, dice que el superyó es una identificación imaginaria (cómo quiero verme), más una identificación simbólica (cómo quiero que me vean), más una ética, o sea un principio para la acción: “actúa de tal manera que no haya pérdida narcisista”; porque hay que decir que el fantasma es un rechazo a la castración, es una respuesta a la pregunta por el deseo del Otro. J. A. Miller dirá: “El $ no sabe lo que desea; el fantasma es una respuesta sobre lo que él desea, es un papel indicador: Esto es lo que deseas, he aquí como gozar; de este modo el fantasma oculta la división del $ y que no sabe qué desea”.  Lo que va a fijar como su deseo es ser gozado por el otro, (golpeado, rechazado, etc.) ser algo para el otro; aquí se juega un ser de existencia, y no el ser de atributo como el ente de la filosofía; quizá permite pensar los dos niveles del cógito cartesiano, el ser del atributo en el pensamiento, en el enunciado, y la existencia del ser en la enunciación “cada vez que lo digo”, tal como plantea Lacan en el Seminario 11, con relación al cógito cartesiano del que se desprende el “Pienso luego existo”.

Entonces también como respuesta al complejo de Edipo, Freud asocia esta instancia de fijación, el fantasma (que anuda deseo, satisfacción/goce, $ y Otro),  al proceso primario, ligándolo al momento constituido por la represión primaria y el masoquismo primitivo/originario; por lo tanto el fantasma sólo se puede construir, y no interpretar como las formaciones del inconsciente que, procediendo del proceso secundario, tienen una estructura discreta, ligadas a la represión secundaria y al retorno de lo reprimido (síntoma, sueño, lapsus y chiste) .

En “El problema económico del masoquismo” (1924) plantea que el masoquismo primitivo pasa por todas las fases evolutivas de la libido, tomando sus aspectos psíquicos; a saber, fantasías masoquistas de devoración por el padre en la fase oral, el deseo de ser maltratado por el padre en la fase sádico-anal, fantasía de castración en la fase fálica, y más tarde se derivan las situaciones femeninas de ser sujeto pasivo del coito y de parir. La posibilidad futura de ligar una excitación, que permita salir de la compulsión de repetición mortífera a una fantasía/fantasma depende del modo en que se hayan dado estas fantasías en las distintas fases. El “sentimiento inconsciente de culpabilidad”, (que luego sustituye por el de “necesidad de castigo”), ligado a la exigencia moral feroz que el superyó ejerce sobre el yo, solo cede como resistencia a la cura cuando el sujeto contrae un matrimonio desgraciado, o pierde su fortuna, o contrae una peligrosa enfermedad orgánica, con lo cual vemos que lo que importa es poder conservar cierta medida de dolor. Allí dirá que “El imperativo categórico de Kant es, por tanto, el heredero directo del complejo de Edipo”. Esta será la mayor resistencia que enfrenta un análisis. Observamos en el superyó esta doble tendencia, doble temporalidad en la que se satisface la pulsión: prohibición/exceso, renuncia/compulsión, ley/deseo; (es por esta inversión que el fantasma de un exhibicionista es un fantasma voyeurista, etc.). En el fantasma el sujeto siempre pone la otra mejilla.

En un texto tardío, “Construcciones en psicoanálisis”, de 1937, Freud vuelve sobre la construcción en análisis, versus la interpretación; la repetición es asimilada a la transferencia, en la cual se actúa lo que no se puede recordar, simbolizar o significar, ligado al proceso primario, por lo que el analista debe transmitir sus construcciones al modo de un llenado de lagunas; la interpretación queda relegada a las formaciones susceptibles de poder pasar de lo manifiesto al deseo latente.

Lacan en 1958 escribirá la fórmula del fantasma como la unión de lo simbólico y lo imaginario según el esquema llamado L o Z. Figura ese cruce entre a-a’ (eje imaginario) y $-A (eje simbólico), usando el concepto que después llamará amboceptor, mediante el losange o rombo que es reversible pero no recíproco, y que quiere decir “deseo de”.  Es un matema que escribe: $<>a y que implica $ deseo de a, o a deseo de $. Aún será imaginario para Lacan, y en el grafo del deseo lo ubica como respuesta al deseo del Otro.

A la altura del Seminario 7 comienza un giro en Lacan, ya que observa que lo simbólico no satura todo lo que hay de real en el sujeto. Allí trabaja un concepto que aún no será operativo, el das ding, la cosa, un tipo particular de objeto que toma de Heidegger. Es en el Seminario 10, La angustia (que “tiene la misma estructura que el fantasma” nos dice en su primera página), donde transformará el a de la fórmula del fantasma en pequeño objeto a, un objeto “a-sexuado” nos dice, inasimilable por lo simbólico ni por lo imaginario, objeto parcial que sólo se puede captar por sus formas: objeto oral, sádico anal, y los que allí agrega, escópico (la mirada) e invocante (la voz). Este nuevo período de Lacan, posterior a la primacía de lo simbólico, es llamado, no por pocos, “Clínica del fantasma” para diferenciarlo de lo que fue la “clínica del síntoma”. Luego les sucederá “la clínica del sinthome”.

Contemporáneo a este Seminario 10, escribe “Kant con Sade” donde trabaja, a partir del concepto de estas dos éticas opuestas, ley y deseo, en la que cada una es la verdad de la otra; toda ética divide al sujeto entre ley y deseo -Kant o Sade- y la elección de un plano significa la muerte en el otro plano, las dos muertes; si cumplir con la ley me va a impedir el deseo, ¿para qué vivir?  Y viceversa. Allí muestra que el sádico y el masoquista están en la misma posición, el lugar del objeto a, ambos dividen al sujeto y lo hacen angustiar (el análisis exhaustivo de este texto excede al presente comentario). En el Seminario 11 Lacan diferencia la transferencia, efecto de la presencia del analista, (con los ideales y lo bello -incluido el amor- como resistencia, tal como lo elaboró en el Seminario 7), de la repetición que es la presencia inminente del objeto a como telón de fondo de la transferencia, que empuja lo repetitivo, lo pulsional. A diferencia de Freud, para Lacan la transferencia no es la puesta en acto de lo que no se puede recordar cuya construcción llena lagunas, sino la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente. Una consecuencia clínica para Lacan es que la construcción que hace el analista no se le dice al analizante, sino que es una “elaboración de saber” que se despliega en el control; a su vez hay una construcción que hace el analizante; en todo caso, contrariamente a Freud, Lacan opera un vaciado de lagunas.

Lacan plantea la tesis de que la constitución del fantasma conduce el goce hacia el principio placer, lo instituye como principio. En este sentido, Marie-Héléne Brousse, en una conferencia que llamó “Trauma y fantasma”, plantea que la seducción generalizada en la histeria es la constitución de un fantasma que le permite articular un goce -en el cuerpo- con un Otro a través de una estructura significante, el proton pseudo. (Nos orienta respecto de las emergencias subjetivas en relación a no pedir que hablen, sino esperar que lo hagan, pues si aún no ha podido construir un fantasma, frente al pedido de que hablen lo que se reproduce es la vivencia traumática). También en el Seminario 11, cap. XIV, Lacan hablará del fantasma como aparejo del cuerpo en tanto se articula con significantes. Enrique Acuña hablará de “conectores gramaticales”.

Podemos decir que Lacan va más allá de Freud, diferenciando el registro imaginario del fantasma, (fantasías conscientes -con las que alguien se puede incluso masturbar-, los miedos, lo que se llama la selva fantasmática). También está el registro simbólico del fantasma, (una frase susceptible de modificaciones gramaticales, que contiene identificaciones y un deseo inconsciente que angustia). Y el registro real, el “fantasma fundamental” en Lacan, que apunta a la repetición, representado por el matema ($<>a). El fantasma es un axioma, premisa, de todos los síntomas y todas las actividades del sujeto, un punzón; es una sutura, un “No hay sino relación sexual”, por lo cual se lo plantea como una significación absoluta; es un acordeón en tanto determina desde las elecciones de toda índole hasta la ideología; es nuestra forma de ser en el mundo, un sello de estilo, pero que no condensa en una estructura discreta como el síntoma. “No hay sujeto sino del fantasma” dirá Lacan en “Respuesta a estudiantes de filosofía”, en Otros escritos. Incluso podemos decir que se interpreta con el fantasma, -motivo de más para hacer silencio antes de precipitarnos a la sugestión-. El neurótico tiene un fantasma perverso, pero su estructura no es perversa; Sade por ejemplo, es un neurótico cuya literatura da cuenta de que sabe de su fantasma, dice Lacan. En esta perspectiva el paciente se presenta en análisis eventualmente como una víctima inocente, como gozado por el Otro; básicamente dice “lo que me hacen” (pegarme, echarme, rechazarme, etc.), y se le impone como un destino; en el avance del análisis podrá decir “Lo que me hago hacer”, haciéndose responsable de sus actos e implicándose en lo que le pasa; (irá, por ejemplo, de “las mujeres que me tocan…”; a “las mujeres que yo elijo” dirá German García). Como decía E. Acuña, “en el malentendido entre los sexos, en una pareja, cada uno pone su fantasma”.  A lo largo de un análisis podemos encontrar ciertas mutaciones del fantasma ligadas a cambios de posiciones de enunciación que se van produciendo.

Esta dimensión clínica ética implicó consecuencias en la práctica: el deseo del analista como función (generando en el analizante el “¿che vuoi?”, “¿Qué me quieres?”, que Lacan trabaja en relación a la enunciación y al ser de existencia del $ y no al ser del significante o atributivo), y la posición de objeto a como agente (igual que en el sádico o masoquista, pero a diferencia de ellos -que violan el pudor del sujeto o su moral, dividiéndolo- esta operación se producirá en el análisis por vía del deseo del analista, que lo angustia y divide y hace vacilar el fantasma del paciente). En tanto el analista forma parte del inconsciente del analizante, su deseo enigmático no puede ser atrapado por el fantasma, y lo hace vacilar.

Más adelante pasará del deseo del analista al acto analítico, otra expresión del deseo, que encuentra más operativo. Así mismo le permitirá a Lacan pensar un fin de análisis por vía del atravesamiento del fantasma, que implicará la destitución del Otro como saber supuesto y como garante, así como la máxima distancia entre el objeto a y el ideal, y el pasaje del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo en la comunidad analítica.

También anima en Lacan la fundación de una escuela que pudiera nominar analistas en función de un testimonio de ese atravesamiento del fantasma, procedimiento que denominó “la proposición del pase”, planteado en “La proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela”, contemporáneo a su Seminario 14, La lógica del fantasma. A su vez podemos rastrear un cambio en el tipo de interpretación, que estará más ligada, una vez establecida la transferencia, al acto analítico, al corte, (evitando la deriva infinita de la interpretación de la interpretación, porque el inconsciente ya interpreta). El corte está planteado como la sustracción de S2 para que no haga cadena significante, y entonces quede el S1 solo y vaya al significado; esta vía “post interpretativa” se nombra “la vía de la perplejidad” en Entonces Shh, (J.A. Miller), vía que divide al fantasma del sujeto. En este sentido la dirección de la cura queda nombrada en el título del libro de J. A. Miller, Del síntoma al fantasma. Y retorno, en una cinta de moebius, mediando entre síntoma y fantasma, el acto analítico, el corte del analista. El fantasma comienza a construirse allí para el analizante, pero su consumación, su escritura sucede hacia el final del análisis.  “En la ética que se inaugura con el acto psicoanalítico…la lógica comanda…” (El acto psicoanalítico en Otros escritos).

En el Seminario 19  Lacan dice “Ustedes no gozan sino de sus fantasmas, no son gozados sino por su fantasma”.

El fantasma como tal, un más allá del síntoma, da testimonio de esta ausencia de mediación del Otro, y testimonia que no hay relación sexual. Atravesar el fantasma es romper con esa ética mortífera inercial del fantasma, usando la insistencia significante del síntoma, o al menos estar advertido, y quizá volver a elegir; hace falta un análisis para hacer inexistir la relación sexual que el fantasma propone, para relacionarnos verdaderamente con lo hétero. Lacan pensó el atravesamiento primero como encontrarse con un vacío, y después lo planteó como encontrarse con un goce, el goce del analista, el goce del Otro.  Enrique Acuña decía que cuando uno advierte qué y por qué ha elegido a su pareja puede llegar a horrorizarse, ya que el partenaire elegido seguramente debe hacer signo con el fantasma masoquista de cada uno.

Me pregunto, en esta época del mandato a gozar que se expresa en las publicidades en imperativos a consumir -come, bebe, viaja, ama, odia, etc- época en la que la crueldad se naturaliza, ¿qué lugar tiene el fantasma en tanto se imponen sacrificios?  ¿A caso es parte de la religión que lo sostiene?

Después del Seminario 20 de Lacan hay que ver qué queda y qué cambia con la nueva definición de síntoma como acontecimiento del cuerpo, ligándolo al goce, y estableciendo el fantasma ligado al deseo, ambos con la misma fórmula o matema; también habrá una nueva definición de sujeto y de inconsciente, y la proliferación de goces, etc., en lo que puede nombrarse clínica del sinthome, advirtamos que éste está constituido por síntoma y fantasma en la elaboración de Lacan. Allí -Seminario 20- aparece la versión femenina del fantasma, ($<>A), el goce en el amor, eros, contrario al fantasma fetichista masculino ($<>a), (expresados ambos en las fórmulas de la sexuación -sexo más significación-) que hará continuar esta investigación, plagada de arrebatos.

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El presente trabajo es efecto del seminario del Instituto Pragma de 2024, “Arreglos y desarreglos frente al mal vivir”, el seminario de La Red AAPP “Fantasma y se(x)uaciones: texto y contexto” del año 2024, y del Grupo de Investigación, dentro del Instituto Pragma, “¿Clínica del fantasma? Construcciones y atravesamiento”, y otras resonancias.

Notas:

[1] Parte del contexto que inspira este texto en Freud tiene, entre otras, la influencia del caso Sabina Spielrain, y, como investigó Juan Pablo Lucchelli en su libro Anna (Freud) y sus hermanas, el caso Anna Freud que trató Sigmund Freud, el padre; someramente diré que  Lucchelli plantea, entre otras cosas, lo siguiente: la fantasía de flagelación no es producto de una abstracción de Freud, sino la deriva directa del tratamiento analítico de Anna, en el que se puso en juego la contratransferencia de S. Freud. Hay muchas líneas para investigar en este libro muy documentado.

Bibliografía:

• Freud, S.: “El poeta y los sueños diurnos” (1908), en Obras completas, Ed. BIBLIOTECA NUEVA, 1996.

• Freud, S.: “Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” (1908), en Obras completas, Ed. BIBLIOTECA NUEVA, 1996.

Freud, S.: “Pegan a un niño, aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales” (1919); en Obras completas, Ed. BIBLIOTECA NUEVA, 1996.

• Freud, S.: “Más allá del principio del placer” (1920); en Obras completas, Ed. Amorrortu editores, 1976.

• Freud, S.: “El yo y el ello” (1923); en Obras completas, Ed. Amorrortu editores, 1979.

• Freud, S: “El problema económico del masoquismo” (1924); en Obras completas, Ed. BIBLIOTECA NUEVA, 1996.

• Freud, S.: “Construcciones en psicoanálisis” (1937); en Obras completas, Ed. BIBLIOTECA NUEVA, 1996.

• Lacan, J.: El Seminario, libro 6, El deseo y su interpretación, (1958-1959); cap. XX, XXI, XXII y XXIII; Ed. Paidós, 2014.

• Lacan, J.: El Seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis, (1959-1960); cap. II, VI, XVI, XVII y XVIII; Ed. Paidós, 1988.

• Lacan, J.: El Seminario, libro 10, La angustia, (1962-1963); Ed. Paidós, 2013.

• Lacan, J.: El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, (1964); cap. X, XI y XIV; Ed Paidós, 1987.

• Lacan, J.: El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma, (1966-1967); cap. XVIII, XIX, XX y XXI. Ed. Paidós, 2023.

. Lacan, J.: El Seminario, libro 19, …O peor, (1971-1972). Ed. Paidós, 2012.

• Lacan, J.: “Kant con Sade”, (1963), en Escritos 2, Ed. Siglo veintiuno, 1975.

• Lacan, J.: “Respuesta a estudiantes de filosofía” (1966); “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela”; “Acto de Fundación” (1971); “La lógica del fantasma” -reseña- (1966-1967); “Acto psicoanalítico” (1969); en Otros escritos, Ed. Paidós, 2012.

• Miller, J. A.: Del síntoma al fantasma. Y retorno (1982-1983); Ed. Paidós, 2018.

• Miller, J. A.: El partenaire-síntoma, Cap. XII, “Teoría de las Parejas”. Ed. Paidós, 2016.

• Miller, J A.: Cómo terminan los análisis; cap. I; Ed. Grama, 2022.

• Miller, J. A.: Marginalia de Milán (1995); Construcciones en análisis; en revista Uno por uno N° 41, 1995.

• Masotta, O.: Lecturas de psicoanálisis Freud, Lacan. Cap. 18 «Valores estéticos/valores éticos». Ed. Paidós, 2012.

• Acuña, E.: “Hecho para gozar. El cuerpo escrito de Anaïs Nin”, en Resonancia y silencio -psicoanálisis y otras poéticas, Ed. Edulp, 2009.

• Lucchelli, J. P.: Anna (Freud) y sus hermanas, Ed. Gramma, 2025.

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