Del malestar (social) al malentendido (humano)
Psiquiatra y Psicoterapeuta Psicoanalítico. Miembro de Arandú Psicoanalítico de Asunción, Paraguay. Miembro de la Red AAPP
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Presentación
Charles Rodas muestra en este artículo, versión revisada de su ponencia en las IX Jornadas Anuales de la Red de Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas-AAPP-, no solo claridad a la hora de exponer los rasgos contemporáneos de lo que Freud llamó malestar en la cultura; el punto de crisis es la situación que el campo de la salud mental atraviesa en Paraguay, donde eficiencia y evaluación son los términos a partir de los cuales sólo son admitidas aquellas disciplinas que prometen unas cuantificación, sin resto, de los procesos mentales. Exclusión -que hay que entender, creemos, como una regulación del mercado a la que hay que estar siempre atentos- de aquellas disciplinas centradas en el lenguaje como logos, la pregunta que nos hacemos es por los modos de retorno de eso excluido.
Es allí donde la enseñanza de Jacques Lacan se vuelve decisiva al postular que el lenguaje como malentendido funda lo humano como malestar, huella traumática que muerde como cizalla (la expresión es de Enrique Acuña citando a Lacan). Cualquier retorno, anhelo o sueño de eficacia institucional
-familia, nación, comunidad- falla respecto de este real. Contemplar esa falla, partir de ese irreductible o, en términos de Oscar Masotta, resguardar esa falta es lo que funda el discurso analítico, hace posible su práctica y permite constatar su eficacia. Este discurso, acaso como cualquier otro, consta de conceptos que tienen una historia, se transforman, valen en su interior y también se exportan a otras disciplinas. Hacerse de ellos, exponerlos con precisión e incidir a partir de ellos en los debates actuales excluye su banalización. Al contrario, incluye desandarlos en su complejidad.
¿Cuáles son las condiciones -siempre particulares- para su transmisión, su enseñanza y su práctica? Retomando un subtítulo de Germán García, se trata de situar los obstáculos, pero también las perspectivas.
El lector sabrá ubicar a ambos en este texto.
Christian Gómez

Detalle de Manuscritos Apócrifos II de la serie Grito Crudo.
Dibujo con punzón y tinta china sobre papel Fabriano. 2024.
Inés Díaz Saubidet, IG: @inesdiazsaubidet
“Las palabras transforman el alma, el espíritu nos transforma
si sabemos escucharlas, la acción corporal gesta una posibilidad
de modificación de las condiciones de existencia”
Introducción:
La disputa en relación al texto bíblico si en el principio estaba la palabra o la acción, es estéril, dado que la palabra es una forma de acción y las palabras de acción son verbos. La palabra sin la acción que pone en marcha su contenido son un proyecto trunco, una simple expresión de deseos.
Freud antes de la existencia de la lingüística Saussuriana trabaja con la biblioteca de palabras del relato del sufriente y no lo hace solo con la concepción del lenguaje como instrumento sino los transforma en objeto o sustancia sobre la cual o en la cual se desarrollan los procesos por el llamado inconsciente.
El lenguaje no es solo un sistema de signos más, sino es el más complejo y el más completo, pero no el único, aunque sea el que más orienta y extravía al mismo tiempo. Sigamos al maestro vienés quien inicia una reflexión interdisciplinar sobre el malestar en la cultura que nos dice claramente las fuentes del malestar y cómo combatirlas. La primera: la fuerza de la naturaleza, la segunda: la naturaleza biológica que nos da fecha de caducidad como cualquier mercancía del mundo capitalista y la tercera- la que más apunta a las antes llamadas ciencias del hombre o sociales: la incapacidad de normar nuestras relaciones sociales.
El pesimismo del maestro vienés era producto también de la crisis de su época, no solo de la sociedad victoriana de la revolución industrial que impone un tipo de cultura relacionada a la producción de la plusvalía a costa de la represión de los instintos, sino también a la crisis social relacionada al debilitamiento del sistema de contención representada por las religiones y los valores y al realce del poder bruto de la violencia bélica sostenido por una maquinaria infernal de propaganda política que infundía una visión única en el todo social.
Si hablamos de malestar hablamos de sufrimiento, de conflicto y hasta de destrucción y desde el nivel individual o personal ello es primero vivenciado y luego expresado. En la evolutiva humana, mala palabra para un tipo de psicoanálisis, primero sentimos, hacemos y más tarde expresamos verbalmente, creo que algo de eso olvidamos cuando sobrevaloramos tanto el lenguaje. En la evolución filogenética es la acción del hombre sobre el medio exterior la que transforma su cuerpo y su sistema neuronal y es en esa interrelación estructurante que se van dando los cambios que después son estructuras materiales y de pensamiento desde lo que llamamos hombre.
La lengua es un instrumento comunicativo, es un medio de comunicación y también es un instrumento de poder no sólo individual sino colectivo o del común pero particularmente del poder económico político. Nosotros podemos llevar al interlocutor hacia un punto que satisface nuestros deseos e intereses y también podemos ser llevados por el colectivo, por los medios de comunicación y particularmente por la propaganda sin nuestro consentimiento o con una sumisión placentera.
¿Existe acaso una tajante línea de separación entre la tendencia al otro humano movido por la pulsión/deseo o la tendencia a la uniformización, cohesión, sumisión movido por un super agente anónimo como poder omnímodo desde afuera del sujeto (ideología totalitaria)? Yo creo que no. ¿No está el deseo humano movido por las mercancías que halagan su yo ideal, el gran obstáculo para la construcción de ideales, de ficciones que, aunque ilusorias nos movilizan?, ¿no está acaso la pulsión de dominio freudiana liberada por la vigencia de la anomia de Durkheim? Yo creo que sí. Eso que creemos lo más nuestro, el deseo, no está colonizado hace tiempo por el mercado y mientras ellos se aprovechan de nuestros estandartes o sea de nuestra insignias o distintivos nosotros lo escondemos para el uso de una casta de iniciados.
El tema central
No me quiero desviar del objetivo del trabajo: del malestar al malentendido, la palabra estar para la fenomenología implica estar en el mundo, experienciar, ser sensible, vivenciar, experiencia afectiva, pre reflexiva que realza eso que en el psicoanálisis actual va mermando, ser sensible, vivenciar, expresarse por varios lenguajes. La complejidad de la experiencia vivida supera a la expresividad verbal y es muy probable que cuanto más silenciamos este aspecto de nuestra vida, más nos normalicemos, nos uniformamos, nos borremos y desaparezcamos.
La enunciación es una elaboración compleja, en parte el sujeto habla y en parte es hablado y lo es más en sus silencios o quiebres, o sea, dice más cuando calla o se equivoca. Ahora lo que decimos es elaboración propia o lo tomamos de la lengua circulante, creo que de ambos. Hagamos una revisión simple, si en la familia hay cada vez menos tiempo para compartir cariño, cuidados y sueños, si cada uno padece o construye lo propio sin articular con los otros, si la escuela enseña a acumular información no a reflexionar con un interlocutor, entonces no podremos construir lo propio sino sólo reproduciremos lo inducido desde un escenario mayor.
Por consiguiente así como en la construcción del sujeto según el maestro vienés primero construimos el yo por múltiples identificaciones y según el maestro francés reconocemos que nuestro yo está alienado al deseo del otro, así también somos construidos por un inconsciente ideológico colectivo no en el sentido totalmente junguiano, si en parte, por un lenguaje de símbolos cada vez más audiovisuales que desplazan la diversidad del desplazamiento significante por la condensación de sentido en los símbolos. Quizás la ejemplificación más clara sea la de la palabra logos que desde la triple significación que le da el presocrático Heráclito de pensamiento, lenguaje y ley, de una multiplicidad de significados, se transforma en logo (un emblema cosa que es representación simbólica de otra cosa, símbolo gráfico que representa marca, empresa o producto).
La expresión clara de esto se da desde la segunda guerra mundial donde la propaganda de la maquinaria política se impone en el sentido anteriormente mencionado, la primacía de la base del poder ya no se sustentaba sólo sobre la economía y se requería cada vez más la llamada por Marx, superestructura ideológica. Acá Freud aporta el trabajo de “Psicología de las masas y análisis del yo”, donde el maestro vienés nos enseña el mecanismo de disolución moral y posición de rebaño irracional en la identificación con el líder y en el supuesto beneficio del mismo. Georg Lukács lo complejiza con sus conceptos de conciencia social (qué posición social ocupa, cuáles son sus intereses, cómo se organiza etc.), la reificación/alienación, cosificación que es la transformación de las relaciones humanas en cosas.
Hay un deseo institucional de mantener a la palabra cautiva desde la disciplina instituida o desde el estado y no hay ninguna identidad de la enseñanza universitaria con la llamada salud mental, porque esta no sabe qué es la salud mental ni le interesa. Sí hay, por otro lado, un proyecto hegemónico de borrar las disciplinas que se centran en el logos y en particular el psicoanálisis, no sólo por complejas, poco entendibles sino principalmente porque muestran el malestar, sufrimiento, trastorno o enfermedad del hombre gestado desde la estructura sociocultural que lo envuelve y por lo tanto comprometen a las estructuras sociales en la salud o enfermedad del hombre.
La prioridad del malestar sobre el malentendido
Si seguimos el planteamiento freudiano, el tema nos lleva al tercer punto planteado por Freud que es la incapacidad de normar las relaciones sociales. En la condición central del malentendido parte del malestar está en la estructura de la lengua, en la constitución del sujeto y en el uso que este hace de ella lo que se suma al malestar de vivir en la renuncia del placer en favor de la norma en la época freudiana, a su alienación, desarraigo, pérdida de identidad y reemplazo de la prohibición por el goce en la posmodernidad. En ese sentido la afirmación freudiana se hace más patente a través del tiempo por la suma de las renuncias del hombre por la imposición sociocultural y en el mismo sentido el retorno de ésta en forma de violencia hacia afuera y hacia adentro.
El malentendido mayor no es sólo generado por la lengua sino principalmente por el discurso promovido desde el poder socioeconómico. El primero que lo usó fue el poder político hitleriano previo a la segunda guerra mundial y luego lo mejoraron las dictaduras de derecha o de izquierda. Luego vino el marketing comercial elaborado por los hombres que recurrían fundamentalmente a las emociones y a la movilización, a la acción y por último las máquinas y así se pasará de la fidelidad emocional a la algorítmica por la delegación de las funciones de compra a los IA o sus asistentes. Con las IA ya no habrá malentendidos sino acción directa por decisión inmediata.
El gran filósofo alemán E. Kant, quien admiraba al suizo J.J. Rousseau, reconoce que este le hace comprender que su sabiduría no llegaría nunca al común sino transmitiendo lo complejo en lenguaje comprensible. Que no se trata sólo de hablar con palabra plena sino también adecuarse al nivel de comprensión del otro humano, eso alude a la responsabilidad del intelectual de sacar las vendas y abandonar las visiones sectarias, a ser claro y veraz incluso si tiene que cuestionar su propio credo. También impide el entendimiento hablar un lenguaje de iniciados o pervertir el lenguaje con el fin explícito de controlar voluntades como lo hacen los medios masivos de comunicación usando los mismos mecanismos que el individuo/sujeto; la negación, la reinterpretación y la interpelación. Braudillard nos dice que el hombre contemporáneo está fragmentado y desorientado por mensajes que construyen simulacros de realidad.
Los grandes problemas contemporáneos son la pobreza, la marginalidad, la violencia, la condición de migrantes, de desarraigados, la ignorancia, la indiferencia y la inacción y ella es consecuencia del desplazamiento de la fuerza del común a favor del individuo que no es fruto de un contrato social sino de una imposición excluyente que cuando no mata los vuelve basura. La palabra se volvió vacía y el contrato no existe, es difícil tener palabra propia sin haber leído y vivido de la diversidad, es difícil también cuando hay información vasta contradictoria y no existe lectura conceptual y reflexiva.
Así, al malestar de la carencia material del trabajo, del alimento, de la educación se suma el malestar generado por un discurso contradictorio y generador de confusión. Estamos en el mundo o estamos encerrados en nuestro bunker que no alude sólo al espacio de cura, sino a la distancia y el aislamiento del mundo exterior que me recuerda la figura precisa del bunker. Si el hombre está solo, si se fragmentan sus asociaciones, si el otro no es visto como un ser solidario, sino como competidor o enemigo, será que la posición del analista debe ser la del oráculo que no tiene posición dialogante, no interlocución, sino sermón interpretativo. Esta técnica que fue útil ante un sujeto contenido por una estructura represiva ya no es, creo yo, operativa ante la no integración, deconstrucción de un hombre sin raíces familiares, sin raíces culturales, con crisis de identidad y desprovisto de autodeterminación, así como librado a sus impulsos instintivos y cada vez con control más débil. Pareciera que la realidad social nos induce a redescubrir la función materna, esa que contiene en su interior el camino a la emancipación y a la autonomía relativa.
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Texto (abreviado) presentado en las IX Jornadas Anuales de la Red AAPP, tituladas “Del malestar al malentendido -El psicoanálisis entre las prácticas de la palabra”- realizadas en la ciudad de Iguazú el 19 y 20 de septiembre del 2025.



