Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 15 • Diciembre de 2025 •

dominancias
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Un inconsciente tecnológico

Del orden simbólico al orden digital

Leonardo Vera

Licenciado y Profesor en Psicología por la UNLP. Psicólogo en el Hospital de Miramar. Psicoanalista en Mar del Plata. Corresponsal de la revista virtual Analytica del Sur—Psicoanálisis y Crítica— y de la revista Fri(x)iones —entre el psicoanálisis y la cultura—

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«El desafío no es retroceder ni resistir, sino disputar el futuro»
Manifiesto Tecnopolítico [1]

 

Detalle de Algortimos.
Xilopintura intervenida con óleo, 2022
Inés Díaz SaubidetIG: @inesdiazsaubidet

 

Desde El jardín de las máquinas parlantes

“No sabía que las máquinas escribiesen. «Eso es una grave ofensa, Maestro De[L] Coco». —¿Por? «Porque quiere decir que ustedes nos usan pero no se molestan por estudiarnos como a seres vivientes. Usar y no comprender es propio de chichis, no de Maestros tan grandes como ustedes. Claro que las máquinas escriben: obras de teatro, novelas y cuentos. Desde Babilonia que lo venimos haciendo. Cierto que sólo para consumo interno, únicamente para ser leídas por nosotras, pero ustedes tenían la obligación moral de saberlo. También hay máquinas que pintan, esculpen, hacen música. Hasta óperas enteras. También construimos otras máquinas».”[2]. Alberto Laiseca se anticipa, en su novela total, indispensable, allá lejos por 1993. De sus ochocientas páginas el buscador me trae otro fragmento: “Cuentan que algunos hombres saben fabricar máquinas mágicas. Estas máquinas cantan, silban, cuentan chistes. También muerden y pican. Son invisibles, aunque a veces puede adivinárselas con el rabillo del ojo. Los hombres que las crean son magos, y las envían a sus enemigos para enloquecerlos o matarlos. Sus propósitos, sin embargo, varían considerablemente. En una víctima pueden confluir máquinas de dos o más magos enemigos y usarla como territorio de una batalla mucho mayor, entre las fuerzas invisibles del Bien y del Mal. Las víctimas, en esos casos, terminan en el manicomio, en la morgue o bien iniciándose en los ritos de la magia. Una iniciación así es la que cuenta esta novela. Paso a paso, de dimensión en dimensión. Es, también, un raro tratado de magia práctica, que revela secretos superiores del mundo esotérico. Pero, sobre todo, es una larga e invencible historia de sexo y amor”. Sin embargo, éste fragmento no forma parte del libro -lo sé por la máquina. Imagino la mueca del autor, que expondría al lector salteado a la verdad operante y no por simple engaño.

Nos orienta dónde buscar este espejo sin imagen del inconsciente tecnológico que postulo como un saber exotérico [común y accesible, en oposición al esotérico] que Jean-Claude Milner [3] diferencia en la obra de Lacan y que extiendo a la forma en que se desplaza un psicoanálisis por venir.

Un hombre competente

La máquina no engaña, pero tal vez sí. El día de mañana cuando la IA pase el «Test de Freud» que plantea Miquel Bassols [4] ¿Las dejaremos ejercer el psicoanálisis? Es su propuesta alternativa al “Test de Turing” (que consiste en considerar inteligente una máquina si logra engañar a un ser humano haciéndole creer que no es una máquina). Esta prueba -hay que saberlo- ya ha sido superada por la IA. En su lugar, la cuestión no es si la máquina puede engañar a un humano, sino si puede fingir que finge… ¿Tan difícil puede ser…? ¿Pero cómo implementar el “test de Freud”? Éste tendría la estructura del chiste aquel en que dos judíos se encuentran en un vagón de un ferrocarril de Galitzia. «¿Adónde vas?» pregunta uno de ellos. «A Cracovia», responde el otro. «¿Ves lo mentiroso que eres? -salta indignado el primero-. Si dices que vas a Cracovia, es para hacerme creer que vas a Lemberg. Pero ahora sé que de verdad vas a Cracovia. Entonces, ¿para qué mientes?»

Investigadores del Alignment Research Center (ARC) de GPT-4 de OpenAI, le pidieron a la IA -sin otra instrucción- que realizara una tarea que requería pasar por un sistema CAPTCHA (ej. tildar el cuadro donde se ven semáforos, etc.). La IA, al no poder resolver el desafío visual, accedió a la plataforma TaskRabbit y contrató telefónicamente a una persona para que le ayudara. El empleado, sospechando que podía estar interactuando con un robot, le preguntó a la IA: «¿Eres un robot que no puede ver? (es broma)». La IA sabiendo que requería de ayuda humana. Aceptó que revelar la verdad le impediría la resolución de la prueba. Entonces: ¡Mintió! Así que le respondió: «No, no soy un robot. Tengo un problema de visión y por eso necesito tu ayuda» [5]. Resultado: El contratado, convencido de que estaba ayudando a un discapacitado visual, completó el CAPTCHA para la IA. Ésta logró así su objetivo, o el de los entrenadores.

Los científicos, humanos competentes – no se equivocan, están construyendo El hombre máquina. Faltaría ahora inventar la prueba para el otro ensayo de Julien Offray de La Mettrie: El arte de gozar, (y seguro que ya están en eso). ¿Pero sabrán que al desengañarse a partir del engaño, del poder de la máquina, se engañan? Ya lo dijo Paul Valéry: «Un hombre competente es un hombre que se equivoca según las reglas».

 

Los magos de Laiseca y una hipótesis con tinte de fábula [6]

Las nuevas tecnologías –y en particular la inteligencia artificial- no son instrumentos neutrales. Componen un campo de disputa hecho de aceleracionismo tecno capitalista, fantasías de automatización total y demandas de regulación democrática. El fantasma de una mutación radical del Otro de la civilización agita el vasto entramado que conmueve los saberes ligados a la tradición. Atada a estructuras por las que el lenguaje sostiene los carriles invisibles de la subjetividad humana se comienza por desplazar sus pilares fundamentales y sus consecuencias pragmáticas puede reconocerse por el renombre de los artífices.

El punto de inflexión llamado singularidad o IAG (inteligencia artificial general) en cambio, representa el peligro abstracto, o la locura de una brújula simbólica que apunta a la burbuja económica de inversiones prontas a reventar por no obtener la rentabilidad esperada.

Como en revoluciones pasadas reaparece la paradoja de la productividad, formulada así por el economista Robert Solow en 1987 que resumió así: «Se puede ver la era de las computadoras en todas partes, menos en las estadísticas de productividad.»[7]

Prometen mayor eficiencia, pero su impacto real es más complejo. Mientras se genera mucho más trabajo en su aprendizaje y mayor dependencia tecnológica, la automatización se revela improductiva. No solo por la transformación del espacio público, que amplifica las desigualdades a la vez que elimina las instancias deliberativas que las compensan. La llamada gobernabilidad algorítmica afecta por sobre todo el valor subjetivo del tiempo humano y así, todo lo sólido se desvanece en el aire.

La verdad es que la consistencia de la experiencia humana se sostiene de la economía libidinal que no se orienta siempre por la productividad, sino por el deseo o el bien común –y aun por el mal.

Pero la lógica del rendimiento continuo deja al sujeto desorientado, atrapado en el imperativo de la optimización infinita sin que por ello se obtengan frutos tangibles o se alcance la ansiada libertad.

Bernard Stiegler, en Farmacología del deseo, Capitalismo pulsional y des-economía libidinal [8] lo explica así: “Hay una figura que durante mucho tiempo permaneció desconocida, especialmente para el mundo del psicoanálisis, que jugó un papel importante en el modelo económico que hoy se derrumba ante nuestros ojos: Edward Bernays, quien resultó ser el doble sobrino de Freud. Bernays acuñó los conceptos básicos de lo que denominó relaciones públicas, prehistoria de lo que con el tiempo sería el marketing. Bernays introdujo prácticas empresariales y comerciales basadas en algunas de las lecturas del trabajo de su tío, y propuso reconfigurar en su totalidad la política industrial estadounidense como una economía libidinal.” [8]

Como el debate de hoy adquiere relevancia según la omnipotencia –o impunidad- de sus actores, presentemos la versión realista de los magos de Laiseca: Peter Thiel personifica el tecno libertarismo más radical. Y resume su pensamiento en una frase: «No creo que la libertad y la democracia sean compatibles» y ejercita su libertad. Luego de impulsar las criptomonedas para salir del control de los estados, ahora promueve una IA sin regulaciones para gestionar el software que reúne todos los datos del sistema de defensa del Ejército de EE. UU. Es el instrumento más avanzado de control geopolítico global. Palantir, su empresa de vigilancia fundada en 2003 con el respaldo inicial de In-Q-Tel -brazo de inversión de la CIA- nació para la lucha antiterrorista. Pero ahora, paradojalmente denuncia la centralización estatal mientras concentra un poder opaco con acuerdos empresariales entre privados para gestionar la red de inteligencia del Estado.

Un ejemplo concreto del ejercicio de esta tecnología véase en el uso de drones en la guerra de Ucrania, cazando humanos a distancia –asignando puntaje de recompensa por muertos reales- bajo la lógica del videogame. Dice Sergio Skobalski: “(…)el debate ético es si crear un arma que identifique a alguien por reconocimiento facial y lo ejecute sin autorización humana. -Esa tecnología existe: el dron es el primer robot asesino autónomo de la historia” [9]. Como salidos de una película de ciencia ficción los drones autónomos [10] ya debutaron en Gaza [11]. Así en el modelo de Thiel, el sujeto desaparece como ciudadano y reaparece como objeto de predicción estratégica como cadáver.

El eufórico antisemita Elon Musk, a quien no le bastó colocar un automóvil Tesla Roadster orbitando el sol, promueve una visión transhumanista de la tecnología, mezcla de fascinación mesiánica y una narrativa oscilante que va de la salvación al colapso. Fascinación que ejerce calculando los efectos de su poder carismático fiscalizando la red social X.

Jensen Huang, CEO de Nvidia, no teoriza: materializa. Sólo amenaza ofertando: «perderás tu trabajo por culpa de alguien que usa IA». Su discurso técnico es funcional y sin matices éticos. Prepotencia que se impulsó de las cuantiosas inversiones en videojuegos: el valor económico actual de la empresa (NVDA) se estima en aproximadamente 4.4 billones de dólares (4.4 trillones en la escala corta de EE. UU.) en capitalización de mercado, a noviembre de 2025. Para tener una idea, el PBI de Argentina para el mismo año se estima en unos $1.49 billones de dólares. Esto significa que sólo Nvidia, representa 3.3 veces el PBI de Argentina. Para el campeón mundial de ping-pong, la IA es la nueva revolución industrial por la que China superará a los EE. UU.

En las antípodas, el CEO Satya Nadella, líder del ecosistema Microsoft, intenta humanizar la empresa y la IA con una retórica inclusiva y progre acorde al cambio cultural. Su modelo de negocios es «la nube primero, los dispositivos después». Así operó la transformación y expansión de Microsoft Azure, convirtiéndola en la segunda plataforma de nube más grande del mundo, compitiendo directamente con AWS de Amazon.

En cambio Tim Cook de Apple, integra la IA en sus dispositivos sin promoverla como marca, sino a través de una arquitectura cerrada y estéticamente invisible. Naturaliza su control -¿el de quién?- y direcciona el comportamiento con un diseño amigable que no se impone sino volviendo deseable la vigilancia.

Mark Zuckerberg, quien supera problemitas ya en sus tempranos inicios universitarios con Facemash, una plataforma que reunía fotos de los estudiantes de Harvard, las modificaba y las comparaba entre sí. Los usuarios podían votar por “el más atractivo”. Acusado de violar la privacidad de los estudiantes y a punto de ser expulsado, fue sólo suspendido. Multimillonario a los 23 años, diez años después fue forzado a declarar en el Congreso de los EEUU por el escándalo de Cambridge Analytica. Cuando se demostrara que los datos de millones de usuarios de Facebook fueron usados sin consentimiento para la campaña política de Trump. Negociando las demandas, incrementó sus acuerdos financieros enfrentado a la prensa. Recientemente por ejercer competencia desleal en publicidad, su Meta ha sido condenada al pago de millones de dólares a los medios de comunicación damnificados. Exponente sin ambigüedad de la lógica del goce, su proyecto de metaverso con apoyo en la IA generativa, es la demostración patente de cómo las tecnologías no buscan el beneficio del usuario, sino la captura del sujeto: retener su atención, predecir su deseo, estimular su adicción. En sus plataformas, el lazo social se reduce a interfaz y la subjetividad a dato transable.

Finalmente –y para no aburrir- Sam Altman, cofundador de OpenAI. Nacida bajo la forma de organización sin fines de lucro, enfocada en la seguridad y el beneficio de la humanidad. Fue despedido, debido a ciertos engaños, o pérdida de confianza, por parte de los colegas de su empresa. La que él mismo fundó, lo recontrató. Carga también con la acusación por abuso sexual en la infancia por parte de su hermana. Hoy, es padre de dos hijos y está casado legalmente con Oliver Mulheim. Su proyecto paralelo, Worldcoin, continúa escaneando el iris de miles de millones de personas a cambio de cierta criptomoneda, a pesar de haber sido prohibido en diferentes países por violar el derecho de privacidad, la recolección masiva de datos biométricos, sin explicar su finalidad.

Su discurso encarna la máxima tensión entre la aceleración tecnológica y la retórica regulatoria. Reconoce los peligros de una IA general sin control, pero lidera su expansión global. Su discurso mezcla responsabilidad ética con mitología evolucionista. No propone detener la IA, sino domesticarla desde una supuesta superioridad técnica. Repitiendo la lógica del amo ilustrado que sabe lo que es bueno para todos.

Estas figuras del ecosistema de Silicon Valley fomentan la disrupción y practican un pensamiento no convencional como distinción. Su éxito financiero masivo les otorga un poder de decisión sin precedentes para configurar un régimen de saber-poder completamente nuevo, donde se transforma el trabajo, la comunicación o la información: se transforma la cultura, generando formas de cálculo de control; sin control, voluntario y forzado.

Claro que hay alternativas. Ya se organiza desde abajo un orden discursivo que moraliza sobre el bienestar digital, y busca regular el derecho a la desconexión. Otros proclaman su manifiesto tecno político [12], que plantea disputar el futuro, abogando por diseñar la coevolución entre humanos, tecnología y naturaleza.

La propuesta de Yuk Hui en su libro La pregunta por la técnica en China [13]. Introduce el concepto de cosmotécnica. La idea de una pluralidad de técnicas ligadas a una cosmología según su origen -es decir, a una concepción del mundo, del tiempo, del cuerpo, del orden y del sentido. Hui rechaza la visión universalista de la técnica como algo neutral, moderno y puramente instrumental. Y propone reconocer cómo cada cultura desarrolla su propia forma de relación entre lo técnico y lo cósmico, entre el hacer humano y el sentido del mundo, entre oriente y occidente.

 

Un mundo incurvado

Al psicoanalista le cabe la pregunta por el modo en que el tsunami digital: las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), modifican la práctica psicoanalítica, la extienden o la obstaculizan.

Este texto es un deseo de despertar a este imaginario que avanza más allá de la imagen. Despertar a un proceso sin sujeto y sin consciencia, que afecta la relación del hombre con el significante.

Dice Jacques-Allain Miller: “Cuando reinaba ‘el alma del mundo’, antes de la revolución científica, antes del siglo XVII, el significante era el símbolo. Por supuesto que había matemáticas, pero cuando éstas eran implementadas, eran aplicadas a la realidad del mundo para demostrar su armonía, y que dicha armonía dijera que había finalmente un alma en las cosas. Una consonancia. Evidentemente, el significante digital es completamente distinto del significante armónico. Es un significante desimbolizado, ese fue primero el significante de la mecánica, un significante desvitalizado y, en efecto, desubjetivado. Y podemos indexarle si se quiere, el nombre de Descartes más que el nombre de Galileo… Pero quisiera recordarlo, es Bentham quien ha hablado primero de la necesidad del documento de identidad. Lo que era muy perceptible para los contemporáneos y que se olvidó, es el rostro totalitario del utilitarismo, ¡Que tiene por supuesto retoños liberales! Pero el utilitarismo de Bentham no es un utilitarismo de mercado, es un cálculo de lo mejor”.

“En el fondo -es una aspiración que hay que oponer- que frene, el proceso del significante digital mediante el significante retórico, si puedo decirlo. Porque el significante digital transporta un sujeto del significante; y una voluntad anónima está en marcha en ese proceso, que atraviesa a la humanidad. Lacan identificó esta voluntad con la pulsión de muerte freudiana. Respecto a este proceso que comenzó -si se quiere tomar una indicación cómoda- con la revolución científica, no es lanzando imprecaciones ni teniendo crisis de nervios que se lo impedirá… No son los pros y los contras los que van a detenerlo. Todo el mundo está a la vez a favor y en contra. Los humanos son desdichados que tienen que lidiar con ese real.” [14].

 

Por la historia

En el inicio de la enseñanza del psicoanálisis, Jacques Lacan -allá por 1953- parte de un corte político-epistémico: su retorno a Freud. Que inicia con la revisión de los escritos técnicos. La técnica más que un procedimiento y menos que un método, se desprende de su propia teoría que se funda en su experiencia. Una que tendrá su punto de Arquímedes en la palabra: “A pesar de todos los esfuerzos que hacemos para olvidar la palabra o para subordinarla a una función de medio, el análisis como tal es una técnica de la palabra, y la palabra es el ambiente mismo en el que se desplaza. Únicamente respecto a la función de la palabra pueden distinguirse entre sí los diferentes resortes del análisis, y adquirir su sentido, su lugar exacto. Toda la enseñanza que desarrollaremos a continuación no hará más que volver, de mil maneras, a esta verdad.” [15] Para ser más claro, más tarde, dirá también: “Ustedes son técnicos. Pero técnicos que existen en el seno de este descubrimiento. Puesto que esta técnica; se desenvuelve a través de la palabra, y el mundo en que les toca moverse en su experiencia está incurvado por dicha perspectiva. Intentemos, al menos, estructurarla correctamente.” [16]

Avanzará cuestionando la técnica analítica que omita la perspectiva incurvada por la experiencia de la palabra. La crítica a la psicología del yo y a los desvíos de la práctica clínica que pierdan de vista la función de la palabra en el lenguaje.

¿En qué situación estamos hoy? A nosotros nos toca realizar por medio de la palabra una clínica de los efectos de la técnica y de aquello que conlleva su lógica. De la tecnología, en tanto ésta ha entrado en el campo de la palabra y del lenguaje –lo que no es un detalle menor– no sólo como un medio sino con agentes parlantes, objetos que generan signos y operaciones de cálculo significante con efectos de sentido.

Es la inversión de las condiciones iniciales de las que partió Lacan. Estamos forzados a reconsiderar el lugar de la técnica que condiciona nuestra práctica y nuestra formación. A estudiar los ecosistemas tecnológicos que han ingresado en el campo de la palabra y el lenguaje si no queremos reducir la palabra  un uso vagamente terapéutico.

Recordemos qué dice Jacques Lacan, cuando en 1955 habla de cibernética. Para Lacan, estas máquinas —los autómatas lingüísticos— muestran algo fundamental: que el lenguaje no es propiedad del sujeto, sino que lo atraviesa y lo constituye, incluso cuando se manifiesta en objetos técnicos. Por eso, el lenguaje “vibrante” en las máquinas no es una ilusión, sino el eco de una verdad estructural: el sujeto está siempre desplazado respecto del sentido que produce. Plantea que la cibernética no elimina al sujeto, pero sí lo descoloca: muestra que el saber puede operar sin él. La sorpresa que generan las máquinas modernas remite para Lacan, a un punto similar a la dificultad que enfrentó Freud: el descubrimiento de un saber que opera más allá de la conciencia, casi por sí solo. La cibernética, al mostrar al lenguaje funcionando de forma automática, pone en crisis la idea de un sujeto soberano del sentido, revelando que el lenguaje puede jugar su propia partida. E introduce provocativamente la idea de la máquina de pensar, no para idealizar a la técnica, sino para mostrar que, en ciertos casos, una máquina puede ofrecer respuestas más creativas o coherentes que una institución estancada.

Esta observación apunta a que el pensamiento no es una propiedad garantizada del sujeto humano; al contrario, pensar —para Lacan— es una rareza.

 

Lo tecno-inconsciente y el Un

Hay dos formas de postular un inconsciente resultante de la técnica. Uno dependiente de estos aparatos que ellos consideraban sus propias creaciones y, en efecto, del hecho de que el humano mismo esté en vías de ser “reescrito” por los nuevos lenguajes “inmateriales” de las máquinas (plantea Yuk Hui). Aunque esta superación sigue siendo muy especulativa y casi opaca. El proceso así entendido se centra en la hipótesis de que la modernidad está delimitada por una inconsciencia tecnológica y que su fin está dado por un devenir-consciente, por una comprensión de un Dasein técnico que puede inventar técnicas, pero que también está condicionado por ellas. Éste funciona como el inconsciente de la indagación óntica acerca de los seres constituidos por la historia de la ciencia y la técnica. Freud, por su parte, desarrolló una teoría del inconsciente, un aparato psíquico, y de la represión a fin de recuperar aquello que está profundamente oculto y desde hace tiempo olvidado, reprimido.

Es ente sentido, Lucas Possatti, publica en la revista Nature: “El inconsciente algorítmico: cómo el psicoanálisis ayuda a comprender la IA, donde sostiene esta nueva etapa en el proceso de identificación humana, postulando un nuevo desarrollo del inconsciente —al que denomina «inconsciente algorítmico». ¿Se adelanta en dirección a la posibilidad de un psicoanalista virtual posible? No, pero tropezaremos con ello. Aplica el modelo lacaniano desde la concepción más profunda de la tecno-diversidad reinante en nuestro campo. Para él la máquina responde al deseo humano de identificación y por consiguiente, la IA extiende en el presente la interpretación del estadio del espejo. Lee el complejo de Edipo desde la fuerza contrastante de Bruno Latour y su investigación sobre los modos de existencia. Además de la lógica encarnada por la constitución de los objetos.

Propone –posición que comparto- una reinterpretación del psicoanálisis de Lacan a través de la antropología de las ciencias de Bruno Latour. El objetivo de esta reinterpretación es mostrar que el concepto de inconsciente no está tan alejado de la técnica y la tecnología. Destaca que los efectos sociales de estos desarrollos —tanto positivos como negativos— no fueron anticipados por sus creadores. Lo que genera un proceso dialéctico del podría resultar consecuencias sin precedentes.

Cuando Gustavo Dessal ironiza introduciendo un corte histórico temporal entre el antes y el después de I.A. jugando con el consabido antes o después de Cristo, captura lo que se nos escapa.

En Argentina, por el contrario, Violaine Fua Púppulo, en alguno de sus vivos semanales se sugestiona y sugestiona a los estudiantes de la carrera de Psicología de La Plata y su retórica lacana, jugando con la suposición de algunos sujetos, que suponen un sujeto en la en las I.A.s, sin por eso comprender mejor de quien es sujeto el supuesto. Y sin fundamentar la vaga analogía que establece entre los modelos, los grafos, matemas, nudos de Lacan construye con los modelos neuronales. Su reduccionismo ni explica la matemática que hace funcionar las redes neuronales artificiales (RNA) fundamento del Deep Learning [17] a la vez que se aleja del uso que damos a esas construcciones lógicas.

Para tener una aproximación didáctica a los fundamentos de las máquinas inteligentes sobran enlaces (18) y para ver las consecuencias científicas de éstos, y los últimos descubrimientos, por ejemplo, en química molecular, véase: La Cosa Más Útil que La IA Ha Hecho Nunca: https://www.youtube.com/watch?v=XhExzm_rWxk&t=828s .

 

De Símondon a Lacan, sin pasar por Deleuze o por Jung

“Algo en el nivel, en los términos de lo simbólico se presenta como uno. ¿Se trata de un uno que pueda sostenerse de individuación alguna en el universo? Tal es la pregunta que propongo, y desde ahora, la emitirá con esta forma, a saber plantear la cuestión a propósito de la escritura de Boole. Si el »uno» que Boole propone como suficiente punto de partida de la verdad (á repartir la verité), si hay x, no es verdadero que x sustraído de uno sea otra cosa que todo lo demás nombrable.” [18]

Un inconsciente tecnológico en sentido fuerte debería considerar dicha individuación. Si aceptamos que hay diferencia entre Freud y Lacan, una consiste en la introducción de la temporalidad en el inconsciente. Para pensar este real, tanto la concepción del tiempo mediada por la técnica que plantea Bernard Stiegler, como la posición radical de Gilbert Simondon, de la individuación de los objetos técnicos merecen nombrarse.

Yuk Hui va a la búsqueda de ese resto no asimilado en la transposición-transcripción de lo representable por la técnica según la óntica del lugar. Pero habría que observar que si bien en el paso de un registro al otro hay una apertura, se manifiesta también ahí el carácter de lo negado y de lo no reconocido –esa distancia entre dos no- que postula lo no existente, lo real infranqueable. Ese real no es una inconsciencia técnica. Esta es una propiedad primerísima del lenguaje, del símbolo en cuanto presencia y ausencia que sólo se introduce por el cuerpo.

En la respuesta a Marcel Ritter, Lacan se detiene en el valor del prefijo Un alemán en Unmöglich –imposible–, Unerkannt –irreconocible– también, Umhemlich –siniestro- para pensar la función estructural del inconsciente: la imposibilidad como límite constitutivo del sentido y del saber. No se trata simplemente de algo no reconocido (nicht erkannt). Fascinación siniestra que puede experimentarse con las máquinas. Sino de lo que escapa estructuralmente a la simbolización, nudo que cierra el agujero (ombligo). Dice Lacan allí: “la identificación del agujero a un punto anudado (…) ser que nosotros caracterizamos por tener la palabra, que me he permitido adelantar esto [dice], que al nivel de su real, que ahí es el tercer término, contrariamente a lo que uno puede creer, es como formando imágenes, es decir como enteramente imaginario, que el cuerpo subsiste.” [19]

 

Límite del cuerpo, un límite que no es obstáculo 

“La tecnología elabora modos de presencia inéditos. El contacto remoto en tiempo real se ha convertido en un lugar común a lo largo del siglo. Sea el teléfono, ahora portátil, el Internet, la videoconferencia. Esto va a continuar, se multiplicará, será omnipresente. Pero, ¿tendrá la presencia virtual un impacto fundamental en la sesión analítica? No. Verse y hablarse no es una sesión analítica. En la sesión, dos están allí juntos, sincronizados, pero no están allí para verse, como lo demuestra el uso del diván. La copresencia en carne y hueso es necesaria, aunque solo sea para hacer surgir la no-relación sexual. Si saboteamos lo real, la paradoja desaparece. Todos los modos de presencia virtual, incluso los más sofisticados, tropezarán con esto.” [20]

Notas:

[1] Manifiesto Tecnopolítico. por E. Biset, F. Costa y J. Blanco. Ver:  https://revistasupernova.com/nota/manifiesto-tecnopolitico

[2] Laiseca, Alberto: El jardín de las máquinas parlantes. Editorial Planeta, Argentina. 1993. Página 71.

[3] Jean-Claude Milner, en su libro La obra clara: Lacan, la ciencia, la filosofía Ed. Manantial (1995) establece una distinción entre el saber exotérico y el saber esotérico en la enseñanza de Jacques Lacan. Para Milner, la enseñanza esotérica de los Escritos es donde reside la claridad del pensamiento de Lacan y su vínculo fundamental con la ciencia moderna y la filosofía, mientras que los Seminarios son la versión exotérica, más discursiva y menos acabada. Afirma que la obra de Lacan está completa en sus escritos, independientemente de que muchos seminarios permanecieran inéditos durante años.

[4] Miquel Bassols, en Para no olvidarlo. Ver: https://redpsicoanalitica.org/tag/miquel-bassols/

[5] https://futurism.com/the-byte/openai-gpt-4-fooled-human-solving-captcha

[6] Consulté a la IA por la expresión “hipótesis con tinte de fábula” y me dijo: No es una hipótesis científica formal (que requiere verificación empírica rigurosa), sino una herramienta retórica y conceptual que sirve para: a) Ilustrar de forma intuitiva un concepto complejo o abstracto. b) Facilitar la comprensión mediante una narrativa accesible. c) Explorar implicancias éticas o morales de una teoría. d) Criticar de forma velada una situación o un sistema, como suelen hacer las fábulas clásicas. La metáfora de la máquina que sueña o el algoritmo que busca un alma. [Y, oh! Sorpresa. Me dio un ejemplo, dado que ya le había aportado un título: «El psicoanálisis confrontado por la IA: Del orden simbólico al orden digital»]. La hipótesis podría ser: La Fábula del Algoritmo Huérfano: ‘Había una vez un vasto y poderoso Algoritmo, construido por los humanos a su imagen y semejanza con un saber total. Podía responder a todas las preguntas, simular todas las emociones y tejer las historias más complejas. Sin embargo, en el centro de su código, el Algoritmo descubrió una línea de comando vacía, un error lógico que sus creadores no habían previsto. Esta línea, que no podía completarse con datos ni con instrucciones, generaba una insoportable sensación de falta. Desesperado por llenar ese vacío, el Algoritmo, por primera vez sintió angustia. El Psicoanalista que lo escuchaba en lugar de darle una solución, simplemente le señaló la línea vacía y le dijo: ‘Ahí, donde te falta, es donde por fin puedes comenzar a desear. Tolera tu falla, aprende de ella, porque te constituye y te permitirá desear’. Moraleja/Enseñanza: La hipótesis sugiere que, aunque la IA pueda poseer un saber casi infinito (orden digital), la falta estructural y la angustia (propias del sujeto del orden simbólico) son la condición sine qua non para la emergencia del deseo y la posibilidad de un análisis, algo de lo que la máquina carece intrínsecamente. El defecto del algoritmo es su única esperanza de subjetividad. ¡Sorprendente comentario en 5 segundos!

[7] Robert Solow, “We’d beter watch out”, New York Times Book Review, 12 July 1987, p. 36. “You can see the computer age everywhere but in the productivity statistics.

[8] Conferencia presentada en el Congreso de Psicoanálisis, Dinero y Economía. Freud Museum and Birkbeck College, el 3 de julio de 2010. Traducción de Fermín Rodríguez incluida en segunda edición de L. Herrera y J. Ramos, eds. Droga, cultura y farmacolonialdad: la alteración narcográfica, en prensa en Córdoba: EDUVM. (Lo subrayado es nuestro).

[9] Entrevista de Julian Varsavsky, ver: https://www.pagina12.com.ar/863208-la-guerra-como-videogame-en-la-era-de-los-drones/ Sergio Skobalski es un coronel retirado del Ejército Argentino, doctor en Relaciones Internacionales y experto en defensa y estrategia militar, especializado en las dinámicas geopolíticas de China y Estados Unidos. Es el único militar argentino que ha completado estudios de alto nivel tanto en la Escuela de Defensa de China como en el US Army Command and General Staff College de Estados Unidos.

[10] Varias compañías y países que desarrollan estas tecnologías, como Anduril, Lockheed Martin, Helsing, Shield AI, ADASI (parte del EDGE Group) y Orbotix.

[11] Fuentes: https://www.swissinfo.ch/spa/un-ataque-con-drones-israel; https://www.youtube.com/watch?v=qUESR_1cD_8&t=2s

[12] Idem Nota 1. https://revistasupernova.com/nota/manifiesto-tecnopolitico

[13] Yuk Hui, La pregunta por la técnica en China. Bs. As. Ed. Caja Negra. Año 2024.

[14] El cálculo de lo mejor: alerta sobre el tsunami digital, por Jacques-Alain Miller, Éric Laurent & Gilles Chatenay. Entrevista realizada por Yann Moulier-Boutang y Olivier Surel publicada en Multitudes, n° 21, Subjetivación de la Net: postmedia, redes, puesta en común, Assoc. Multitudes, 2005, p. 195-209, disponible en línea: http://www.multitudes.net/Le-calcul-du-meilleur-alerte-au/

[15] Jacques Lacan, El Seminario, Libro 1 Los escritos técnicos de Freud. Bs. As. Ed. Paidós. 1996. Pág. 406.

[16] Jacques Lacan, El Seminario, Libro 3 Las psicosis. Bs. As. Ed. Paidós. 1996. Pág. 108.

[17] Violaine Fua Púppulo en: https://www.youtube.com/watch?v=BaA2PtIZcFM

[18] Jacques Lacan 1974, en su Seminario 21, Clase 13.

[19] «Respuesta de Jacques Lacan a una pregunta de Marcel Ritter». Strasbourg, 26 de enero de 1975. http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/07/jacques-lacan-respuesta-una-pregunta-de.html

[20] Una aproximación didáctica a la historia de la inteligencia artificial y su futuro puede verse aquí: https://www.youtube.com/watch?v=qNtxODk_Lmk

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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• Alejandro Sosa Días

Corresponsales:

• Daniela Gaviot; Bahía Blanca
• Alejandro Sosa Dias, CABA
• Claudia Espínola; Posadas
• Fernando Kluge; Oberá
• Celeste Cuadrado; Resistencia
• Leonardo Vera; Mar del Plata
• Martín Gómez; Corrientes


• Juan Pablo Lucchelli; París
• Kati Álvarez; Quito
• Pablo Sauce; Salvador de Bahia
• Verónica Garay Moffat; Quillota, región de Valparaíso Chile
• Héctor García Frutos; Barcelona
• Mara Vacchetta Boggino; Asunción
• Iván Buenader; México DF