Esfuerzos por dinamizar en la Ciencia de la lógica de Hegel
Programador Universitario (UNNE). Profesor de francés (Instituto Superior Josefina Contte). Magister Contactos de lenguas y culturas y políticas lingüísticas (Rouen, Francia). Especialista en Psicoanálisis y prácticas socioeducativas (FLACSO).
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S/t de Libro rojo serie Grito Crudo.
Dibujo con plumín y tinta china sobre papel Fabriano, 2024.
Inés Díaz Saubidet, IG: @inesdiazsaubidet
Introducción
En su Ciencia de la Lógica Hegel nos presenta un ámbito de formas –»Reino de las sombras», nos anticipa— que permitirían pensar la objetividad más allá de ciertos hábitos mentales que en la historia del pensamiento han tendido a la abstracción y a la metaforización mecanicista en alto grado de determinación. El resultado de esta determinación es opuesto al espíritu de lo que opera en La lógica, ya que lo que se propone Hegel es dar cuenta del funcionar de las categorías que permiten comprender la objetividad como siendo en sí su propia causa y origen. En este despliegue del pensamiento lógico serán repensadas no sólo las categorías clásicas de la filosofía, sino que además se pondrán en tensión las mismas con nociones como exterioridad y temporalidad. A este respecto es sugerente el caudal conceptual que desde antaño tanto la filosofía de la naturaleza como la ciencia física han ido acumulando. La misma reflexión filosófica en Hegel tiene puntos de contacto innegables que van en un sentido similar al de estas tradiciones del pensamiento. En el caso de Hegel, es patente el interés por explorar la dinamicidad del funcionar de la objetividad y a través de esto ofrecer otras herramientas de comprensión que recuperen lo dinámico más allá de las metáforas de lo mecánico.
Trataremos en esta ponencia de ejemplificar algunos de estos cruces en los que Hegel en el propio devenir de su Lógica toca a objetos homologables a los de las disciplinas ya citadas –tiempo, espacio, materia, y movimiento entre otros, en un esfuerzo por dinamizar los mismos -fundando una lógica ontológica- y en neta oposición a la tradición filosófica formalista y a la concepción mecanicista del mundo.
El Reino de las sombras
La comprensión de lo real que aparece como fenómeno efectivo es el resultado de lo relacional puro y demanda un esfuerzo de comprensión poder pensarlo por fuera de antecedentes no dinámicos que existirían forzosamente con anterioridad. La dinamicidad a la que refieren las categorías de la lógica son actividades en sí mismas que prescinden de lo ente, tal es así que por ejemplo el límite y la nada son pensados como actividades constituyentes que en su despliegue dinámico dan como resultado lo que consideramos como entidad quieta: el ser. Pero a la vez, las categorías presentes en la Lógica del Ser, primer libro de la Ciencia de la lógica, son categorías provisorias que en su desarrollo hacia el ser ya tienen la marca no solo de esta dinámica interna -que se desplegará en la Lógica de la esencia con más precisiones- sino también el signo de lo inacabado.
I.
El vocabulario moderno de la ciencia física demoró bastante tiempo en incorporar nociones como suceso, evento, transformación, etc. que pudiesen dar cuenta de lo que estaba sucediendo a nivel de las nuevas formas de pensar y entender sus propias categorías. Tal es así que lo que se venía transformando a la luz de las nuevas teorías tuvo que superar varias barreras relacionadas no sólo con las maneras de pensar lo nuevo, sino que además tuvo que luchar contra el peso de la tradición discursiva que sostenía dicha tradición. Las formas de pensar el tiempo, el espacio, el movimiento y la materia, además de sus accidentes y avatares, se remontan a los albores del pensamiento. Una plétora de pensadores ha hecho su aporte y dejado marcas que perduran hasta la actualidad. Un ejemplo muy claro de esta forma de inercia del pensamiento se puede corroborar cuando se consideran las dificultades en torno a la noción de tiempo. Una de las claves para entender esta dificultad reside en las características que se le asociaron al espacio newtoniano, su carácter de contenedor inmutable y cuya única relación con la materia que lo habita es la de mero contenedor. No se deja lugar para ninguna clase de interacción entre partes que no sea del orden de lo mecánico. Materia contra materia, espacio inerte y una idea de tiempo históricamente vaciada. Frente a este panorama estático de entes sólo cabe la comprensión mecanicista como relación. A este respecto, en el modo de pensamiento especulativo que se despliega en la Ciencia de la lógica, es constatable de inmediato que la dimensión temporal es intrínseca a toda dinámica que pueda pensarse en tanto actividad, ya que las mismas ontológicamente dependen de esta dimensión que se consume en sí misma en su pura realización. El tiempo también es una actividad que en su devenir ontológico no es ajeno a los demás procesos y a la efectividad ontológica como un todo. En este sentido, su mera exclusión o su marginalidad en tanto concepto habla a las claras de la imposibilidad de pensar lo dinámico en materia de ontología, ya que sin esta dimensión lo ente sólo puede devenir a partir de causas externas -jamás internas de autogeneración-. Esta externalidad es en buena medida la que posibilita la descripción mecánica del mundo. Una cita de la Doctrina del Ser, libro primero de la Ciencia de la lógica nos permite una aproximación a la noción de devenir respecto del ser y la nada en tanto momentos:
En cuanto que ser y nada se dan en un solo [elemento], están diferenciados entonces en él; pero lo están de modo tal que cada uno es al mismo tiempo, dentro de su diferencialidad, unidad con el otro. El devenir contiene por tanto dos unidades tales: cada una es unidad del ser y de la nada; pero una es el ser como referencia a la nada; la otra, la nada como referencia al ser; dentro de estas unidades, ambas determinaciones son de valor desigual. (Hegel, 2011, p. 239)
Previamente Hegel advierte que tanto ser como nada son evanescentes en su unidad que es el devenir y por lo tanto son no entes, o sea, momentos. Nos aclara que para la representación ambos términos serían autónomos y separados en tanto tales. Esta advertencia es fundamental para comprender qué aspectos de la representación son funcionales a lo que Hegel denomina el Entendimiento. Este último representa justamente lo estático del pensamiento que compartimenta de manera formal lo ente y lo fija en representaciones externas incompatibles con el pensamiento dialéctico. Debemos advertir, sin embargo, que a la altura de esta cita en el la doctrina del ser se trata apenas de un funcionar en la esfera del ser que, respecto de la Doctrina de la esencia, aún adolece de falta de dinamicidad. El ser, ontológicamente considerado, goza de cierta estabilidad y si bien es lo que está enfrentado a la esencia desde las primeras páginas del libro, ya guarda en sí el movimiento que más adelante se presenta a través de las esencialidades, “corazón” del movimiento de la esencia.
Consideremos ahora una cita referida al límite en la Doctrina del ser:
El límite es, como no ser, el cesar de algo. Pero, en cuanto que es esencialmente el cesar de otro, el algo es entonces, al mismo tiempo, por medio de su límite. (…) El límite no es pues diferente del algo; este no ser es más bien su fundamento, que hace de él lo que él es; el límite constituye su ser, o sea: su ser no sobrepasa su ser otro, su negación. El límite es determinidad. (Hegel, 2011, p. 250)
A esta altura de la doctrina del Ser es cuestión del límite que como actividad constituyente determina lo que el algo es. Actividad ontológica negativa que introduce la categoría fundamento de la doctrina de la esencia: el no ser del algo que es el límite, es el fundamento (Grund) de ese algo que es.
El desarrollo pormenorizado de esta cita nos llevaría muy lejos en la trama de Ciencia de la lógica. Podemos consignar, sin embargo, algunos hitos importantes. La recursividad en la definición de cada categoría, verbigracia: algo, límite, ser, nada, devenir, estar, implica avances y retrocesos por estos movimientos de la objetividad y la explicitación de su funcionar, como se puede apreciar en las citas anteriores. Si bien las categorías se implican entre sí no responden a un disponer tautológico. Por el contrario, el edificio lógico reposa en el valor ontológico de estas actividades que estructuran la objetividad en tanto funcionar que en sí mismo genera el ser de lo existente y efectivo.
La iteración antes mencionada tiene un impacto global en la obra y respecto de lo que considera en tanto objetividad. Cada detalle implicado en una nueva categoría extrae del ámbito de la abstracción y da cuenta del funcionar de una totalidad en ciernes. El alcance de este escrito busca sugerir este proceder y evocar así sus efectos.
II.
Por otro lado, y volviendo al ámbito de las ciencias físicas y, por consiguiente, a la anterior filosofía de la naturaleza, nos interesa señalar que el grado de interacción conceptual entre sus objetos carece de una explicación ontológica y filosófica de la envergadura que encontramos en la lógica ontológica de Hegel. Como ha sido señalado en innumerables ocasiones, muchas de las definiciones y principios de estas operan de manera tautológica, ya que en muchos aspectos la explicación mecánica sigue siendo de utilidad en los ámbitos de aplicación necesarios. Se puede seguir concibiendo la materia y el movimiento respecto del espacio y el tiempo de manera macroscópica sin entrar en conflicto con los desarrollos de las disciplinas asociadas con la técnica. A pesar de esto, los avances de la física durante los últimos decenios tienen más que ver con categorías más sutiles como: suceso, transformación, cambio etc., las cuales contrastan con las formas tradicionales estáticas y compartimentadas. Consideremos esta cita del libro: El impacto filosófico de la física contemporánea de Čapek Milič:
(…) la fusión de masa y energía oscurecía la distinción entre cuerpos materiales y su espacio circundante, pues la masa total de cualquier agregado material no es una simple suma aritmética de sus componentes corpusculares, sino que depende también de la masa contenida en la ligadura energética que los une. (Čapek, 1965, p. 387)
Se trata aquí de interacciones entre masa y energía, cuerpos y espacio. El autor deja entrever que lo que falta ser considerado -la ligadura energética- es lo que fuerza una comprensión abstracta de los componentes-parte. No existía en la visión clásica nada del orden de un funcionar constante -la dimensión energética- y mucho menos un grado de interacción con lo que se especifica unas líneas más abajo, según (Čapek, 1965): “(…) no tenemos derecho a utilizar ni siquiera la expresión «materia en el espacio» cuando la materia se disuelve en una irregularidad local del espacio o, más correctamente, del tiempo-espacio. “(p. 387)
El aspecto dinámico que introduce el pensar relativista en la física contemporánea permite pensar de manera no yuxtapuesta lo que sucede a distintas escalas. Al contrario, la disolución mentada de la materia en el tiempo-espacio es una manera relacional de concebir las distintas dinámicas. El funcionar del límite considerado a la manera hegeliana se asemeja bastante a las interacciones que describen la relación masa-energía: lo constituyente es justamente la relación de ambos aspectos (fusión). En lo que algo es se trata del funcionar de esta interacción de elementos como límite; su fundamento es lo que hace de él lo que es, nos explica Hegel, y no algo externo. En este punto se hace evidente una de las formas de captar lo que sucede en gran parte de la Ciencia de la lógica: las relaciones constituyen a los términos, y no al revés. En otras palabras, lo que hace al ente en su estatus precario tiene que ver con las relaciones que le dan origen, las cuales son su fundamento. Lo que se disuelve en la segunda cita de Capek es el correlato de lo evanescente de ambas nociones: tiempo-espacio en tanto dinámicos. Hegel también utiliza esta metáfora química para dar cuenta de la inestabilidad de un proceso, que, en tanto unidad, subsiste en su mero movimiento.
La dinamicidad en tanto actividad de lo dinámico aparece en el mundo de la física en el momento en que el edificio de la teoría clásica pre relativista se ve forzada a ceder su lugar a los nuevos conceptos. El principio de indeterminación, por un lado, deja en evidencia la inestabilidad que en la física han tenido los objetos denominados “partículas”; y por otro lado, da paso a nociones que incorporan la invariante temporal, como ser evento, proceso y transformación. A medida que se fueron teniendo en cuenta las implicaciones de la relatividad, el alcance ontológico de lo espacial decae, enfrentado a la necesidad de darle al tiempo su valor en los procesos dinámicos que escapan a la lógica de lo meramente yuxtapuesto o lo carente de movilidad y perspectiva relativista.
Conclusión
En conclusión, si el tiempo-espacio relativista es considerado como tal es imposible no ver las implicancias del tiempo, dado que el contenido físico inherente al tiempo-espacio es en alguna medida efecto de ambas coordenadas. El lugar relegado del tiempo y la imposibilidad de pensar lo dinámico es un efecto más de una concepción mecanicista que sólo concibe lo temporal como siendo del orden de lo yuxtapuesto mecánicamente. A lo sumo, se concibió la dimensión temporal como una cuarta dimensión transversal, que a efectos representativos era sucedánea de una enésima y errónea representación espacial.
Frente a estas concepciones no podemos dejar de notar que lo que sucede en la Ciencia de la lógica es un paradigma alternativo. La idea dinámica de Hegel no margina la dimensión temporal ni la aborda de manera ingenua. Al contrario, la misma noción de tiempo que es pensada como actividad negativa posee una índole relacional fundante, similar a la que citamos más arriba, refiriendo el rol del tiempo-espacio en la física contemporánea. El tiempo sería para Hegel la dimensión del despliegue de lo que es, el proceso iterativo-dialéctico como fundante, que en tanto elemento negativo condensa la temporalidad. La naturaleza procesual del tiempo para Hegel implica la actividad fundante, contraria a la estaticidad del tiempo que pensó la física clásica.
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Texto vinculado con nuestra participación en el curso «Comentario de la Ciencia de la lógica de Hegel», dictado por el profesor Carlos Pérez Soto.
Cedido y publicado con autorización de su autor.
Bibliografía:
• Hegel, G. W. F.: Ciencia de la lógica. Madrid. Abada Editores. 2011.
• Milič, Č.: El impacto filosófico de la física contemporánea. Madrid. Editorial Tecnos. 1965.
• Pérez Soto, C.: Desde Hegel. Para una crítica radical de las ciencias sociales. México. Editorial Ítaca. 2008.




