La odiosa igualdad. Especificidad de un eterno retorno
Psicoanalista, miembro del Instituto PRAGMA- APLP. Miembro de la Red AAPP (Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas). Miembro de AAGua (Asociación amigos guaraníes)
» E-mail al autor

S/t de la serie El espacio del adentro.
Xilopintura intervenida con óleo, 2022.
Inés Díaz Saubidet, IG: @inesdiazsaubidet
Las jornadas anuales son una buena ocasión para volver sobre algunas lecturas, muchas de ellas recorridas con algunos de ustedes. Por ejemplo, en este momento fui hacia las propuestas por Enrique Acuña cuando, interesados por el racismo y la segregación, realizamos unas jornadas en época de los atentados en Francia y España, donde recuerdo haber escrito para las preparatorias de esas Jornadas en CABA. También se cruza en mí la idea de actualizar estas lecturas en los tiempos que corren, donde parece que ya es suficiente y se agrega algo más y otra cosa más. Hago extensiva esta idea al país y al mundo.
Entiendo las lecturas como un intento de interpretación y a la vez una interpelación como psicoanalista. Se suman los debates en el Grupo de investigación -uno de los dispositivos del Instituto de enseñanza Pragma de la ciudad de La Plata-, donde la crueldad, el horror y el odio fueron parte de conversaciones sobre el malestar en la civilización.
Hay mucho para leer en el psicoanálisis lacaniano sobre estos temas que se imponen junto a lo que Freud dejó como marca inicial en el recorrido que va “del malestar al malentendido”. Releí y leí por primera vez algunos textos de psicoanalistas conocidos. En los últimos días, hace un poco más de un mes, me encontré con un ensayo titulado Actualidad del odio de Anaelle Lebovits-Quenehen que tiene algunos años, es del 2020, y fue traducido aquí el año pasado –causalmente-. Me gustó para presentar a modo de hipótesis el recorrido siguiente:
A partir de la alianza discursiva actual entre ciencia y capitalismo, hay un modo de funcionar que impone la homogeneidad y se impone apasionadamente, por demás en la mayoría de sus casos, configurando esa odiosa igualdad del título que propongo. En el lado de enfrente está el discurso analítico que reivindica el sinthome, es decir la singularidad como marca de un resto que habla de la falla o la objeción a esa pretendida equivalencia absoluta.
Eso falla
El argumento del psicoanálisis, inmerso en esta actualidad, se opone al discurso amo que impone el «eso marcha», señalando la falla, como expresé. Es interesante que respecto del odio -que es por donde giró mi lectura-, si bien hay mucho, es Lacan quien produjo una anticipación que sorprendió en su momento. Ustedes saben que fue en la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela” (Otros escritos), donde menciona la tercera facticidad que es real diciendo que es demasiado real, y habla del reordenamiento de las agrupaciones sociales que por la existencia de la ciencia, en su exigencia de universalización de esos lazos produce efectos y ahí en esa frase augura “ (…) Nuestro porvenir de mercados comunes”, cuando señala que se van imponiendo cada vez con más dureza los procesos de segregación. O sea, pronostica un odio a escala mundial con el racismo en ascenso y lo hace en un momento, dado que es el año 1967, donde como bien es explicado por diferentes autores, existía una atmósfera más bien de regocijo ante las perspectivas de la integración de las naciones justamente en mercados comunes que auguraban bienaventuranzas en lo comunitario. Además, ese espíritu esperanzado se mantuvo más o menos hasta los años 70 en la atmosfera social.
Todos hemos repasado la frase que señala que a más común -lo que quiere decir más igualdad-, más rechazo de lo diferente. Agregaría que se trata del goce diferente. Esta es una tesis importante que es enunciada tempranamente, con total precisión y seguridad por parte de Lacan que, podemos decir, modifica todo el panorama y se puede seguir en sus posteriores teorizaciones y respuestas. Por ejemplo, en el reportaje Televisión de 1973, Jacques-Alain Miller se hacía eco de la sorpresa y subraya ahí el valor de la tesis, la destaca, y le pregunta a Lacan de dónde saca la seguridad para profetizar el ascenso del racismo y por qué lo dice ahí. Lacan le responde: “Porque no me parece divertido y porque, sin embargo, es verdad. En el extravío de nuestro goce, solo el Otro lo sitúa, pero es en la medida en que estamos separados de él. De ahí unos fantasmas, inéditos, cuando no nos mezclábamos”. Sigo la frase en el renglón siguiente: «Dejar a ese Otro en su modo de goce es lo que sólo podría hacerse si no le impusiéramos el nuestro, si no lo considerásemos un subdesarrollado”. Frase textual, pág. 560 de Otros escritos. Me parece condensar mucho de lo que me interesa por sus efectos. Sugiero la lectura de E. Laurent en «Racismo 2.0», de Lacan Cotidiano n° 371.
Lo seguro –por decirlo así-, es que el goce es desconocido, no sabemos qué es y por eso nos desorienta. Siguiendo a Lacan podemos pescar que, tratándose de goce, lo que nos puede orientar, a la vez de ser lo único que podemos hacer con él, es rechazarlo. Rechazo que va junto a la voluntad de imponer el nuestro y siempre es en nombre del algún bien, la famosa normalización del goce, y ahí hacemos la lista con los nombres que quieran poner. En principio pensamos en minorías, porque suelen ser las más afectadas, pero no olvidemos que las mujeres entran en esa lista también sin ser parte de una minoría.
Se trata de goces
Siguiendo mi lectura, entre los efectos a considerar está el hecho mismo de que el goce se impone. Esta imposición de goce en una toma de consistencia que lo señala como central, lo hace en un doble movimiento. Por un lado, colonizar al otro y por otro lado toma un papel central en la teoría y práctica del psicoanálisis porque aparece como interpretación -y fíjense que esta tesis descarta que se produzcan cualquier tipo de otros choques-. Por ejemplo, no es un choque de una civilización con otra, sino que se trata solo y exclusivamente de choque de los goces, y como esos goces opuestos provocan la segmentación del lazo social: cuando esta división se produce, aparece el llamado a la unión mediante el Dios-Amo que reúna y ponga orden. Lacan habló de esto con los estudiantes de mayo de 1968.
Este panorama advertido por Lacan en 1967 dice también sobre el retorno de los fundamentalismos religiosos que, a esta altura ya podemos englobar -ya que de globalización se trata-, en el retorno del imperio del sentido. O sea, tenemos el odio instalado a escala mundial y no caben dudas hoy sobre la veracidad de aquellas palabras de Lacan.
¿Qué es el odio?
El odio es una pasión conocida e inextinguible, según podemos seguir en Freud y Lacan. Lacan insistió en que siempre persiste ese rechazo a un goce inasimilable en una comunidad, abriendo a la potencia de cualquier barbarie posible. No podemos asegurar que sea más intenso hoy que antes (capaz que dentro de un tiempo hay algo más que agregar). Sí cabe decir que se multiplican sus objetivos a gran velocidad y esa es una especificidad de la actualidad: el variar y sumar el objetivo y los inéditos caminos por el que transita, con efectos de crueldad y violencia.
Se puede leer a Freud y a Lacan y tocar los puntos en común y en diferencia. Resumo esta parte y agrego solamente que el modelo freudiano de la identificación contempla el odio con la figura del asesinato del padre- donde el líder, el ideal tienen lugar-. El odio es un estado que puede colaborar para unificar, como aglutinador, y también Freud habla del rechazo. Christian Gómez me recordaba unas líneas de «El seminario sobre La carta robada», de Jacques Lacan, donde habla de la unión por un mismo objeto a la que una y otra persona niega (niegan el mismo objeto). Es con ese modelo que analiza el ejército que puede accionar en actos como matanzas salvajes. Con Lacan el odio se asegura como pasión del ser, como decía, una fijación del ser más profunda que el amor incluso, y marca como dirección de esta pasión el ataque al ser del otro para destruir el goce que, por desconocido, es amenazante y puede también comprometer la destrucción de ese otro.
Una cuestión interesante, ustedes lo saben, es que Lacan no parte de la identificación al líder sino de un primer rechazo pulsional y lo hace tempranamente con el modelo de “El tiempo lógico y la certidumbre anticipada” de 1945, donde con los tres tiempos lógicos localiza la articulación del sujeto al Otro social en la identificación, donde no parte de un saber. Es decir, es porque un hombre sabe lo que no es un hombre que se despliegan los procesos lógicos. El conjunto se aglutina, se mantiene unido a partir de una ausencia de definición, cortocircuitando al líder. Es la lógica tomada en el pase y considerada por Lacan para la constitución de la colectividad psicoanalítica, una lógica de identificaciones no segregativas trabajadas por J.-A. Miller en su Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela.
La Otredad del goce
En lugar de depositar en el otro la causa de sus males o convertir a cada uno en su modo de goce, el psicoanálisis habla de Otredad, Otro sexo, Otro goce, Lo femenino. Es la experiencia del “goce Otro” que, por no ser susceptible de subjetivación, contiene algo de lo insoportable en esa extrañeza. Entiendo que en esto insiste el “eterno retorno” del título que propongo.
Les recomiendo leer a Enrique Acuña en el artículo “Béla Székely, la excepción judía y el psicoanálisis” que está en Resonancia y silencio-Psicoanálisis y otras poéticas-. En el apartado titulado «Actualidad del antisemitismo». Es todo interesante, pero hay un punto en el que toma a los judíos y las mujeres como precursores en la idea del objeto de odio. O sea, a partir de Lo judío, vaciado de religión y localizado en una política, escribe lo que hoy pensamos todos los presentes en estas jornadas: hoy Lo judío es el pueblo palestino masacrado”. Subrayo: esto lo dice Enrique Acuña en 2009.
Capitalismo, democracia y discurso analítico
Mis líneas de lectura las dirijo para el lado de conjuntos que, como tales, componen intersecciones y agujeros. Es lo que podemos armar con capitalismo, democracia y discurso analítico advirtiendo que, en los movimientos y reordenamientos sociales, la democracia en tanto sistema tiene su doble cara: por un lado, es uno de los nuevos objetivos para el odio y también se expresa como condición de una sociedad que contemple algún grado de convivencia en el respeto donde los otros cuenten.
Capitalismo y ciencia hacen alianza. Mientras que capitalismo y democracia se contraponen. Faltaría precisar –lo venimos haciendo desde diferentes lugares y en distintos momentos de la enseñanza-, la posición del analista y el movimiento de la civilización. Enrique Acuña ha insistido en esta conexión y las palabras de Lacan en “Alocución sobre la psicosis en la infancia” son directivas: «Cómo nosotros, quiero decir los psicoanalistas -dice Lacan-, vamos a responder a eso: la segregación puesta a la orden del día por una subversión sin precedentes».
Volviendo un poco para atrás, decíamos que en su alianza capitalismo y ciencia se subraya la homogeneidad y si coloco en el título a la democracia como sistema de organización social, da lugar al debate, a la circulación de la palabra en un estado de derecho y, fundamental para subrayar: soporta las contradicciones. Es un sistema que contempla la fractura, la pérdida y eso nos importa. Parece que estamos en algo así como La pos-democracia, en el sentido que ya pasamos la euforia esperanzadora inicial de aquella consigna que decía que con la democracia se come, se educa y se cura, de la primavera alfonsinista. Ya sabemos que es pedir mucho.
Mientras el capitalismo lucha por la hegemonía y entronizar el Uno, la democracia se sostiene en su pérdida: podemos decir que duela el Uno. Lebovits-Quenehen también le da un lugar central a la democracia y me parece bien porque la sitúa como condición necesaria. Sin ella es difícil pensar que acuda a la cita el discurso del analista presentado, si se quiere, como contraveneno en la línea de “destacar la diferencia absoluta” en la opacidad de un goce singular. Como un contra odio potencial.
En Piezas sueltas, Jacques-Alain Miller usa una expresión que me gusta, dice: sin igual. Sería un sin-igual “cuya opacidad permanece para siempre” citándolo textualmente. También me gusta que diga que ese sin igual es la nobleza de cada uno, haciendo alusión a la “noble bastardía” con la que Lacan nombró a la barra que divide al sujeto. Entiendo, entonces, que hay cierta marca de entrada que deriva en el sinthome y en la imposibilidad de pensar al ser-hablante sin síntoma.
El psicoanálisis inventa un analista que se ofrece, transferencialmente, a aislar la causa de un sujeto –lo rechazado-, exigiéndole el esfuerzo de creación –esfuerzo de poesía-, que impulsa que se aloje el arreglo singular, que pueda soportar la singularidad alejándose del supuesto universal de la uniformidad de los cuerpos. Me interesa insistir en estas líneas con la postulación del fin del análisis que promovemos como la diferencia absoluta y hacerlo es, también, contemplar un saber qué hacer con el odio que se dirige a lo diferente que aloja esa singularidad.
Termino con esta idea, alojar lo que no tiene igual- el sin igual-, habla del porvenir del psicoanálisis y entiendo que ese porvenir requiere que al conjunto de tres: capitalismo, democracia y psicoanálisis, se le agregue ese cuarto elemento que los mantiene unidos y es el sinthome porque en su diferencia absoluta los agujerea irremediablemente y es una política del sínthome que sobreentiende una política de derechos.
Agradezco la conversación final luego de la presentación en las «IX Jornadas de la Red» que anima, como siempre, a la lectura y la investigación. Por supuesto quedaron algunas líneas pensadas por fuera de la lectura presentada. Entre ellas, el odio convertido en racismo y cuando es encarnado por el discurso dominante. Podemos pensar que se trata de una reinvención del antirracismo cada vez en coyunturas sociales que exponen las nuevas y variadas formas del objeto del racismo. Históricamente, el modo de racismo precursor es el antisemitismo. Este ha sido reinterpretado según los tiempos y sus movimientos sociales han podido hacerlo. Por eso traía la hipótesis de Lo judío encarnando esa función, como una pantalla que va velando/nombrando en distintas coyunturas sociales otras masacres, para nombrar esta actualidad.
——————————
Versión, revisada por la autora, de su ponencia en las IX Jornadas Anuales de la Red de Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas-AAPP- «Del malestar al malentendido-El psicoanálisis entre las prácticas de la palabra». Puerto Iguazú. 20-21 de septiembre de 2025.
Bibliografía:
• Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el analista de la Escuela”. En Momentos cruciales en la experiencia analítica. As. Ed. Manantial. 1992
• Lacan, J.: “Alocución sobre la psicosis en la infancia”. En Otros Escritos. Bs. As. Paidós. 2012
• Acuña, E.: “Vidas pulsionales: escribiendo x”. En Analytica del sur-Psicoanálisis y crítica – N° 7. www.analyticadelsur.com.ar
• Acuña, E: “Béla Székely, la excepción judía y el psicoanálisis”. En Resonancia y silencio-Psicoanálisis y otras poéticas-. La Plata. Edulp. 2009.
• Laurent, E.: «El racismo». En Lacan Cotidiano n° 371.
• Laurent, E.: «El deseo de democracia y el populismo». Lacan Cotidiano. n° 747
• Lebovits – Quenehen, A.: Actualidad del odio – Una perspectiva psicoanalítica. As. Ed. Grama. 2014
• Miller J.-A.: Teoría de Torino sobre el sujeto de la Escuela. (Conferencia del año 2000). Bs. As. Ed. Grama. 2025



