Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 8 • Diciembre de 2018 •

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Una lectura de “Vidas pulsionales”

Verónica Ortiz

Lic. en Psicología (U.B.A.). Miembro de la Red AAPP (Asociaciones analíticas y publicaciones periódicas), del Comité Editorial de Analytica del Sur. Psicoanálisis y crítica y del Comité de la Editorial El ruiseñor del Plata. Miembro de APSaT (Asociación de Psicoanálisis San Fernando-Tigre), de Atención Analítica San Fernando-Tigre y de la Delegación San Fernando del Instituto Oscar Masotta (IOM2).

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Vidas pulsionales es una publicación entre varios, compilada por Enrique Acuña. Con su guía circunscribimos un tema de trabajo- ¿cómo vive nuestra época la pulsión?- y nos pusimos manos a la obra. ¿Cuándo? En las jornadas de marzo de 2017 en Puerto Iguazú. Como relató Enrique en la apertura a la I Jornada AAPP, se había abierto cierta discusión en las mesas acerca de lo que- de manera bastante general- podría llamarse el “síntoma social”. La cuestión circunscribía una inquietud: si los practicantes del psicoanálisis debían sí o no aggiornarse de algún modo a esas nuevas presentaciones del síntoma… En los jardines del Hospital SAMIC, conversando sobre esto una vez finalizada la jornada, surgió la idea de que se pueda vivir la pulsión, evitando sufrirla de forma excesiva, o que se muera en la pulsión.

Llegó entonces la hora de investigar, escribir y exponer. En el marco de la I Jornada AAPP de septiembre del año pasado en la ciudad de Buenos Aires “Inconsciente ◊ Vidas pulsionales”, representantes de las distintas asociaciones y publicaciones que conforman la red prepararon y compartieron sus trabajos en una puesta en común que hermanó ciudades entre sí y resultó testimonio de una fuerte transferencia de trabajo y al psicoanálisis.

Finalmente, el colofón: la publicación del libro por la Editorial El ruiseñor del Plata, en agosto de este año. El ruiseñor viene volando entre palabras y textos: El encanto de la experiencia analítica (Marcelo Ale), Curarse del lenguaje (Enrique Acuña compilador), Conceptual y Fri(x)iones, y el recién llegado Vidas pulsionales.

Hubo así un instante de ver- la elección del tema-, un más extenso tiempo para comprender- el trabajo en la preparación de los textos y su puesta en común en la jornada- y el momento de concluir: publicar. Hacerlo constituye una apuesta: hallar lectores, y de ese modo contribuir a la construcción retórica del psicoanálisis en lo público. Lectores mucho más allá de las paredes de la biblioteca Sánchez Viamonte. Los libros ya han partido hacia Asunción del Paraguay, Iguazú, Oberá, Posadas, Corrientes, Bahía Blanca, Mar del Plata, Miramar, Tres Arroyos, La Plata y vaya a saber cuáles otros paisajes… Encontrarán nuevos lectores que, a su vez, se pongan a pensar cómo vive nuestra época la pulsión.

Preguntárnoslo es cuestionarnos qué formas ha tomado en la actualidad el malestar en la cultura freudiano. De qué estofa está hecho el síntoma. Qué sucede con la angustia. Qué efectos tienen las aplicaciones técnicas de la ciencia sobre los cuerpos y las vidas de hoy en día. Y sobre los modos del lazo social. ¿Y el inconsciente? ¿Estamos frente al inconsciente de antaño?

Si ya con el libro en nuestras manos, lo damos vuelta y leemos la contratapa, seremos interpelados por Enrique Acuña de este modo: “La pregunta sobre cómo vive una época la pulsión nos podría conducir a la falacia del colectivo donde no hay sujeto del inconsciente, o bien tomar el guante por su reverso: sí, “hay” en ese colectivo un saber para cada vida.

Se aloja ahí el sueño de la excepción neurótica (elogio al vacío en la histeria), la caída de los paradigmas (por el caso diferencial), o la invención de los neológicos (la poética de Macedonio, la despalabra de Becquett). Ese sueño no es el de la infatuación de un Yo, amo creyente en el progreso de la ciencia-capital, sino el hacer existir a un sujeto creador. Hay un Uno entre todos, inventando un estilo para un buen vivir lo imposible de la pulsión de muerte. 

Si el deseo del analista es ‘lo que opera en último término en un análisis’ es porque permite el empalme del inconsciente con lo real de la pulsión. Ese deseo permite articular ese reverso pulsional vida-muerte como dos caras de una misma moneda.

En el cotidiano contemporáneo los cuerpos de los individuos anónimos que marchan en las calles revueltas por la angustia social que generan las biopolíticas, adquieren un nombre en el síntoma particular como lo más propio de cada sujeto, solo si se los extrae de la masa. Luego, ya en la experiencia analítica, vida-muerte se implican dando un sentido que se juega entre placer-displacer, sufrimiento-satisfacción; porque sin ese goce, que es también el Mal de cada uno, ‘sería vano el universo’.”

Si ahora hojeamos el índice, se desgranarán una tras otras algunas respuestas al interrogante ¿cómo vive la época la pulsión? No son solo respuestas descriptivas ni sociológicas. Cada una de ellas realiza un franco intento de conceptualización del horizonte actual desde la doctrina psicoanalítica. Tampoco se emprende una teorización vana (ni por superflua ni por vanidosa). Se trata en última instancia, decididamente, de procurarse una orientación en la praxis, en las direcciones de las curas. Lo que sigue no pretende ser exhaustivo, sino un recorte, un detalle, un rasgo de cada uno de los trabajos.

En el artículo “El objeto (a) salta lo social”, Enrique Acuña realiza pacientemente un bordado entre dos polos: los hilos conectan el síntoma social y el síntoma analítico, la subjetividad y el sujeto del inconsciente, el objeto (a) plus de goce- mercancía gadget, señuelo- y el objeto causa de deseo en una experiencia analítica, la angustia como afecto en lo social y la angustia efecto “lacaniana”, la a-palabra que cada analizante extrae del conjunto de los dichos de su hystoria como singularidad. La aguja va y viene, entre el axioma del No-todo y lo imposible de decir, entre la consigna trotskista de “tomar el cielo por asalto” y la advertencia lacaniana de otro “ascenso al cielo”: el del objeto (a) al cenit de lo social. El bordado va adquiriendo así matices y colores: la brújula del síntoma, la orientación por lo real, y texturas: las varias especies del objeto (a), objeto topológico extraído del cuerpo, en exclusión interna con respecto al sujeto, consistencia lógica, referente aún latente; objeto (a) como “lo judío”, lo segregado, objeto en el centro de los redondeles del nudo borromeo, inconmensurable para la evaluación, pieza que falta en el rompecabezas… Transcribo aquí el modo en que concluye el texto: “De modo que ese ‘único invento’ lacaniano, el santimbanqui objeto (a) requiere del deseo y la política del bricoleur– el analista que arma el bricolage– el que permite una invención única para cada caso en sus movimientos paradójicos con el otro social.”

Es Marcelo Ale quien toma la posta a continuación, preguntándose “¿Crimen sin huellas o subsistencia del resto inasimilable?” Su interlocutor es Jorge Alemán, aunque no solo él. También Laclau, Le Bon, Freud y Lacan. La conversación pivotea entre dos ejes, que Ale elige explícitamente para su trabajo: el eclipse del sujeto del inconsciente perpetrado por el discurso neoliberal, y si ese “crimen”, ese eclipse será perfecto o un resto inasimilable subsistirá como objeción a las subjetividades producidas por los discursos actuales.

Christian Gómez sitúa su reflexión en el campo de la subjetividad de la época, y ¿con qué se encuentra? Con lo femenino como distinto de la subjetividad, y con la pulsión. Oscar Masotta se convierte en brújula: con los “valores estéticos”, modelados como valores sociales y en los que se pone en juego el ser, y los “valores éticos”, que rigen la acción. El artículo finaliza con un desplazamiento de acento desde el malestar en la cultura freudiano al actual: el retorno de los fundamentalismos político-religiosos, la transformación de la intimidad y la instauración de un discurso que se propone como único, produciendo una subjetividad que le es inherente.

Es el turno ahora de la religión. Guillermina Martínez explora, de la mano de Freud, Lacan, Miller, Laurent, “El por-venir de la religión”. Para Freud se trata, en la religión, de la renuncia pulsional, base de la cultura, una ilusión sin porvenir en la época de la ciencia. Lacan vaticina, por el contrario, el triunfo de la religión, apoyándose no tanto en el goce prohibido sino el agujero en el lenguaje, el abismo de lo real. Es allí que adquiere su función la religión: “Tomar a su cargo lo que responde a lo real, a saber, el sentido.” ¿Y la época actual? No falta en el texto una reflexión sobre el racismo y los fundamentalismos religiosos.

Carolina Sanguinetti se pregunta y nos pregunta “¿Cómo vive el psicoanálisis en la cultura?” El derrotero iniciado con la aparición del psicoanálisis comienza con Freud, quien advierte que el montaje cultural y el malestar en la pulsión objetan la ilusión de felicidad y la pacificación. Más tarde, la enseñanza de Lacan ofrece una resistencia a la Psicología del Yo estableciendo un factor c (cultural), útil para leer la matriz social en la que se inscribía la Ego Psychology: la adaptación, los patterns, la comunicación, las human relations. Hay también en el artículo una interesante referencia a lo trabajado en el curso anual 2016 de Enrique Acuña, “Psicoanálisis: sinthoma de la cultura” en el que se abordó el culturalismo (Freud- Lacan) y el multiculturalismo (Jameson-Zizek). La cuestión hoy es cómo no perderse en la masa o declinar en la traición de los principios del psicoanálisis. En el artículo se propone “entrar en un mercado de ‘difusión cultural’ sabiendo que hay algo imposible de difundir que es del orden de la experiencia del inconsciente. Esa es la política.”

En “Lo inconsciente en la época de la psicopolítica digital”, Sebastián Ferrante revisa dos ensayos de Byung-Chul Han, filósofo coreano: En el enjambre y Psicopolítica. Con respecto a esta última, ya no se trataría de quebrar resistencias o forzar obediencias debido a que en la psicopolítica “el poder actúa invisible, silencioso y sutil, al punto tal que los sujetos se someten en forma voluntaria y apasionada, no conscientes y asumiéndose libres”. Por su parte, el enjambre digital sería algo distinto a la masa freudiana ya que se echaría en falta la ligazón libidinosa. Asimismo se ponen a consideración en el artículo una paradoja de la época- la libertad como coacción- y el elogio de Han al dataísmo, escalofriante por cierto: mundo en que todo sería exterior, comunicable y transparente. Ferrante esgrime conceptos de Jorge Alemán y Enrique Acuña para oponerse a la visión de Han y concluye que a pesar de la supuesta libertad del yo, la pulsión no se extingue. Si en las sociedades disciplinarias de la época freudiana se prohibía gozar, ahora gozar es una orden.

“La ficción crea nuevas posibilidades de lo siniestro, que no pueden existir en la vida real”, escribía Sigmund Freud. De este modo concluye “Inteligencia artificial y vida pulsional”, de Martín Gómez, escrito en el que se pregunta lo siguiente: “Un cuerpo artificial ¿podría estar en el origen del enigma y provocar de esa forma una demanda tramitable por lo psíquico?” Respondiendo de inmediato “lo que representa una urgencia para el cuerpo vivo solo podría ‘hacerse carne’ como mandato cerrado en un autómata”, Gómez clausura de antemano las preguntas más adelante desplegadas en el texto: ¿pueden las inteligencias artificiales, delirar, soñar, satisfacerse? No, ya que el recorrido está prefijado y el objeto determinado de antemano por el deseo del programador. Respuesta que, no obstante, no sofoca del todo lo inquietante en estos “mitos y algoritmos del porvenir”.

Muniéndose de la importante afirmación freudiana “En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso, desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo”, Daniela Ward se aboca a pensar el modo de existencia de los pueblos originarios en el empuje actual a la globalización. Los guaraníes ocuparían el lugar de excepción convirtiéndose en el residuo mismo de la sociedad posadeña. Ese resto, lo no conquistado, lo inapropiable, al ser rechazado, podría estar colaborando con la misioneridad que se constituye ciega a lo segregado. Si el racismo es el odio particular a la manera en que el Otro goza, más nos valdría estar advertidos de que “si el Otro está en mi interior en posición de extimidad, es también mi propio odio.”

El trabajo de Daniela Gaviot se dirige de modo decidido a lo real, con el objetivo de sostener una praxis que implique su tratamiento vía lo simbólico. En una lectura de “Posición del inconsciente” y el Seminario XI de Jacques Lacan, explica las operaciones de alienación y separación antes de abordar la pulsión, la libido lacaniana (laminilla) y el objeto perdido que oficia de causa para el ser hablante, oculto, a veces, detrás de los velos del amor.

Claudia Fernández titula su contribución “Una buena fortuna”. ¿Cuál sería ésta? El encuentro con un analista, cuyo deseo permitiese localizar en el hablar de cada sujeto un rasgo no generalizable. Es decir que el psicoanálisis- en tanto reverso de la vida contemporánea (discurso capitalista, mercado, tecnociencia)- propone captar aquello rechazado: el sujeto del inconsciente.

Fátima Alemán reactualiza la polémica Lacan-Ricoeur, debate entre el psicoanálisis y la hermenéutica a la que el filósofo pretendía reducirlo. En un recorrido pormenorizado a través de citas de Lacan que solo aluden al filósofo y otras que lo nombran explícitamente (“Del trieb de Freud y del deseo del analista”, Seminario 11, “Discurso a los católicos”), Alemán explica porqué el psicoanálisis no es una hermenéutica, es decir, un procedimiento que busca una explicación siempre nueva, al modo de la exégesis religiosa. En el psicoanálisis no se trata- como lo quería Ricoeur- solamente de lo apolíneo (vivificante) de la representación, sino del costado “Dios negro” de la pulsión. Así las cosas, será el deseo del analista la única garantía de la técnica del psicoanálisis.

El artículo “De imposibles e impotencias” consta de dos partes. La primera, sigue el derrotero lacaniano en la construcción de su imposible lógico, a través de los Seminarios 17,18 y 19: padre de la horda primitiva, proposición universal de la mujer, escritura de la relación sexual y lo real como agujero en la malla del discurso. La segunda parte, con elementos desarrollados por Enrique Acuña en su seminario CABA 2017, quien escribe intenta captar la trasmutación que un análisis opera en una vida: del fatum fatídico, de la impotencia, al aislamiento del imposible lógico, y los efectos de tal operación.

El trayecto propuesto por Leticia García es “De la pulsión a-sexual al goce femenino”. Se inicia con la estrecha ligazón conceptual entre el inconsciente y la pulsión en Freud y continúa con tres escansiones en la enseñanza de Lacan, desde la disyunción inconsciente/pulsión hasta pensar en términos de “afectos somáticos de la lengua”. Un pasaje por la conceptualización del goce femenino como Otro goce (que el fálico) le habilita a Leticia García la posibilidad, en los párrafos finales de su trabajo, de orientarse no solo en la clínica sino también en la época.

El enigma de la feminidad inspira su texto a Adriana Saullo. El drive pulsional, no lejano al campo de das Ding, interesa en tanto pone en juego el concepto de masoquismo. Una revisión de “Pegan a un niño” y de las mezclas y desmezclas pulsionales en “El problema económico del masoquismo” parte desde Freud y una arquitectura ternaria- masoquismo erógeno, femenino, moral- hacia la consideración en Lacan del masoquismo como femenino allí donde especialmente se rompe la medida fálica.

En “El mundo de las imágenes y la corrupción de Alétheia”, Carolina Roa rastrea las influencias cartesianas y heideggerianas en el pensamiento de Lacan. Las primeras, como fundamento de la ciencia moderna. Las otras, la denuncia del error que consistiría en definir al ser como un ente supremo reduciendo la alétheia (verdad) a la exactitud y a la lógica de los objetos de las representaciones, abriendo de ese modo el camino, por ejemplo, a las neurociencias, al suministro de psicofármacos y a la efímera felicidad que provoca la adquisición de objetos (gadgets).

El libro finaliza con la reflexión de Fernando Kluge al retomar las consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica, las salidas del Edipo, el penisneid y el masoquismo femenino para orientarse en el marco de lo contemporáneo. En nuestros días, no se otorga una prevalencia al ideal o a la ley. Antes bien, el objeto (a) en el cénit de lo social da cuenta de la infinitización de los sentidos, la pluralidad de modos de gozar, el consumo de objetos técnicos, el racismo y la segregación: una “feminización” de la época que no se reduce a un rasgo de género sino a lo que sucede más allá de la lógica fálica. Ante este panorama, frente a las respuestas que buscan un control, el psicoanálisis se erige como recordatorio de que la falla es estructural: lo imposible de la escritura de la relación entre los sexos, el sujeto dividido y lo irreductible de la pulsión. Frente a esto, la posibilidad de un arreglo singular.

Espero con este recorte mío haberlos causado a la lectura de Vidas pulsionales.

Bibliografía:

Acuña, Enrique (compilador): Vidas pulsionales, El Ruiseñor del Plata, 2018.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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