Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 10 • Octubre de 2020 •

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Las pasiones razonadas

Leticia García

Miembro y docente de Pragma- Instituto de Enseñanza e Investigación en Psicoanálisis, Miembro de la Red AAPP (Red de Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas), Responsable del Grupo de Investigación “Conceptos fundamentales”, autora de diversos artículos publicados en libros y revistas de psicoanálisis.

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Andrea Mac Micking. @andremacmickingphoto

 

El tema de la pasión fue propuesto en el seminario “El Otro del desengaño” por Enrique Acuña (1), quien abordó la temática del engaño del inconsciente en relación al deseo, como pase requerido en un análisis para llegar a saber algo sobre lo real en juego en una vida. Para eso articuló cuatro términos: pasión, deseo, pulsión y afecto, ligados por la retórica del lenguaje.

 

Al detenernos en las pasiones, encontramos que son concebidas de diferentes modos dentro del psicoanálisis: perteneciendo al campo de las emociones como propias del registro imaginario, entendiendo a este último de un modo degradado en tanto espejismo; o como fenómenos discursivos (amor, odio, aburrimiento y otros tantos) propios de la subjetividad de una época; o como pasiones del ser, de un ser en falta, lo que involucra al Otro del inconsciente y al objeto pulsional.

 

Freud hablaba preferentemente de afecto y lo oponía a pensamiento. El afecto y la Vorstellunguen, la representación, estaban diferenciados y en oposición en el abordaje freudiano. Al hablar de pasión Lacan propone un nuevo término que le permite enlazar pensamiento y afecto, con el que anuda el significante y el goce y que conduce a revisar la conceptualización previa sobre el cuerpo. (2) Entendidas de este último modo, las pasiones entrelazan los tres registros lacanianos: imaginario, simbólico y real.

 

Pasión/razón

Adjetivar a las pasiones de razonadas remite al anudamiento lacaniano del goce con el pensamiento, pero también a la concepción de filósofos como Spinoza, que no sólo se ocuparon de las pasiones sino que las entendieron articuladas, y no en oposición, a las ideas y a la mente.

 

Baruch Spinoza (1632- 1678) se ocupó de las pasiones al igual que Descartes, pero desde una nueva perspectiva. Recorramos su argumentación: Dios es absolutamente infinito y existe como sustancia constituida por infinitos atributos (esencias) y a él le pertenece toda la realidad (habla de un Dios-Naturaleza). De Dios puede decirse que es único en sentido cuantitativo, pero infinitamente pluridimensional en sentido cualitativo, lo que habla de su plenitud ontológica sin reducirlo a una identidad homogénea. Sólo se conocen dos de estos atributos: la extensión y el pensamiento, cuyos modos respectivos son los cuerpos y las ideas (ideas = alma = mente); y sostendrá que entre ambas (cuerpo/ideas) hay una estricta correspondencia de orden y conexión. Esta pareja de atributos constituye a todo individuo, incluido al humano.

 

De este modo Spinoza rompe con el dualismo cartesiano y avanza emprendiendo el estudio a las pasiones y a los afectos de los hombres con el mismo método con que se estudian las leyes de la naturaleza, en tanto “la naturaleza es todo y es siempre la misma y en todas partes la misma, todo debe ser tratado con el mismo método para entender la naturaleza de las distintas cosas”. “Consideraré las acciones y los apetitos humanos igual que si fuese cuestión de líneas, superficies o cuerpos.” (3)

 

Enrique Acuña en su seminario “El Otro del desengaño” tomaba los textos de Spinoza para señalar que este autor concibe un Dios deseante, en tanto es la sustancia misma que se extiende en la conatus, el ser que persevera en ser, ser que se extiende. Y ubicaba a las leyes de Dios como la red-tórica del inconsciente por donde circula el deseo. Un circuito donde siempre queda un resto inaprensible para esa misma red de significantes. Elemento inasible pero que forma parte de esta red-tórica en tanto objeto éxtimo, pulsional, que funciona como causa de los afectos y de la angustia.

 

“El deseo es la esencia misma del hombre”, afirma Spinoza, en la medida en que su esencia es concebida a partir de sus afecciones, son sus afecciones las que conducen al hombre a hacer algo. Entonces, el deseo es la potencia pura del acto y es la retórica la que puede encauzar este afecto. Agreguemos que si bien la pasión es una afección del ser, ignora el deseo inconsciente por lo que tiende al acto, forcluyendo la causalidad significante.

 

Pero recordemos que las pasiones también son entendidas como afecciones de la subjetividad en tanto que colectivo, y no referidas sólo a un sujeto individual. De este modo, están ligadas a las variaciones de las épocas y expresan el cosmos cotidiano (como lo llama Lacan en el Seminario La angustia), donde todo está dispuesto como significado. Las pasiones entonces, son también una forma de dar sentido al mundo en que nos toca vivir. Todos tenemos un aparato mítico desde donde creamos un cosmos, en términos de una cosmovisión compartida. El cosmos apela a lo universal y eso es la pasión entendida como la pasión del significado.

 

Pasión, razón, cosmos

El filósofo italiano contemporáneo Remo Bodei en su libro Geometría de las pasiones –Miedo, esperanza, felicidad: filosofía y uso político-, toma la problemática de las pasiones y cómo éstas afectan, y son usadas para intervenir en, nuestra cosmovisión compartida.

 

Realiza en su libro un análisis de la modernidad y con ese fin propone un repaso de la historia apoyándose en el pensamiento de numerosos filósofos, centrándose en Spinoza. Plantea en la “Introducción”: “Por mucho tiempo las pasiones han sido consideradas como factor de turbación o de pérdida temporal de la razón. Signo manifiesto de un poder extraño para la parte mejor del hombre, lo dominarían, distorsionando la clara visión de las cosas y desviando la espontánea propensión al bien. Agitando, el espejo de agua de la mente se enturbiaría y se encresparía, dejando de reflejar la realidad e impidiendo el querer discernir alternativas para las inclinaciones del momento.” (4) Crítico de estas ideas, pone en cuestión la filosofía moderna de Descartes, Hobbes y Kant; recordando que este último hablaba de las pasiones como un “cáncer de la razón”.

 

“Mi programa de trabajo, por decirlo así, ha sido siempre, no la colonización de la vie sauvage (en referencia a las pasiones y parafraseando a C. Levi-Strauss) por la razón, sino más bien la comprensión de su estructura, de su lógica interior. En este sentido, creo que no tenemos que predicar frente al imperialismo de la razón un imperialismo de las pasiones, sino saber que no hay conflicto entre razón y pasiones o entre razón y locura. La oposición existe sólo si la razón es entendida como autorreferencial, defensiva, como una fortaleza; es ahí donde hay una contraposición razón-pasiones. Si, por el contrario, pensamos la razón como una razón-hospital, (en el sentido que hospeda) una razón que sabe que existen otras lógicas, ésta no se aísla, descalificando todo lo que está más allá de ella, porque sabe que hay muchas maneras de organizar el discurso. Por ejemplo, una pasión como la cólera, que parece totalmente irracional, no lo es si la consideramos el resultado de una vida llena de desilusiones, de promesas no cumplidas: hay una proporción –una ratio– entre ese tiempo más largo y los resultados.” (5)

 

En referencia a la pasión entendida como locura, tomará para analizar el ejemplo del delirio: “Esto se puede ver también en el delirio. Yo creo que es posible marcar la diferencia entre razón y pasión o delirio desde una razón-hospital como algo que comprende que hay una legalidad en lo que es diferente, pero que no acepta su lógica. He trabajado recientemente sobre el delirio para ver cómo se hace, por ejemplo, lo que llamamos la categorización. Hay una palabra en inglés para referirse a esta categorización delirante por exceso: overinclusion (sobreinclusión). Lo que he descubierto es que la razón de esta overinclusion no es el hecho de que la conciencia esté dormida, sino que está demasiado despierta, es decir, que nota toda una cantidad de particularidades que las personas sanas borran por que no tienen importancia, como por ejemplo el color de las corbatas de todos los que están en una ponencia. Comprender la razón de las pasiones, o del delirio, consiste en decir que las pasiones o el delirio tienen razón, creer que la razón no es monolítica, sino un sistema que tiene que enfrentarse a lo que parece negarla. En ese caso, la razón que se enfrenta con las pasiones o con el delirio, al final es más fuerte que la razón que se encierra en sí misma”. (6)

 

Este planteo sobre una razón hospitalaria muestra el esfuerzo por comprender, por racionalizar las pasiones encontrando las leyes que las expliquen, por entender la retórica que las expresa. Remo Bodei se aboca a un trabajo de anudamiento de razón y pasión, donde se trata de expandir, abrir la razón para de este modo entender y volver positivas las pasiones con el fin de construir una ética “en la cual las pasiones sean comprendidas como formas expresivas y refinadas, y no como meros impulsos primitivos e inmutables”.

 

En el capítulo XIII “Miedo y delirio” Bodei se detiene en Séneca, quien si bien pretende para los hombres el dominio de sí mismos en vez de ser esclavos de las propias pasiones, admite la realidad efectiva de un fracaso en esta aspiración. El furor, para el filósofo, se vuelve razonable locura, tensión consciente hacia un objetivo que se sabe socialmente prohibido y autodestructivo. El loco ya no es un individuo irracional, sino un desviado respecto del camino de la razón, porque conserva una lógica y coherencia específica al dirigirse hacia el mal o el crimen. Toma el ejemplo de Medea, a la que Eurípides le hace decir: “Yo sé cuán grande es el mal que estoy por llevar a cabo, pero es más grande mi pasión”.

 

También se referirá en el libro al uso político que se hace de las pasiones: toma al miedo y a la esperanza en tanto son usados por el Estado y la Iglesia respectivamente como medios de dominación y control de los hombres. El miedo y la esperanza paralizan las acciones de las personas e impiden el desarrollo del hombre y la felicidad como pasión constructiva.

 

Propone entonces una articulación creativa entre normas y afectos (razón y pasiones) que proporcionaría el horizonte de una universalidad necesaria, sin desconocer  y respetando las singularidades. Así es como introduce a Baruch Spinoza quien le permite salir del binario y pensar un amor intelectual, en el cual se hace el bien porque se está convencido, porque “nos gusta”. Hay que aclarar que para este autor no se trata de un bien ligado al placer, sino a la felicidad como pasión, en tanto puedo ir al martirio convencido, con la autoestima de que soy mejor que mis enemigos que van a matarme. En este sentido, la moral es algo que me confirma en mi identidad mejor, lo que conduce al filósofo a sostener que no hay contradicción entre un soldado que muere en batalla y uno que intenta huir, porque ambos actúan por egoísmo, porque prefieren la parte mejor de sí mismos a la parte que consideran peor. Y propone evitar la forma penitencial de moral, tanto como la forma individual. Hay una razón moral, la moral que expresa la responsabilidad de cada uno de nosotros, es una forma fuerte de coherencia consigo mismo. Esta moral conlleva alegría, pero una alegría que no es una forma de irresponsabilidad, porque debe contener, contemplar al Otro de su época.

 

La pasión para Bodei es la emoción que puede llevarnos a compartir la experiencia del otro, a compartir su pathos: la com-pasión y sim-patía, que no se refieren a otra cosa que a esa posibilidad de sentir como propio lo que al otro le pasa, vivir lo que el otro vive, sufrir lo que el otro sufre, de manera que el pathos del otro, no sea ajeno; la solidaridad es lo contrario de la indolencia, que es la imposibilidad de sentir el dolor del otro, según el autor.

 

Pero esta compasión que propone el filósofo ignora justamente el objeto inaprensible de dicha retórica compartida, ese objeto causa de deseo para cada sujeto y que circula por ella también. Objeto que no se deja domesticar por la cosmovisión universal y los ideales que la acompañan en cada época. Este objeto resto de la deriva del deseo y en relación éxtima al sujeto, se presenta siempre con esa “extraña familiaridad” que impide “amar al prójimo como a sí mismo” y alimenta las pasiones del miedo y el odio. Se tratará entonces, no de conocer las buenas razones como pretende Bodei sino de introducir al sujeto del inconsciente. Introducir un sujeto que sea autor de esa escena que sostiene sin enterarse, y vía un psicoanálisis llegar a saber sobre la causa que lo anima.

 

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Escrito a partir del trabajo presentado en la III Jornada de la Red de Asociaciones Analíticas y Publicaciones Periódicas (AAPP) “En el curso de la angustia -El psicoanálisis con los afectos-”. Sábado 7 de septiembre de 2019 en CABA.

Notas:

1)-Acuña, Enrique: Seminario El Otro del desengaño (2019)- Página donde encontrar los comentarios de las clases:  https://seminarioenriqueacuna.wordpress.com

2)-Idea que despliega Éric Laurent en la “Primera conferencia” del libro Los objetos de la pasión, Tres haches, 2004.

3)-Spinoza, Baruch: Tercera parte “Del origen y de la naturaleza de los afectos” en  Ética demostrada según el orden geométrico, Gredos, España, 2015. (Pág.104)

4) -Bodei, Remo: Geometría de las pasiones, Miedo, Esperanza, Felicidad: Filosofía y uso político, Fondo de cultura económica, México, 1995. (Pág. 9)

5)-Entrevista con Remo Bodei por Guadalupe González, Araceli Fernández y Paz Vaello. https://revistas.ucm.es/index.php/ASEM/article/download/

6) Ídem

Bibliografía:

– Acuña, Enrique: Seminario El Otro del desengaño- Clase “Del cosmos del mundo a la Otra escena” del 18/5/19 https://seminarioenriqueacuna.wordpress.com/2019/08/02/del-cosmos-del-mundo-a-la-otra-escena/

– Acuña, Enrique: Seminario El Otro del desengaño- Clase del 6/4/19 (Inédita)

– Acuña, Enrique: Seminario El Otro del desengaño”- Clase del 4/5/19 (Inédita)

– Lacan, Jacques: Seminario 10, La angustia, clase III “Del cosmos al Unheimlichkeit”, Paidós, Bs. As., 2006.

– Spinoza, Baruch: Ética demostrada según el orden geométrico, Gredos, España, 2015.

– Laurent, Eric: Los objetos de la pasión, Tres haches, Bs. As., 2004.

– Bodei, Remo: Geometría de las pasiones, Miedo, Esperanza, Felicidad: Filosofía y uso político, Fondo de cultura económica, México, 1995.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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