Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 7 • Marzo de 2018 •

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Lacan, lector hormiga

Comentario del libro Curarse del lenguaje –locuras y psicosis– en Asunción

José Vicente Caballero Quiñónez

Psicoanalista en Asunción, Paraguay. Miembro de AGAPE Psicoanalítico Paraguayo y miembro editor de la Revista Tatarendy.-

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Son varios los planos en los que uno podría, como lector, navegar con el texto de Enrique Acuña: El lenguaje conector: curarse de las psicosis. Elijo uno de ellos, apoyado en un señalamiento que efectúa acerca del lugar que Lacan ocupa para llevar adelante lo que suele significarse como su “retorno a Freud”.

Sobre el punto, anota Acuña: “En esa senda, los conceptos elaborados sobre la psicosis por Lacan son resituados en términos de una renovación desde el punto de vista epistémico y clínico”. Atención que aquí viene un vocablo clave sobre el que se sostiene dicha renovación. Prosigue: “Lacan hará uso de la lingüística, la antropología y la filosofía de su tiempo con los cuales Parodia -en el texto el vocablo está en minúsculas pero mi lectura es en mayúsculas- a su precedente”. Luego de este señalamiento, Acuña ya no regresa a ese vocablo pero asumo que todo lo que viene habrá que leerlo desde ese lugar fundado por “parodiar al precedente”.

Es como en esas películas de misterio policial en que el detalle revelador está ubicado entre otros tantos objetos del entorno, al punto que pasa desapercibido. Es mi propósito que al vocablo PARODIA no le ocurra eso. Para ello es importante señalar que originalmente, la parodia (del griego en contra de o al lado de, y oda) es una obra satírica que caracteriza o interpreta humorísticamente otra obra de arte, un autor o un tema, mediante la emulación o alusión irónica; sin embargo, modernamente, la parodia no implica necesariamente la burla del texto parodiado, sino que se acentúa el real sentido de al lado del canto aludiendo a repetición con diferencia, sin necesariamente burla.

Por aquí disponemos de algunas pistas de ese lugar desde donde Lacan “repite a Freud”, “parodia a Freud”. Acuña apela al vocablo PARODIA para relevar la modernidad de la lectura de Lacan: se pone al lado de Freud para efectuar esa repetición con diferencia, sin necesariamente burla. Y es en este sentido que podemos releer cuando dice: “…la teoría de las psicosis supone un punto paradigmático de lectura”.

A modo de disponer de una idea más cercana del efecto paródico, recordemos lo que Miguel de Cervantes logra al parodiar a los libros de caballerías: produce el universal Don Quijote de la Mancha. En la literatura paraguaya, Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos, se constituye en una serie de nudos borromeos en la que se parodian diversos textos para efectuar lo que Nora Esperanza Bouvet considera como “una crítica política de la cultura”[1]. Por ejemplo, cómo no reencontrarnos con la pareja Don Quijote/Sancho Panza en la dupla Francia/Policarpo Patiño en la que este último aparece como queriendo parodiar el discurso del Supremo, discurso “supremo” que a su vez es parodiado – en el doble sentido de burla y de relectura – por otra serie de voces, textos al pie de página que desarman la pretensión del discurso supremo en erigirse como el Uno.

Al pasar, mencionemos en este punto que ya en otras ocasiones Enrique nos mostró -en una serie de documentales- precisamente de qué manera los mbya guaraní siempre están en la tarea de impedir que se constituya dicho discurso Uno y que entre ellos también el “curarse del/con el lenguaje” es el modo cultural a mano para que el sujeto vuelva al juego de la vida.

Retomemos lo de Lacan parodiando a Freud. Acuña nos recuerda algunas de las herramientas de las que se vale Lacan para eso: lingüística, antropología, filosofía. Similar procedimiento realiza Roa Bastos: asimila textos de diversos orígenes (historia, filosofía, estética, literatura) para replicarlos, negarlos; se apropia de enunciados, los absorbe y los transforma. De esa “negatividad creadora”, paródica, surge la escritura de Yo, el Supremo, singular texto que exige ser oído más que leído. Probablemente no resulte casual que la obra paródica de Lacan se defina justamente por los seminarios en los que la voz, los gestos de Lacan, configuran la puesta en palabras del trabajo de la parodia.

Para avanzar en la tarea, Lacan, como El Supremo, revisa los textos de Freud, los registra “a lupa con ojos de lupus, con los tres ojos de las hormigas” que aunque ciegas, “saben qué hojas cortan”. Y considerando este modo de proceder, podemos arriesgar que más que la psicosis como lugar de entrada para el retorno a Freud, Lacan despliega su trabajo desde ese lugar llamado parodia y con ello nos muestra su plena modernidad, en tanto lleva adelante un notable trabajo de reescritura para llevarnos en una red de referencias de una textualidad a otra. Su trabajo es de artesano, meticuloso, recorta y adapta citas al nuevo espacio reflexivo/paródico que está generando. Nos muestra destreza y humor.

Algo de eso mismo refiere Roa sobre su trabajo en una confidencia a Alejandro Maciel, su médico: “Cuando uno escribe, las fuentes se cruzan, es un proceso increíble de mutación de escrituras que van hallando la voz propia para expresar la complicación casi nebulosa en que uno se mueve. Somos ciegos tanteando en un desierto”[2]. Es así, por ejemplo, que Lacan relee al Freud que analizó el caso Schreber para decir – y esto nos recuerda Acuña- “algo más que Freud: su hipótesis sobre la causalidad”.

La mirada de hormiga, la de tres ojos, también aparece en el hecho que en ese análisis del referido caso, Lacan “observa la intertextualidad con una serie de influencias en el uso que se hizo de un texto, como un nuevo artefacto lingüístico, que el sujeto construye para distanciarse de la invasión de otro maléfico que quiere demasiado de él”. En esto Lacan, como El supremo, sabe que “escribir no significa convertir lo real en palabras sino hacer que la palabra sea real”, porque ello supone “la introducción de la función del sujeto del inconsciente, el más de sentido” que, a su vez, “permite atribuir la propiedad creativa del lenguaje”. Precisamente Acuña nos recuerda que “Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible, implica la creencia en que una frase puede ser transformada por la invención de un nuevo conector gramatical”.

Esta idea se refuerza al final del texto cuando escribe: “Si hubiera una curación, el sujeto psicótico se curaría en la sutil fabricación de una metáfora delirante como cuerpo simbólico-imaginario, un artefacto hecho en defensa de la transformación al infinito de lo real que se impone, es lo que nos enseña el cuerpo transformado por la gramática en Schreber”.

¿Habilita, por tanto, el trabajo paródico de Lacan, referirse a la existencia de lo que en algún momento se denominó “psicosis lacaniana”? Recordemos la anécdota en que se fundamenta esta afirmación, recordada por Joël Dor, a partir de un relato de Marcel Czermak:

“No habiendo nunca encontrado casos de este tipo, no habiendo hallado referencia alguna en tratados y publicaciones, le hablé de esto a Georges Daumezon, de quien yo era adjunto. Dispensándose de examinar al paciente, él había manifestado el habitual escepticismo irónico que le era caro, diciéndome: ‘Como usted es lacaniano, usted lo ha inducido. Todos sabemos que los pacientes hablan el lenguaje de su analista. Usted ha fabricado una psicosis lacaniana’”.

Y Marcel Czermak prosiguió en estos términos: “Yo estaba seguro de no haber sugerido absolutamente nada, la relectura de mis observaciones me lo prueba. Yo le había comentado a Lacan la observación de Daumezon […] Es así como al final de nuestra entrevista Lacan me dijo: ‘Cuando se entra en detalles se ve que los trabajos clínicos escritos en los tratados clásicos, no agotan el tema. En una ocasión examiné a alguien, hace un mes y medio quizás, de quien se había dicho que padecía una psicosis freudiana. En este caso (Lacan se había vuelto hacia mí con una sonrisa) es una psicosis lacaniana… al fin realmente caracterizada’ […]. Desde entonces, el término “psicosis lacaniana”, que era una especie de broma, transita por todos lados sin que la mayoría tenga idea de su origen.”

De vuelta en esta anécdota, encontramos al Lacan paródico pero puntual: recuerda que “los trabajos clínicos escritos en los tratados clásicos, no agotan el tema”. Lacan, como nos recuerda Acuña, “libera de cualquier propiedad o color afectivo al significante, es algo autónomo; un significante puede hacer de cualquier cosa”… “hacerse un ser”. De allí su relectura de Freud, sus tres ojos haciendo introducir al sujeto del inconsciente y con ello la posibilidad de un decir con la potencia creativa del lenguaje que siempre podrá permitir otra lectura de las psicosis.

Esta relectura permanente la encontramos también en el hecho de que veinte años después de su tesis sobre Aimée, Lacan formula su pregunta Acerca de un tratamiento posible para la psicosis cuando la propuesta de situar en primer plano la relación del sujeto con el lenguaje estaba más que planteada.

En este sentido, el texto de Enrique Acuña, más que aludir a una clínica de la psicosis, pasa por señalarnos, en un gesto sutil, la potencia creativa que subyace a la parodia como lugar de trabajo. Quizás porque la parodia es la que se aproxima más al juego de la vida, a los recursos varios del lenguaje y por ello también habla, de alguna manera, de la experiencia del análisis, en el sentido señalado por Lacan: “La experiencia del análisis” no es otra cosa que realizar lo que es esta función, como tal, del sujeto”.

 

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Texto leído en ocasión de la presentación del libro Curarse del lenguaje –locuras y psicosis- (2016) de Enrique Acuña (Compilador), Ediciones El ruiseñor del Plata, realizada en Asunción en octubre del 2017, con la presencia del autor y Mara Vaschetta Boggino de la Asociación Psicoanalitíca Paraguaya Arandú.

Notas:

[1] Nora Esperanza Bouvet (2009). Estética del plagio y crítica política de la cultura en Yo el Supremo. Servilibro. Asunción.

[2] Alejandro Maciel (2002). El trueno entre las páginas (Diálogos entre Augusto Roa Bastos y Alejandro Maciel). Asunción, Intercontinental Editora.

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