Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 3 • Julio de 2015 •

dominancias
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Freud en el discurso de la ciencia
–El Proyecto “censurado”–

Marcela Reichert

Lic. en Trabajo Social, Jefa de Servicio Social del Hospital IEAC Dr. Alejandro Korn. Miembro de la APLP. Integrante del Escritorio Clínico “Psicoanálisis y Salud Mental”.

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Xul Solar
Alma Dás Pirámides. 1921
Derechos reservados
Fundación Pan Klub - Museo Xul Solar

20-13-Alma das piramies

Este espacio de investigación se inaugura con el interés de situar las coordenadas de una época para pensar la intersección de los términos Psicoanálisis y Salud Mental, tal como se presenta en la práctica cotidiana, como un campo de entrecruzamientos de diferentes discursos. Con esta orientación, este año comenzamos explorando los debates actuales entre el psicoanálisis y las neurociencias. Este giro en la investigación nos llevó a consultar la referencia freudiana contenida en lo que se conoce como el Proyecto de una psicología para neurólogos, escrito por Freud en 1895 en una correspondencia de intercambio personal con Wilhelm Fliess y que fue publicado sin su autorización en 1950 por el psicoanálisis postfreudiano, y retomado en la actualidad como referencia científica por las “ciencias de lo neuro”.

La Edición de “Cartas escogidas” apareció por primera vez en Londres en el año 1950, compiladas por Marie Bonaparte (Paris), Anna Freud (Londres) y Ernst Kris (Nueva York). En el “Prologo” señalaban que “el principio de la selección fue publicar lo referido al trabajo científico y a los intereses científicos del escritor…”. Es aquí donde se incluyen las cartas de Freud a Fliess que llamarán Proyecto de una psicología para neurólogos y que más tarde serán incluidas con ese título en las Obras Completas de Sigmund Freud, del psicoanalista inglés James Strachey. Siguiendo lo que enseña Freud como precursor en la investigación, en el Escritorio clínico Psicoanálisis y salud Mental, nos interesamos por indagar el uso que se hace de la referencia freudiana en el discurso de la ciencia. Enrique Acuña afirma que “si bien recurrimos a los datos cronológicos de la historia, ellos no son sin la referencia inmediata a un nombre propio”. Hay que considerar tres dimensiones del psicoanálisis, que se anudan necesariamente: la clínica, en la experiencia única de un análisis; la epistémica, con la visión crítica de la teoría; y la política, en el modo de trasmisión de un psicoanálisis.

Para no perdernos en el saber referencial, en el Seminario Investigación Analítica del año 2014 “El inconsciente freudiano y el porvenir” se presentaron las distintas versiones que podemos rastrear del concepto de inconsciente, tanto en Freud como en Lacan [i] (1). Además del texto del Proyecto, tomamos como referencia bibliográfica Sigmund Freud Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904).[ii]

Al iniciar la correspondencia con Fliess, Freud tenía 31 años y era Privat-Dozent de neuropatología en la Universidad de Viena. Había residido seis meses en Paris para estudiar con Charcot. Fliess, dos años más joven que Freud, ya había alcanzado renombre como otorrinolaringólogo en Berlín. En otoño de 1887, en un viaje de estudios a Viena y por sugerencia de Josef Breuer, asistió a las lecciones de Freud. Los dos médicos con ambiciones científicas habían viajado a París para trabajar bajo la dirección de Charcot. Un gusto por la investigación y la aventura de la ciencia los unió en el campo profesional. Durante los diecisiete años por los que se extiende este epistolario, Freud escribió Estudios sobre la histeria (1895), La interpretación de los sueños (1900), así como el Historial clínico de Dora (1901). El intercambio termina cuando comienzan las dificultades provenientes de la rigidez de Fliess para defender sus teorías, que reclama como su propiedad intelectual aferrado a la hipótesis de que todos los sucesos importantes de la vida de un ser humano estaban predeterminados por una periodicidad biológica. Con inquietudes hacia la biología general, Freud le comunicó sus pensamientos en cartas y en una serie de trabajos denominados “Manuscritos”, desconocidos hasta la época de la Segunda Guerra Mundial, después de la muerte de Freud en Septiembre de 1939. El sondeo intransigente de Freud sobre las consecuencias psíquicas de las vivencias sexuales tempranas de sus pacientes tropezó con el rechazo de sus colegas médicos. Por muchos años, Fliess fue su único público. En su libro, Masson señala que es poco esclarecedor interpretar la intensidad de esta simpatía como un fenómeno de transferencia, es decir, ver en la relación con Fliess un necesario precursor del autoanálisis de Freud.

Estas cartas fueron editadas por el escritor estadounidense Jeffrey Moussaieff Masson, que en 1978 insistió sobre Anna Freud para emprender una reedición que será autorizada y publicada en 1985. Es una versión literaria donde no se incluyen las cartas del Proyecto. Aquí se puede encontrar la correspondencia iniciada por Ida Fliess el 6 de diciembre de 1928 (dos meses después de la muerte de su esposo), solicitando al profesor Freud las cartas remitidas por Fliess, a lo que Freud responde “que no ha encontrado nada y se inclina a suponer que toda la correspondencia ha sido destruida”.

En este libro también se encuentran los textos del intercambio epistolar entre Marie Bonaparte y Freud. El 30 de diciembre de 1936 Marie Bonaparte le escribe a Freud “que un comerciante de objetos de arte obtuvo de la viuda de Fliess las cartas y manuscritos, que ha recibido ofertas de América pero que prefiere que los valiosos documentos queden en Europa y ha resuelto comprarlos”. Freud responde: “es un servicio extraordinario haberlas adquirido”, y finaliza “No me gustaría que nada de esto llegara a conocimiento de la llamada posteridad…”. Marie Bonaparte replica: “… se perdería algo de la historia del psicoanálisis, esta nueva y única ciencia, creación de Usted, que es más importante que las ideas del propio Platón… No sé lo que contienen las cartas, y no he de leer nada si esa es su voluntad”. El 10 de enero de 1937 Freud responde: “Desde luego me parece bien que tampoco Ud. lea las cartas. Estas cartas discurren sobre todos los temas posibles, cuestiones tanto objetivas como personales, y lo objetivo que se refiere a todas las anticipaciones y los caminos errados del análisis germinal, es en este caso también genuinamente personal”.

Siguiendo a Freud no cabe duda que las cartas no fueron escritas con la idea de ser publicadas y mucho menos con la intención de una transmisión.

Las Obras Completas de Sigmund Freud llevó un trabajo de traducción que se realizó a lo largo de dos décadas, entre 1953 y 1966 por James Strachey, quien sitúa claramente la carencia de una edición en alemán verdaderamente confiable y la importancia de haber utilizado las publicaciones originales en alemán supervisadas en forma directa por Freud. De la extensa correspondencia y manuscritos impresos con el consentimiento de Freud, hizo la excepción con el epistolario con Wilhelm Fliess, por considerar que tiene importancia para la comprensión de las concepciones de Freud, donde se constata el desplazamiento del interés científico de Freud por la neurología hacia el psicoanálisis. Fue concertada con el manuscrito original que no lleva título alguno; el que figura fue escogido por quienes publicaron después de su muerte y sin su autorización, la edición alemana de 1950 (M. Bonaparte, A. Freud, E. Kris).

Freud no solo era un especialista en neuroanatomía y en fisiología, sino un gran lector de los clásicos griegos y latinos, así como la literatura de su propia lengua y las de Inglaterra, Francia, Italia, España.

Strachey hace un resumen histórico en la “Nota introductoria”, señalando que la historia de la relación de Freud (1856-1939) con Wilhelm Fliess (1858-1928) fue narrada en su biografía por Ernest Jones y por Ernst Kris en su estudio preliminar de este epistolario en alemán. Refiere que las cartas de Fliess no han sobrevivido y que es indudable que fueron destruidas por Freud mucho tiempo antes de que Marie Bonaparte descubra y decida publicar, desafiando el empeño del autor por destruirlos (quien era su maestro y analista).

El propósito de las cartas no era dar una elaborada expresión de sus opiniones de manera pública, sino que fueron intercambios, como las nombraba Freud, de cuestiones personales y objetivas, en el ámbito de lo privado.

Durante todo el año 1895 Freud estuvo dedicado a lo que en ese momento creía el problema teórico fundamental, la relación entre neurología y psicología. Estas reflexiones desembocan en el trabajo inconcluso que se ha denominado Proyecto de psicología, escrito en setiembre y octubre de ese año. En la “Carta 23”, del 27 de abril de 1895, Freud se quejaba: “me encuentro atollado en la psicología para neurólogos, es un asunto arduo y lento”. Un mes después, el 25 de mayo (“Carta 24”), explicaba un poco más en qué consistía la susodicha psicología: “Esa psicología me ha hecho su lejano y cautivante llamado, pero ahora, desde que di con las neurosis, se ha tornado mucho más próxima. Dos ambiciones me atormentan: Qué forma cobrará la teoría del funcionamiento psíquico, si se introduce en ella un enfoque cuantitativo, una especie de economía de la energía nerviosa. Y segundo, extraer de la psicopatología aquello que pueda ser útil para la psicología normal. Sería imposible obtener una concepción global satisfactoria de los trastornos neuropsicóticos si no se pudiese vincularlas con claras hipótesis acerca de los procesos psíquicos normales.” (2)

Expresa su dificultad con lo que denominó “sistema de neuronas pasaderas, impasaderas y de percepción” (con lo que pretendía explicar la defensa), pero “hallé que eso me llevaba a explicar algo que pertenece al núcleo de la naturaleza. Teniendo que elaborar los problemas de la cualidad, el dormir, la memoria, en suma, la psicología entera. Ahora no quiero saber más nada de esto.” (3)

Según Jones (1953, pág. 418) después del 4 de septiembre, al concluir una visita de Freud a Fliess en Berlín, en el tren de regreso comenzó a escribir el Proyecto. El 8 de octubre le envío dos cuadernos con anotaciones y comenzó a escribir el tercero que trata de la psicopatología de la represión, expresa sus idas y vueltas sobre estos escritos considerando que las cosas no concuerdan y que quizás nunca lo hagan. Lo que no concuerda no es el mecanismo del asunto, sino la elucidación de la represión.

“… mi mirada pudo penetrar desde los detalles de la neurosis hasta las condiciones de la conciencia. Todo parecía encajar, los engranajes se ajustaban a la perfección y el conjunto semejaba realmente una máquina que podría echarse a andar sola. Los tres sistemas de neuronas, los estados libre y ligado de la cantidad, los procesos primario y secundario, la tendencia principal y la tendencia de compromiso del sistema nervioso, las dos reglas biológicas de la atención y la defensa, los signos de cualidad, realidad y pensamiento, el estado de los grupos psicosexuales, el condicionamiento sexual de la represión y finalmente, las condiciones de la conciencia como función perceptiva.” (4)

En la “Carta 35” del 8 de noviembre informa haber arrojado todos los manuscritos de la psicología en un cajón, dejando todo de lado y volcándose a otras cuestiones. La “Carta 39” del 1 de enero de 1896 consiste en una elaborada revisión de alguna de las posiciones fundamentales adoptadas en el Proyecto.

El Proyecto desaparece del horizonte hasta resurgir unos cincuenta años más tarde junto con cartas de Fliess. Strachey se pregunta, con relación a la importancia de la obra, si mereció la pena tomar minuciosos recaudos respecto del texto del Proyecto, respondiendo que el propio Freud muy probablemente hubiera contestado que no. Lo redactó a ritmo febril en dos o tres semanas, lo dejó inconcluso, y a la par que lo escribía lo hizo objeto de las más severas críticas. Posteriormente nunca lo mencionó. Y cuando en su vejez lo pusieron de nuevo en sus manos, hizo todo lo posible por destruirlo.

¿Tendrá el proyecto algún valor? Es defendible siguiendo dos argumentos diferentes. Pese a ser un documento neurológico, el Proyecto contiene en sí el núcleo de gran parte de las ulteriores teorías psicológicas de Freud. No obstante, que haya muchos nexos no debe llevarnos a soslayar las diferencias básicas. Se aprecia que muy pocas cosas anticipan la técnica del psicoanálisis. Apenas existe alusión a la asociación libre, la interpretación del material inconsciente, la transferencia. Solo en los pasajes que versan sobre los sueños encontramos algún adelanto de desarrollos clínicos posteriores. De hecho, el material clínico aparece casi exclusivamente en la parte II que se ocupa de la psicopatología, mientras que las partes I y III están basadas, en lo esencial, en fundamentos teóricos a priori. Mientras que en esa parte clínica, en gran medida desconectada del resto, la sexualidad ocupa un lugar muy prominente, en las partes teóricas tiene escaso papel.

Lo que brinda el Proyecto es una descripción “defensivista del aparato psíquico, anterior al Ello”; con el reconocimiento de la sexualidad infantil y el análisis de las pulsiones sexuales, el interés de Freud se apartó de la defensa.

El otro motivo para apreciar esta obra es una fuente de interés distante del psicoanálisis: la tentativa de Freud de aproximarse a una descripción de los fenómenos psíquicos en términos fisiológicos que podría guardar semejanza con ciertos enfoques modernos del mismo problema. Strachey se refiere al elaborado y minucioso examen de la edición anterior del Proyecto, que hace en 1962 Karl H. Pribram (5) siguiendo tales lineamientos.

Se ha señalado que en los complejos sucesos neuronales que aquí describe Freud, y en los principios que los gobiernan, puede verse más de un indicio de las hipótesis sustentadas por el principio de la información y la cibernética en su aplicación al sistema nervioso. Observemos la insistencia de Freud en la necesidad primaria de proporcionar al aparato una “memoria”; está, además, su sistema de “barreras-contacto”, que permite al aparato hacer una elección adecuada (basándose en la memoria de los sucesos anteriores) entre distintas respuestas frente a un estímulo exterior. Y, ateniéndonos a las elucidaciones de Freud sobre el mecanismo de la percepción, tenemos también su introducción de la idea fundamental de la realimentación como medio de corregir los errores que se producen en el comercio del aparato con su ambiente. Con estas semejanzas que muestran la fecundidad y originalidad de las ideas de Freud, ofrece la tentación de considerarlo como el precursor del conductismo moderno.

Pero debemos tener presente que el propio Freud desechó todo del marco de referencia neurológico. Y no es difícil conjeturar por qué: comprobó que su aparato neuronal no podía dar cuenta en modo alguno de aquello que en El yo y el ello llamó “la única antorcha en la oscuridad de la psicología de las profundidades, la propiedad de ser o no consciente”.

En su obra póstuma “Esquema del psicoanálisis” (1938) declara que el punto de partida para la indagación de la estructura del aparato psíquico “lo da el hecho de la conciencia, hecho que desafía todo intento de explicitarlo y describirlo”, agregando en una nota al pie: “Una orientación extrema como el conductismo nacido en E.E.U.U., cree poder edificar una psicología prescindiendo de este hecho básico”.

Debe seguir considerándose al Proyecto un esbozo inconcluso, desautorizado por su creador.

Proyecto de psicología

[Parte I.] Plan General

Introducción:

El propósito de este proyecto es brindar una psicología de ciencia natural, a saber, presentar procesos psíquicos como estados cuantitativamente comandados de unas partes materiales comprobables, y hacerlo de modo que esos procesos se vuelvan intuibles y exentos de contradicción.

El proyecto contiene dos ideas rectoras: [1)] concebir lo que diferencia la actividad del reposo como una cantidad (Q) y 2) suponer como partículas materiales las neuronas.

[1] (a.)Primera proposición principal: la concepción cuantitativa

Está extraída directamente de observaciones patológico-clínicas, en particular aquellas en que se trata de unas representaciones hiperintensas, como en la histeria y en la neurosis obsesiva, donde se demostrará el carácter cuantitativo. Procesos como estímulo, sustitución, conversión, descarga, que allí se podían describir, sugirieron de una manera directa la concepción de la excitación neuronal como cantidades fluyentes. (…) De acuerdo con ello habrá que comprender edificio y desarrollo, así como operaciones de las neuronas. (6)

[2](b) Segunda proposición principal: La teoría de las neuronas  

El principio de inercia explica la bi-escisión arquitectónica de las neuronas en motoras y sensibles y proporciona el motivo para el movimiento reflejo. La función secundaria, que demanda un almacenamiento de cantidad, es posibilitada por el supuesto de unas resistencias en los contactos, que así reciben el valor de unas barreras. El supuesto de las barreras contacto es fecundo en varias direcciones (después de esta redacción en el ambiente científico de la época se introduce el término sinapsis).

El sistema de neuronas tenía dos funciones: recoger los estímulos de afuera y descargar las excitaciones endógenamente generadas.

Freud resalta el punto de vista biológico con el apoyo de la moderna histología de los sistemas de neuronas.

En toda la obra agrupa las explicaciones de los fenómenos que estudia bajo dos encabezamientos: “mecánicas” y “biológicas”. Una explicación mecánica o automática es aquella en que el fenómeno estudiado está determinado en forma directa por sucesos físicos contemporáneos a él. La biológica es la que indica la determinación genética del fenómeno por su valor de supervivencia para la especie.

En el problema de la cualidad Freud dice: Toda teoría psicológica, además de sus logros en el orden de la ciencia natural, debe explicar aquello de lo cual tenemos noticia de la manera más enigmática por nuestra “conciencia”, y como esta conciencia nada sabe de los supuestos que llevamos hechos (-sobre cantidades y neuronas-) debe explicarnos también ese no saber.

La conciencia no nos proporciona una noticia completa y confiable de los procesos neuronales, y estos deben ser considerados como inconscientes y lo mismo que otras cosas naturales deben ser inferidos. Freud ya avanzaba sobre su concepción posterior, la de que los sucesos anímicos pueden ser tanto concientes como inconscientes.

Parte II Psicopatología

Esta segunda parte procura colegir, desde el análisis de procesos patológicos, algunas especificaciones ulteriores del sistema erigido sobre dichos supuestos fundamentales; una tercera parte habrá de tratar de edificar, partiendo de las dos precedentes, los caracteres del decurso psíquico normal. (7)

Para concluir

“El inconsciente freudiano” en la actualidad, tiene una traducción en el lenguaje de las neurociencias. Hay una parte de la ciencia actual que intenta demostrar desde un reduccionismo mecanicista, que todo lo humano sería explicable por un mecanismo físico, genético o neurológico. Con el avance de la técnica (diagnóstico por imágenes) se intenta demostrar la causalidad mecánica supuestamente probada científicamente, sosteniendo la idea de que el lenguaje y las representaciones estarían inscriptas en las redes neuronales, afirmando que las funciones subjetivas están localizadas en alguna parte del cerebro. Idea que Freud abandonó rápidamente al darse cuenta que había algo que se abría entre el sujeto y el soporte neuronal a medida que iba investigando: su versión del inconsciente.

Eric Laurent, en su libro Lost in CognitionEl lugar de la pérdida en la cognición-, comenta: “Eric Kandel (premio Nóbel de medicina en el año 2000) desea hacer pasar al psicoanálisis de su ‘contexto de descubrimiento’ pre-científico a una etapa superior científica. Los trabajos tratan sobre lo que nombra como memoria ‘procedural’. Los procedimientos repetitivos de esta memoria no llaman a la conciencia ni al lenguaje que supone un sujeto, sino que lo esencial se hace por fuera de la interpretación y de la dimensión de sentido. Esta memoria de los comportamientos es para él, la realización de los procesos freudianos inconscientes en términos de red neuronal. Traducción inaceptable, dicho por otros investigadores neurocientíficos como Benett y Hacker: ‘Resulta muy tentador pensar que las diversas formas en las que se manifiesta el recuerdo son debidas al hecho de que aquello que se recuerda está registrado y estoqueado en el cerebro. Pero es un sinsentido. Lo que se recuerda cuando se recuerda una u otra cosa, no está depositado en trazos en el cerebro, sino que se recuerda algo que primero se aprendió o se experimentó…’”

Entre neurociencias y psicoanálisis se trata de distinguir los dos planos de la objetividad científica y de la objetalidad del psicoanálisis. El objeto a no es demostrado por la ciencia. A partir del objeto a y del síntoma tenemos que interrogar el efecto de la ciencia sobre el modo de producción del sujeto y del régimen de sus certezas. Los principios de la práctica psicoanalítica lacaniana fundan la interpretación sobre la experiencia de un real propio del psicoanálisis y no sobre la conformidad con los objetos producidos por el discurso científico. (Laurent, 2005, “Las vías sin salida del psicoanálisis cognitivo”).

Freud y el psicoanálisis pertenecen a una época, surgen en un momento muy preciso de la historia de la humanidad, en el filo de una modernidad donde la ciencia aun era dura, no aceptaba ningún relativismo, la ciencia tenía su apogeo. El fin del siglo XIX es el momento en que la ciencia, y a esto se refiere Heidegger, hace una técnica que es la famosa revolución industrial. La ciencia brindaba objetos técnicos que daban bienestar. La revolución industrial era la demostración de que la ciencia podía hacer feliz al hombre con los objetos técnicos. Freud aparece en un momento donde la ciencia estaba bien parada, por eso su ideal sigue siendo científico, de pertenecer a la ciencia, a la neurología por momentos, a las ciencias humanas, a la neurobiología. Era un momento en el que la ciencia era humana, porque producía objetos técnicos adecuados a la felicidad, prometía la felicidad, servía al progreso humanista, fabricaba vacunas, tecnología alimentaria, etc. Hoy hay una nueva forma del malestar en la cultura como efecto de una ciencia que produce exceso de objetos técnicos y goces infinitos… O para gozar al infinito por el derecho a gozar del ‘yo soy.’ (Acuña, 2009).

En el comienzo del Curso Anual de este año “Objetos Reales- el psicoanálisis más allá de la Ciencia y la Religión-” Enrique Acuña (8) señala que “para Lacan parecería ser que el psicoanálisis no tiene ninguna de las variaciones de la ciencia, ni estabilización ni crisis; lo que está en cuestión de entrada es que su objeto no está dilucidado de antemano, y que esencialmente tiene una especie de estofa o de materialidad paradójica. Que no es la materia física sino que el objeto del psicoanálisis más bien está hecho de una estructura de vacío, après-coup de su acto, es decir que el sujeto y el objeto van a estar dados a posteriori del acto analítico y que es a posteriori de su acto que se determina su ley.”

La causa, el objeto que está causando, no está escrito en una ley previa. Más bien, como decía Freud, cada caso es un nuevo caso, no hay ninguna ley ni paradigma que determine la estructura de su causa. En ese sentido es que Lacan juega en “La cosa freudiana…” entre la causa y la cosa, que en francés son homofónicos. La Cosa analítica está muy ligada a una causa que no está en ninguna ley previa.

Para Freud y para Lacan el texto del inconsciente no es un sistema de referencia estable en la que me puedo referir a un saber establecido previamente.

En “La proposición del 9 de octubre…” Lacan dice que todo saber que se juega en psicoanálisis tiene esta oposición entre ser un saber al cual se refieren las cosas, y uno que es textual, que es el inconsciente en tanto contingencia o sorpresa.

La ciencia del objeto a, como define Lacan al psicoanálisis, es una referencia con respecto a ese sujeto nuevo que Freud descubrió por el lado de las formaciones del inconsciente. Es decir que hay un saber referencial que es la doctrina, los libros de Freud, los libros de Lacan; y hay un saber textual del inconsciente. Pero ninguno de los dos saberes establece un campo epistémico estable.

El soporte de la palabra y del lenguaje introduce un nuevo real que no es el real orgánico, neurológico, ni genético. Es aquí donde hay que distinguir estos dos reales distintos para el psicoanálisis y la ciencia. El real del psicoanálisis no es ese saber escrito en lo real genético o neuronal, sino como lo define Lacan, como un real que “no cesa de no escribirse” es decir no solo no está escrito de antemano sino que no cesa de no escribirse.

Un real que no se hace visible a través de ninguna resonancia magnética sino que solo será abordable para alguien, por la resonancia semántica de la palabra.

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Trabajo presentado en el 2do. Coloquio de Módulos y Escritorios: “Lacan y los discursos”, organizado por PRAGMA –Instituto de Enseñanza e Investigación en Psicoanálisis-”, realizado el 26 de junio de 2015.

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Notas:

(1) www.analyticadelsur.com.ar, Analytica del Sur Número 1, julio 2014.ISSN: 2362-504X

(2) Freud, Sigmund: Obras completas. Ordenamiento, comentarios y notas James Strachey Volumen 1 (1886/1899) Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud, Bs. As., Amorrortu Editores, 2011, pág. 326.

(3) Ibídem.

(4) Ibídem paginas 327-328.

(5) Karl H. Pribram (Viena, 25 de febrero de 1919-Virginia, 19 de enero de 2015) fue un médico Doctor en Medicina por la Universidad de Chicago con certificación en la especialidad de Neurocirugía y Medicina Conductual. Sin embargo, la mayor parte de su carrera en las últimas seis décadas las ha dedicado a la investigación del cerebro y la conducta humanahttp://es.wikipedia.org/wiki/Karl_H._Pribram)

(6) Freud, Sigmund, óp.cit., pág. 339

(7) Íbidem, pág. 394

(8) PRAGMA Instituto de Enseñanza e Investigación en Psicoanálisis CURSO ANUAL Dictado por Enrique Acuña y docentes invitados “OBJETOS REALES -el Psicoanálisis más allá de la Ciencia y la Religión”- Clase 1.

 

[i] Se puede consultar: Ale, Marcelo: Causas, “El inconsciente freudiano y el porvenir”.

[ii] Freud, S.: Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), Amorrortu Editores, Bs. As., 1994, Edición alemana 1985, traducción 1986.

Bibliografía:

• Acuña, Enrique: Resonancia y silencio- Psicoanálisis y otras poéticas- La Plata, EDULP 2009.

• Bassols Puig, Miquel: Tu yo no es tuyo, Bs. As., Tres Haches, 2011.

• Freud, Sigmund: Obras completas. Ordenamiento, comentarios y notas James Strachey Volumen 1(1886/1899) Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud, Bs. As., Amorrortu Editores, 2011

• Laurent, Eric: Lost in cognition-El lugar de la pérdida en la cognición, Bs. As., Colección Diva, 2005.

• Lacan, Jacques: Otros Escritos, Bs As, Paidos, 2012.

• Masson, Jeffrey Moussaieff: Sigmund Freud. Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904). Bs. As., Amorrortu Editores, 1994. (Edición alemana 1985, traducción 1986)

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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