Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 9 • Noviembre de 2019 •

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Entrevista a Héctor Jacquet sobre «Misioneridad»

La invención de la Misioneridad.
– Entrevista a Héctor Jaquet- (*)

Fri(x)iones: Comenzamos hablando del libro, el momento que vos tomás para la investigación, tiempos de la provincialización de Misiones y también cómo surge el interés por este tema en el momento de elaboración de la tesis y la lectura que hacés ahora, teniendo en cuenta que hay un lapso de tiempo entre la investigación, la publicación y el momento actual.(1)

Héctor  Jaquet:
El libro (2) es el resultado de una tesis de maestría en antropología social presentada en la Universidad Nacional de Misiones en 1999, aunque da cuenta de una investigación previa de tres años más o menos. Varios años después se transforma en un libro que es Los combates por la invención de Misiones editado por la Editorial Universitaria de Misiones en el año 2005. En el libro hice una serie de modificaciones pero preservé algunos elementos teóricos que determinan la filiación académica de la investigación inicial.

Mi interés se inscribe en la preocupación conceptual y temática de la década de los noventa. Década en la que aparece como estrella del campo intelectual el constructivismo como filosofía y teoría para pensar los fenómenos sociales. El tema que me interesaba investigar era la identidad misionera, y tanto Benedict Anderson, con el libro “Comunidades imaginadas” como Eric Hobsbawm, con el libro “La invención de la tradición”, fueron los principales soportes teóricos que me ayudaron a estudiar este fenómeno local provincialista.

Hobsbawm explica que la identidad nacional es una construcción intencional y artificiosa de los estados modernos nacionales, entonces primero se crea el Estado y después éste es el agente principal que va a generar una educación, un ejército, un himno, una bandera nacionales; esto es,  los símbolos que van a tratar de unificar a todos los habitantes de una región en un sentimiento de pertenencia nacional. Pero en Misiones, el fenómeno de identidad provincial, se dio de manera inversa.

Mi hipótesis de trabajo fue que primero se crea el sentimiento provincialista o misionerista como un constructo simbólico, a lo que refiero como la “invención” de Misiones; sobre la que después finalmente se crea el estado provincial. O sea, que cuando se crea, en el año 1953, el estado provincial, lo único que hubo que hacer fue tomar lo que ya un grupo de agentes culturales habían creado, que era la idea de la misioneridad, del sentido misionerista de la identidad; y el estado sólo tuvo que apropiarse de ella y oficializarla.

 

Fri(x)iones: ¿Qué lecturas hacés hoy cuando ya el contexto no es el de los `90?

Héctor  Jaquet:
Siempre me pregunto ¿Qué nos puede decir el libro hoy a nosotros? Creo que lo que muestra es la existencia de una matriz de pensamiento, de una forma de entender qué es lo misionero y que ese fenómeno, aunque creado artificialmente en la historia, aún nos interpela a todos los habitantes de la provincia. La idea que movilizaba a los historiadores de la década del 30 y del 40 era que a Misiones se la reconozca como un Territorio Nacional; esto es, instalar el sentimiento  nacional en este territorio que, para la época, era difuso. Lo que estudié es un proceso autogenerado en el propio Territorio Nacional de Misiones, un proceso interno de mediados del siglo XX en que agentes sociales, políticos, económicos y culturales van a producir algo distinto a la nacionalidad, pero muy similar en su lógica de comportamiento, es decir, una matriz simbólica alterna que es la misioneridad.

Para estos historiadores (se trata fundamentalmente de aquellos nucleados en la Junta de Estudios Históricos de Misiones fundada en 1939), Misiones fue la primera provincia argentina y la más legítima de todas. Entonces, que en el siglo XX, siga siendo, jurídicamente, un Territorio nacional, era vivido, por estos intelectuales, como un complejo de inferioridad tremendo. Los habitantes de Misiones no podían, por ejemplo, elegir sus propias autoridades porque dependían directamente del gobierno nacional.

Un elemento para demostrar este derecho y esta injusticia al mismo tiempo, era que San Martín, el principal prócer argentino, era misionero, pero la provincia que lo había visto nacer ya no existía. Pero esta afirmación iba en contra de la historia que habían construido los historiadores correntinos y la historia oficial nacional. Empieza a aparecer la necesidad imperiosa para los historiadores locales de construir una historia propia, contada por los propios misioneros y para los misioneros, junto a esta historia se va cristalizando también la idea de que “necesitamos un símbolo: la bandera de Misiones; necesitamos un prócer: Andresito Guacurarí”, etc.

Así reflotan, del fondo de la historia, a un personaje que, hasta ese momento, había sido denostado por la historia oficial correntina y había sido negado u omitido por la historia oficial nacional. Entonces, los historiadores rescatan a Andresito y lo convierten en prócer, en un héroe misionero. Para ello, necesitaron también a quiénes oponerse en la disputa historiográfica, porque la visión correntina de la historia era que Andresito no era más que un indio bárbaro, un forajido y un salvaje. Razón por la que ellos salieron a vindicar la figura de Andresito dando combates intelectuales contra los historiadores correntinos en libros, diarios, conferencias, etc… Los intelectuales misioneros de aquél entonces construyen sus oponentes a partir de una historiografía altamente polémica y desafiante a la historia oficial, haciendo así su propias sociodiceas intelectuales y necesitaron, además, construir un contra-héroe sobre el cual edificar las virtudes de Andresito: el Brigadier portugués Das Chagas Santos será esa figura emblemática y a quien lo presentan como una fiera, destructora de los pueblos misioneros y de las poblaciones de este lado de la frontera. Das Chagas Santos es nombrado como el “Atila del (río) Uruguay” asociando su nombre con la reencarnación de Atila, el jefe de los unos y su barbarie medieval.

 

Fri(x)iones: ¿Es Andrés Guacurarí, entonces, el personaje central de la invención de Misiones?

Héctor Jaquet:
En mi opinión, Andresito no es el principal elemento de la invención de esta misioneridad. Creo que Andresito es un hito, un símbolo para otra cosa, para lo que realmente estos historiadores construyeron y está vigente hasta hoy. Creo que lo más importante de la invención es precisamente la misioneridad como una forma excluyente de entender lo misionero, de quiénes deben ser nuestros enemigos y ante quienes todos los misioneros debemos levantarnos para ser fieles representantes de la sangre derramada por los guaraníes en las batallas que Andresito libró. En este sentido, Andresito es un componente, relevante en una época como en los cuarenta y como lo es ahora, y menos importante en otros momentos, pero es sólo uno de los componentes de la misioneridad.

Aquellos historiadores que yo estudié se colocaron como únicos intermediarios e intérpretes del mensaje del pasado por ser ellos auto-concebidos como efectivamente misioneros nativos (aunque no todos lo eran stricto sensu) y por tal compromiso telúrico, únicos capaces de oír la voz de Andresito y de otras voces del pasado. Un foráneo jamás podría escuchar esas voces o interpretar correctamente su mensaje.

Andresito aparece hoy, en el contexto presente, como cristalizando nuevamente la defensa de lo misionero, y lo seguirá haciendo porque ese hecho, una potencialidad siempre disponible, no es un fenómeno inédito. Desde la década del `30 o del `40 se da cuanta de que la politización de la historia y la historización de la política fue el mecanismo que se utilizó desde el momento en que Andresito aparece como una figura de reivindicación de la identidad misionera. El punto original, en todo caso, es que hoy Andresito dejó la marginalidad y pasó a ser parte de la historia oficial del estado provincial, principal figura, no de la misioneridad, sino del panteón de próceres del Estado provincial.

Finalmente, es importante entender todo esto como un proceso de construcción, no en términos de mentiras y falsedades, sino en términos de que estos intelectuales de la Junta de Estudios Históricos construían un discurso historiográfico para fundamentar el proceso político de la provincialización. Es en esa intención política en la que se focalizó mi mirada inicialmente. Pero descubrí que el producto de esa politización de la historia, fue la creación de algo mucho más profundo que un relato histórico para la emergencia del momento: crearon una identidad oficial para el territorio con la que aún lidiamos y que aún vertebra nuestro campo de percepción simbólica.

 

Fri(x)iones: ¿Desde la perspectiva de la Nación había un interés en la provincialización o es una política que parte de acá e intenta imponerse al Estado nacional?

Héctor  Jaquet:
Hay intereses nacionales también, claro. No es menor el contexto político en que se provincializa Misiones y otros Territorios Nacionales, esto es, el gobierno de Juan Domingo Perón, y sus intereses. Básicamente estudié los fenómenos culturales locales, y lo que estos intelectuales misioneros empiezan a construir es el sentimiento de pertenencia local que, antes que ellos lo generaran por diversos medios, no existía. Hay una corriente previa en Misiones, que los historiadores provincialistas no han profundizado, de un movimiento anti-provincialista fuerte; que estaba representado por los sectores de la economía extractiva, que no residían en Misiones; estaban en Rosario o Buenos Aires. Entonces, Misiones era solamente para estos grupos un cúmulo de recursos para extraer: madera, yerba, ganado. Los que empiezan a armar este proyecto provincialista son los que representan el frente agrícola local, grupos cívicos y profesionales de la clase media, entre otros.

 

Fri(x)iones: Usted menciona en un apartado las expediciones que financió la Junta de Estudios Históricos para recabar “restos arqueológicos” de la cultura guaraní, y eso aparece como un rasgo de apropiación para la identidad.

Héctor Jaquet: Absolutamente, porque el gran objetivo era demostrar que había atributos que estaban enraizados en el pasado y ese enraizamiento en el pasado era lo que justificaba el merecimiento provincial en ese presente. El Estado nacional debía reparar, restaurar una injusticia del pasado con la provincialización. Para ellos, la provincialización no era la creación de una nueva provincia, era la restauración de la provincia destruida por los intereses espurios de correntinos y de los extranjeros, paraguayos y brasileños, que a lo largo del siglo XIX, destruyeron Misiones. En este sentido, había que buscar pruebas materiales concretas de ese pasado antiguo, cuanto más antiguo mejor y es ahí donde se daban las expediciones científicas para reconocer el territorio; para rescatar testimonios materiales de los primitivos habitantes de Misiones. Pero el contrasentido es que, en ese momento, los mbya y los aché estaban vivos, como en el presente. No estaban muertos, no se recogían los testimonios arqueológicos, se los sacaban de la selva a los guaraníes y los llevaban a los museos como objetos que debían ser expuestos, para que la gente los vea, que vean lo que era un prototipo del primitivo misionero.

Un ejemplo: Aníbal Cambas, quien era Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Misiones, toma un mbya, un joven llamado Bartolomé Chicuá, lo saca de su lugar y se muestra con él en el Museo regional como si hubiera entre ellos una relación de padre-hijo, y luego lo envía al Museo de La Plata.

En un momento, encuentro y reconstruyo con documentos las cartas que manda Bartolomé Chicuá. Como él no sabía escribir le pedía al portero del Museo de La Plata que le escriba las cartas que le enviaba a Aníbal Cambas, al que lo trataba como un padre y le decía que por favor lo mande a buscar, que él no sabe qué está haciendo ahí, que no le dieron trabajo como le habían prometido, que lo extraña mucho, que él quiere volver a ver el cielo, los arboles y el agua de Misiones.

En la tesis llamo “filiación ficticia”, a esa invención parental de ser hermano o hijo o esposo, de establecer una relación de parentesco con los indígenas, a la que recurrieron los juntistas. Había que demostrar que los misioneros éramos hermanos directos de los primitivos habitantes, y éramos, por ello, de la tierra profunda y tan antiguos como los guaraníes, nunca una población reciente,  aluvional y advenediza. Había que construir lazos de filiación con los antiguos habitantes. Sin olvidar los cruces sexuales y los casamientos. Un miembro de la Junta se casó con una mujer aché-guayaki y tuvieron descendencia, como otro ejemplo.

 

Fri(x)iones: Teniendo en cuenta esta investigación, ¿qué puede decirnos acerca del término  «interculturalidad»?

Héctor Jaquet:
La interculturalidad se concibe hoy, equivocadamente, como un equivalente al multiculturalismo, donde se hace así una distorsión de la diversidad y de lo que realmente los pueblos originarios son como sujetos, sujetos de derecho en sus diferencias, esto es, sujetos culturales. Estoy más de acuerdo con aquellas perspectivas que colocan la interculturalidad en el territorio de los movimientos indígenas. El concepto de interculturalidad es un concepto generado principalmente por los pueblos indígenas andinos, como un instrumento político para transformar el Estado y la sociedad. Soy más partidario de pensar desde ese lugar a la interculturalidad, y no desde donde se sostiene en el mundo contemporáneo, donde hay un uso político occidental de ese concepto, una apropiación occidental, pero vaciando el verdadero sentido político que tiene este término para los pueblos originarios que son sus portadores.

La interculturalidad es lucha, es acción política para la pluriversalidad y es conflicto dentro de un Estado nacional que se pretende homogéneo. El multiculturalismo es, en cambio, un concepto conciliador y enmascarador de las verdaderas diferencias a partir de un pseudo-discurso de respeto y convivencia cultural generados por las agencias de financiamiento internacionales y ciertos intelectuales asociados a ellas.

 

Fri(x)ones: es un comodín, un significante que  admite un significado en el contexto reduccionista.

Héctor Jaquet:
Claro, y en ese sentido, volvemos otra vez a la reivindicación que hace el gobierno de Andresito. Qué, sino manipulación, es cuando, bajo la égida de la Dirección de Asuntos Guaraníes y en el Centro del Conocimiento de Posadas, en un acto político, Carlos Rovira les habla a los guaraníes que fueron llevados allí, y les dice que les va a leer un fragmento del célebre antropólogo Levi-Strauss que tuvo la oportunidad de conocer en unos de los cursos que asistió en París, en Francia. Entonces, les lee en francés, en el idioma del dominador, del colonialismo, un texto.

Acabo de leer un artículo de mi director de tesis doctoral Axel Lazzari donde se refiere a Félix Díaz, el líder qom, y trata de explicar cómo el Estado nacional actúa desde el paternalismo. Muestra que Félix Díaz, en realidad, demanda algo que tiene que ver con la propiedad de la tierra, pero no desde la titularización de tierra que el Estado le puede dar, ya que nada de lo que se le dé (mercaderías, programas sociales, planes, DNI, remedios, etc..) ni para Félix Díaz ni para ninguno de los pueblos originarios, reparará la deuda histórica que tiene el Estado con ellos. Hay un despojo que no tiene reparación a menos que se ataque a la propiedad privada y las corporaciones económicas de forma estructural. Y eso es un horizonte imposible para el estado capitalista. El Estado sólo da migajas de otra naturaleza pero esperando aceptación equivalente a la que se daría si las tierras fueran devueltas en los términos de la cosmovisión indígena.

Entonces, a mí me pareció que este artículo realmente aporta algo a pensar, la relación entre el Estado y los pueblos originarios desde un lugar no hegemónico, donde se deja entrever que el Estado no tiene capacidad de escuchar, digo simbólicamente, ya que escucha desde un lugar que deslegitima, le quita agencia, descalifica, cosifica a los pueblos originarios: los convierte en actores políticos partidarios («te doy algo insignificante y no reclames más, o te doy algo que no repara nada, pero vos me tenés que votar») cuando en realidad son sujetos culturales de derecho.

Entonces, esa tensión me parece interesante discutirla frente a lo que hace el gobierno misionero donde cristaliza un monumento del guaraní reduccional, que no tiene nada que ver con los mbya, y está claro que no hay continuidad histórica entre Andrés  Guacurarí y los mbya de la actualidad. No sólo desde lo étnico sino tampoco desde la pseudo-reivindicación que, en la figura metalizada de Andresito, hace de los guaraníes y la situación real de las personas mbyas de carne y hueso que sufren hoy día.

 

Fri(x)ones: esa matriz queda como el recurso al cual se puede recurrir en cualquier momento histórico, entonces lo importante es localizar en qué momento se recurre a ella.

Héctor Jaquet:
Eso es lo interesante, la matriz de la misioneridad ya está creada pero no permanece igual, las coyunturas históricas y los usos políticos y culturales la van modificando. La misioneridad es una forma de pensar el mundo social teniendo a “Misiones” como raquis vertebrador de ese pensamiento, teniendo a la provincia como foco convocante de un imaginario cultural y social. No podemos prescindir ya de la misioneridad para pensarnos como habitantes de este territorio y eso es lo que la constituye en un potente constructo identitario, emocional y simbólico al mismo tiempo.

Esa percepción está sedimentada en la historia. Por eso es difícil tensionarla con un discurso crítico o confrontarla: porque si lo hacemos, tendremos la sensación de NO SER, de no existir. Si no sos misionero al modo en que lo pauta la misioneridad, no existís o sos un potencial enemigo de la comunitas. Pero también, y sin querer ser demasiado instrumentalista, toda identidad cultural es una acción estratégica, y la misioneridad es claramente eso, es un instrumento para lograr objetivos de otra índole, ya sean políticos, sociales, económicos, de ascensos sociales o profesionales, de pertenencia a grupos, etc.

La misioneridad está ahí disponible, para pensar y ver el mundo a través de ella pero también para, estratégicamente, incluir o excluir a personas e ideas de la comunidad social y política. Me parece que lo que tiene de vigente la investigación que hice a fines de los noventa es ayudarnos a pensar fenómenos que hoy siguen, que todavía están, con el cuidado de ver la particularidad que puede tener un fenómeno cultural o político en relación con la matriz: cómo se articula lo simbólico y lo político, el sedimento y la emergencia, para justificar acciones y discursos, para que esas acciones y discursos nos presenten y dibujen mundos que parezcan naturales o plausibles cuando no lo son. Para que finalmente limiten y reduzcan nuestro imaginario social y político.-


(*) Héctor Eduardo Jaquet. Es historiador y antropólogo. Docente e investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones. Dicta cursos de postgrado en la Especialización en Docencia (UNaM), la Especialización en Estudios Culturales (UNSE) y la Maestría en Sociología de la Cultura (IDAES-UNSAM). Ha publicado los libros En otra historia. Nuevos Diálogos entre historiadores y educadores en torno a la construcción y enseñanza de la historia de Misiones  (Unesco-Editorial Universitaria de Misiones, 2000), Haciendo historia en la aldea  (Centro de Investigaciones histórico-culturales, 2002) y Los combates por la invención de Misiones. La participación de los historiadores en la elaboración de una identidad para la provincia de Misiones, Argentina (1940-1950) (Editorial Universitaria de Misiones, 2005).

Integró varias obras colectivas como “Ciudades en las fronteras” (CIECAS-Santo Domingo, República Dominicana, 2007), “Debates de Mayo III: Identidades, territorios y fronteras” (Edhasa, Buenos Aires, 2008)  “Polcy, Rusini i Ukraincy, Argentynczycy. Osadctwo Misiones 1892-2009” (Instituto Iberoamericano, Universidad de Varsovia, Polonia, con dos ediciones 2010 y 2013); y varios artículos en revistas científicas en el campo de su especialidad.-

Notas:

 

(1)- Entrevista publicada en la revista Fri(x)iones -entre el psicoanálisis con la cultura– Nº 3, Posadas; Misiones; primavera 2013. Ediciones de la A.P.M..-

(2)- Jacquet, Héctor Eduardo: Los combates por la invención de Misionesla participación de los historiadores en la elaboración de una identidad para la provincia (1940-1950)-. Editorial Universitaria de Misiones. 2005.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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