Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 6 • Julio de 2017 •

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El Tiresias de Apollinaire con Lacan

Gabriela Terre

Miembro de Pragma-APLP -Instituto de Enseñanza e investigación en Psicoanálisis.Coordinadora del Modulo de Investigación Escansiones de una historia del Psicoanálisis en La Plata.

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La primera cuestión a situar, es la referencia de Lacan a Guillaume Apollinaire (1880-1918); figura clave de la vanguardia literaria, poeta y escritor francés inscripto en principio en el Movimiento Dadaísta, más tarde considerado uno de los poetas más importantes del Siglo XX y precursor del surrealismo. El interés de Lacan está puesto en su modo de escritura, en el estilo jeroglífico que utiliza, en sus juegos de palabras, y en el uso particular de la homofonía -que se ve reflejado en la poesía- como así también en las operaciones que realiza a nivel del lenguaje, produciendo el corte de las palabras y una ruptura en la sintaxis. Busca llevar la homofonía de las palabras al extremo de sus posibilidades. En el caso particular de la alegoría, planteada en la figura de Tiresias, Lacan busca explicar elementos conceptuales de modo metafórico.

Se pueden establecer al menos dos momentos en la enseñanza de Lacan, en los que apela a esta figura.

El primero, en la última clase del Seminario “Los cuatro Conceptos fundamentales del psicoanálisis”, en donde se refiere a la posición del analista en la transferencia, siendo el soporte de la función de no saber, y a la vez, el que se viste con los trajes particulares del Otro al cual el analizante se dirige. Dirá Lacan: “Por más paradójico y desenfadado que parezca, da cuenta exactamente de lo que ocurre en la realidad del análisis…” y pronuncia allí una frase a modo ilustrativo: “No basta con que el analista sirva de soporte a la función de Tiresias, también es preciso como dice Apollinaire, que tenga tetas”.

De alguna manera, Tiresias era llamado a responder a un no saber ocupando el lugar del saber sobre aquello desconocido. La maniobra de la transferencia, consiste en una suerte de regulación entre el punto en el que el sujeto se ve a sí mismo amable, y aquel en el que se ve causado como falta por el objeto a.

Según la mitología griega, Tiresias paseaba por el Monte Cileno y al ver a dos serpientes copular, luego de observar esa imagen, queda convertido en mujer. Siete años más tarde en el mismo lugar se repite el mismo episodio y recupera su sexo inicial. Zeus y Heras, rey y reina de los dioses, se disputaban el saber sobre quién experimentaba más placer en el amor, por lo tanto, decidieron consultar a Tiresias que había tenido la doble experiencia. Tiresias respondió que la mujer gozaba nueve veces más que el hombre, para situar el lugar del analista en la transferencia en la medida en que puede ocupar el lugar de un supuesto saber. Como lo anuncia Cadmo, el rey Tébano: “Ya que tú eres sabio (…)”. Al calificarlo de sabio, es llamado a interpretar. Cuando alguien es ubicado en ese lugar de referente, por suponerle un saber, es el momento en que se nos autoriza a interpretar. En este sentido, Tiresias responde de manera oracular, dejando en suspenso la respuesta tan esperada.

Es justamente la manera en la que Lacan recomienda interpretar, no dar la respuesta esperada de modo tal que se produzca un enigma. Tiresias encarna en este caso, lo que Lacan conceptualiza como sujeto supuesto saber. En la medida que el analizante le otorga esa función al analista, podemos considerar como establecida la transferencia, que autoriza a su vez a interpretar. El personaje, no posee el saber, pero está dispuesto a vestirse con los emblemas que el analizante le adjudica para dejar en suspenso ese otro lugar, el del saber del inconsciente.

El significante como error

El segundo momento en el que Lacan apela a Tiresias es en el Seminario 19o peor,  que está comentando Enrique Acuña en su Curso Anual, “Lacan y las mujeres –Psicoanálisis y feminidad” donde plantea que la posición de un hombre y una mujer están articuladas al lenguaje y no a la biología, de modo tal que el lenguaje llega a desnaturalizar la anatomía. Se refirió a la idea de “órgano” como aquello que quedó sin nombrar y los orificios no nombrados son tomados por el lenguaje, que intentará dibujarlos, operatoria que Lacan llama montaje pulsional al desnatualizar la biología.

En “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina” de 1960,  Lacan señala la existencia de un real biológico y retoma el impasse freudiano en el que desnaturaliza la fase fálica en la niña –la llamará error, ya que atañe al significante- introduciendo una x como algo que no está determinado en ella.
A partir de este punto, traza una línea conceptual y luego de diez años de recorrido arriba al Seminario 19 donde ya la lógica fálica representada por la dialéctica del ser y el tener para las posiciones femenina y masculina, comienza a desplazarse hacia la conceptualización del falo como ausencia. A Lacan le interesa subrayar que el falo brilla por su ausencia.

Enrique Acuña en su Curso Anual , sitúa que en la época de este Seminario la referencia de Lacan es la lógica de Aristóteles, a partir de la que despeja conceptos tales como “todo”, “no todo”, “universal” y “particular”. En el siguiente esquema, planteaba el modo en el que, entre el hombre y la mujer, están ubicados los puntos suspensivos que representan el significante como error. Se trata del lugar del vacío sobre el que recaerá la construcción fantasmática que supla ese lugar del “no-hay”.

En el título del Seminario 19, Lacan ubica los puntos suspensivos que designan un lugar vacío y demuestra que es el único modo de decir algo con la ayuda del lenguaje. De este modo, el error toma toda su dimensión, ya que en el varón cuando algo no anda, se dice “Es un varón fallado”. Por su parte, la mujer se esconde tras la falta misma. Para acceder al Otro sexo, hay que pagar el precio de “la pequeña diferencia” que hace pasar engañosamente lo real al órgano, un órgano que no es más que un instrumento por la mediación del significante.

El transexual es quien padece el error, su pasión es la locura de querer librarse de ese error común. Lacan introduce algo que puede leerse en el célebre drama de Apollinaire, el que introduce el término surrealista. Teresa vuelve a Tiresias -no al soltar sino al recuperar los pequeños y grandes globos que en el teatro las representan- para indicar que la mujer solo sabe gozar de una ausencia.

El recorrido por el Seminario 19, es la antesala del Seminario Aun, en el que va a definir las fórmulas de la sexuación. El plural de “fórmulas”, se asocia al hecho que no existe “una” fórmula, un programa para la sexualidad, sino que son maneras de formular posicionamientos del lado de la masculinidad y de la femineidad. Lacan con su expresión: “No hay relación sexual” referido al goce sexual del Otro, advierte que solo se puede plantear en relación al Otro, un lazo -librado a la contingencia- que queda una vez atravesada la experiencia del análisis. En el final del análisis la caída de las identificaciones, conlleva a un más allá de lo que se estructura en el fantasma y permite acceder a otras maneras de gozar.

 

 


Texto escrito a partir de su intervención en el Seminario anual que dicta Enrique Acuña en CABA titulado “Las escrituras del goce femenino-Psicoanálisis y Literatura-”

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Bibliografía:

• Acuña, Enrique: Clase del 10/5/2017  del Curso Anual 2017 ” Lacan y las mujeres –Psicoanálisis y feminidad”.

• Ídem: Clase del 7/6/2017

• Lacan, Jacques: El seminario Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales, Paidos, Bs As, 1964

Ídem: El Seminario Libro 19…o peor, Paidos, Bs As, 1972

•Apollinaire,  Guillaume:  Las tetas de Tiresias, Obra de teatro surrealista, estrenada el 24 de junio de 1917 en el Teatro Renée-Maubel de Paris dirigida por Pierre Albert -Birot

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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