Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 4 • Abril de 2016 •

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El cuerpo sin órganos como programa

Leticia García

Miembro de la APLP- Instituto Pragma. Coordinadora del Seminario de Investigación Analítica (SIA), ciclo 2016 "Lecturas del psicoanálisis: Lacan práctico". Responsable del escritorio clínico "El caso en psicoanálisis".

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Martín Gómez
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Proceso manual C41.

Es conocida la crítica de G. Deleuze y F. Guatari en su libro El Anti Edipo al psicoanálisis y al descubrimiento freudiano del inconsciente, por considerar que el psicoanálisis se volvió un nuevo idealismo al trocar la producción del inconsciente –su producción deseante- en un “teatro antiguo de representaciones” –al hablar de mito, tragedia, sueño y fantasma-. Es decir, representaciones que requieren de interpretación para saber sobre el deseo que contienen, un procedimiento –dirán- que vela y oculta al inconsciente como “máquina” y al deseo como “producción”.

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Estos autores no hablarán de significantes que representan, sino de signos: “código de signos” y “cadena de signos” cuya única vocación es producir el deseo. Lo que en realidad recuerda el inconsciente pulsional del que habla Lacan unos años antes, en el Seminario 11. Estos signos vaciados de significación y heterogéneos entre sí se encuentran tramados y almacenados en las “máquinas deseantes”, pero su soporte es el “cuerpo sin órganos”. Es este último concepto en el que me voy a detener.

El cuerpo sin órganos

Para poder hablar del “cuerpo sin órganos” (CsO) es necesario hablar antes de las “máquinas deseantes” o “máquinas productoras”, concepto que los autores insisten en aclarar que no debe ser entendido de modo metafórico. Todo el mundo –el natural y el humano- está formado por “máquinas de máquinas”, es decir, por máquinas con sus acoplamientos y sus conexiones. El cuerpo humano está formado por el acoplamiento de máquinas entre sí, más el cuerpo sin órganos (CsO). Los autores lo presentan así:

“En todas partes máquinas (…) una máquina órgano se empalma a una máquina fuente: la última emite un flujo que la otra corta. Por ejemplo: el seno es un máquina-fuente que produce leche, y la boca, una máquina-órgano acoplada a ella. Cada máquina-órgano interpreta el mundo entero según su propio flujo, según la energía que fluye, pero siempre conectado a otra máquina –en un régimen asociativo-.” Y agregan: “También un órgano puede tomar sobre sí el régimen de otro órgano, por ejemplo, la boca anoréxica que toma el régimen del ano” (1) – expulsando el alimento en lugar de incorporarlo-.

En esta lógica productiva que proponen como funcionamiento, el cuerpo sin órganos (CsO) es paradojal, ya que es lo improductivo, lo estéril, lo inconsumible; pero a la vez funciona como una cuasi-causa y es necesario para la marcha del deseo. Entonces, entre las máquinas deseantes y el cuerpo sin órganos (CsO) se levanta un conflicto que es aparente, porque si bien el CsO es improductivo, es sin embargo producido en el lugar de la síntesis conectiva como la identidad del producir y del producto. El proceso de producción (que nunca se detiene) acopla a la producción un elemento de antiproducción (el CsO) necesario para que el proceso prosiga.

Para pensar cómo funciona el CsO como un “motor inmóvil” tomo el ejemplo que proponen, extraído del ámbito social de la producción capitalista: “En la producción social el capital es el cuerpo sin órganos (CsO) del capitalista; produce la plusvalía, como el cuerpo sin órganos se produce a sí mismo, brota, se extiende hasta los confines del universo.” “El capital se engancha a las máquinas y parece todo producido por él, en tanto que cuasi-causa. Del mismo modo el CsO se vuelca sobre la producción deseante y la atrae y se la apropia; las máquinas deseantes se le enganchan y parece que emanan de él en el movimiento aparente y objetivo que las relaciona.” (2). El CsO homologado a la plusvalía que genera el capitalismo, nos recuerda a Lacan en el Seminario 16 De un Otro al otro, cuando ubica el plus de goce en el objeto –el objeto a que concentra él también la paradoja de la pérdida y la recuperación de goce para el sujeto y que es presentado como un producto del discurso inconsciente-.

Otro ejemplo que dan los autores para presentar (y graficar) al CsO es el del huevo, como un elemento extraído ahora del orden de la naturaleza que tiene la característica de no tener en él nada representativo: ninguna zona predestinada en el huevo se parece al órgano que de allí va a surgir, todo en él es vida y vivido, no representación. Se trata en él de bandas de intensidades, potenciales, umbrales y gradientes. Con este modelo piensan “la emoción vivida” por los órganos del cuerpo: la emoción que sienten unos senos no se parece a los senos, no los representa. (3)

Es siguiendo estas descripciones que podemos ubicar al CsO del lado del objeto a lacaniano, como planteaba Enrique Acuña en su seminario; un elemento vacío, sin representación en sí; pero a su vez bordeado, recortado y atravesado por la pulsión; y como objeto siempre parcial que nunca construye, ni conforma una totalidad.

Agreguemos otro dato importante, el CsO por más que las máquinas deseantes se enganchen a él, no deja nunca de permanecer sin órganos y nunca se convierte en un organismo -en el sentido habitual de la palabra-. El CsO mantiene su carácter fluido y resbaladizo. Podemos decir entonces, que otra de sus funciones es evitar que los órganos (o “máquinas órganos”) se acoplen formando un todo en el sentido de un organismo. Los autores sostienen que esta organización funcional y armónica –la que existe en un organismo- impide la producción del deseo, lo ahoga y lo mata.

En su Seminario “Los fundamentos del psicoanálisis” Enrique Acuña planteaba que “este inconsciente-fábrica”, el de la producción, es el del inconsciente pulsional sin representación.  Este inconsciente pulsional del que habla Lacan en el Seminario 11 y que en el Seminario 17 será un real producido como “resto fecundo” al final de la experiencia y no de entrada. Como vacío es imposible de decir, antagónico con respecto a lo simbólico y límite de la combinatoria significante determinada por ese real que se impone a la causa.(4) El CsO como objeto a es una vacuidad, un vaciamiento operado por el lenguaje.

El programa

Entonces se tratará en este “mundo-máquina” de “partes” productoras y productivas dentro de un “proceso” continuo y sin finalidad. El deseo no cesa de efectuar el acoplamiento de flujos continuos y objetos parciales fragmentarios. El deseo hace fluir: fluye y corta.

Con este planteo, el objetivo a alcanzar –aunque adviertan que es inalcanzable- es el “cuerpo sin órganos”: un cuerpo poblado tan solo por intensidades de energía que pasan y circulan sin requerir de un lugar, una escena, ni un soporte. El CsO es propuesto entonces como un programa, un plan de experimentación –opuesto a todo planteo de interpretación- que le permite al sujeto si lo sigue, el acceso al deseo. El CsO es deseo, él y gracias a él se desea.

El programa que proponen no es sin “atributos”, los que conforman según los autores, “tipos” o “géneros” de CsO: ahí encontramos a los “masoquistas”, los “drogadictos”, “los esquizofrénicos”, los “amantes”… diferentes modos de vivir el deseo. De este modo el deseo se define como un proceso de producción, sin referencia a ninguna instancia externa que lo socave o lo calme.

¿Cómo pensar el sujeto en ese inconsciente-fábrica?

Del sujeto dirán que es un residuo al lado de la máquina, un apéndice de ésta. El sujeto no está nunca en el centro de la producción, dominando, ya que en el centro está la máquina. El sujeto es un efecto que nace de cada estado de la serie productiva que lo determina en un momento, consumiendo y consumando todos estos estados que le hacen nacer y renacer. Entonces, sobre la superficie de inscripción del CsO se anota algo que pertenece al orden de un sujeto: sin identidad fija, que vaga sobre él, siempre al lado de las máquinas deseantes, des-centrado.

Un ejemplo que proponen los autores de El Anti Edipo sobre el inconsciente máquina y el sujeto, lo toman del escrito “Posición del inconsciente” con la fórmula de Lacan sobre “alienación y separación”. Lo hacen como ejemplo del juego maquínico (y no etimológico) presente en el inconsciente con el parere/procurar, separere/separar, se parere/engendrarse a sí mismo al que se refiere Lacan ahí. Lo usarán para señalar el carácter intensivo de este juego entre “partes” que no necesitan referirse a un todo, y que no producen ni pérdida, ni carencia, sino un sujeto nuevo.

Pero Enrique Acuña en su seminario introducía el hecho de que el sujeto del inconsciente es un sujeto que deviene tal por la acción de un “órgano” que no es como los otros: el lenguaje. (5) Hecho este que los autores se esfuerzan en ignorar para poder sostener así su teoría de las máquinas deseantes como no representativas y al inconsciente como “huérfano”, es decir, vaciado de toda representación edípica y sin referencia a la castración en tanto pérdida.

Además, para el psicoanálisis el cuerpo no es un dato dado, se construye; y la construcción del cuerpo, a partir de piezas sueltas, es por la incorporación del lenguaje en ese mismo cuerpo. Es el lenguaje el que lo transforma fragmentándolo y volviéndolo un cuerpo que goza. La histérica con sus síntomas conversivos vino a enseñarle a Freud que el cuerpo está habitado por palabras y que responde a cierta retórica que podemos llamar singular. Una retórica significante que para Lacan funciona desde el sinsentido y agujereando su propia estructura -al descompletar en su funcionamiento al Otro del lenguaje y su goce-.

Notas:

1. Deleuze, G. y Guattari, F.: El Anti Edipo –Capitalismo y esquizofrenia-, Paidós, Bs. As, 2009. Pág. 11
2. Ibíd., pág. 19
3. Ibíd., pág. 24
4. Acuña, Enrique: Seminario Los fundamentos del psicoanálisis Clase: LACAN Y LA ANTIFILOSOFIA I (Comentario de Adriana Saullo) https://enriqueseminarioclinico.wordpress.com/2015/11/06/lacan-y-la-anti-filosofia-i-con-y-sin-deleuze/5. Enrique Acuña planteaba en su seminario: “El sujeto deviene sujeto  por un  órgano  que no es como los otros: el lenguaje como órgano sin cuerpo y al inversa un cuerpo sin órganos (CsO)  propio de la esquizofrenia. Ya no se trata entonces  de la representación mental  de un cuerpo organizado, sino y como ejemplo al que alude en La lógica del sentido,  el cuerpo del  gato de Cheshire  de  Alicia en el País de las Maravillas que al desvanecerse  deja  la  imagen solo de los labios… diciendo algo. Esa sonrisa del gato es el signo que representa al órgano del lenguaje. Lenguaje que se olvida del cuerpo biológico y un signo que es  puro lenguaje sin significado.”

Bibliografía:

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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