Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 10 • Octubre de 2020 •

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Amazonia

Kati Alvarez

Socióloga. Tiene una maestría en Ciencias Sociales con mención en Antropología. Doctorado en Historia de Los Andes. Actualmente trabaja como Docente en el Instituto de Posgrado de la Universidad Central del Ecuador.

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El coronavirus: nueva batalla a la que se enfrenta la Amazonia ecuatoriana y la resistencia a través de la denuncia y la lucha

Andrea Mac Micking. @andremacmickingphoto

Resumen

Varias son las batallas a las que se enfrentan las poblaciones amazónicas, desde problemas estructurales como la pobreza hasta la lucha por vivir en un ambiente libre de contaminación. El coronavirus es otra batalla que se suma a estas luchas y se lo hace desde la resistencia. Las comunidades y organizaciones, sobre todo indígenas, han asumido el rol del autocuidado desde una gestión en que coloca a la vida por sobre el capital. Para esto se ha hecho uso de la memoria colectiva epidemiológica, económica y política que, de la mano de la auto determinación y del auto gobierno ha asumido de manera integral el significado de vivir bien.

Palabras clave: coronavirus / amazonia ecuatoriana / resistencia / autocuidado / auto gobierno / auto determinación

 

Introducción

En el presente artículo se hace un recorrido de la situación del coronavirus en la amazonia ecuatoriana, en el contexto de aplicación de políticas neoliberales, extracción y explotación de los recursos naturales y de la resistencia. En cuanto a este último punto, se procura responder a la pregunta: ¿cómo las nacionalidades amazónicas ecuatorianas enfrentan esta nueva batalla al coronavirus dentro de otras ofensivas a sus derechos?

Se hace especial mención a las organizaciones indígenas y a las nacionalidades amazónicas, sin embargo, en el análisis, se procura considerar a la población afro ecuatoriana, montubia y blanco mestiza que reside en la Amazonía ecuatoriana, y que experimenta las mismas amenazas, problemáticas sociales y ambientales, así como vulneración a sus derechos.

Se inicia con una reflexión de la cuenca amazónica, sobre todo, en aquellos elementos que comparten los nueve países en el contexto de expansión del coronavirus. Luego se aborda de manera específica la situación del coronavirus en la amazonia ecuatoriana, los casos confirmados, las y los fallecidos. El colapso del sistema de salud pública dentro de la aplicación de políticas neoliberales y problemas estructurales. Se hace un paneo de las vulnerabilidades y problemas sociales. Se expone el caso de la ruptura de los oleoductos SOTE y OCP como ejemplo de las condiciones de vulneración a derechos al agua, a la alimentación, a vivir en un ambiente sano, precisamente en momentos en que el coronavirus se expande vertiginosamente por la amazonia ecuatoriana.

Finalmente, se analiza el manejo del coronavirus en medio de la movilización permanente y la resistencia. Desde la autodeterminación y el autogobierno. Las nacionalidades indígenas amazónicas han procurado luchar la batalla contra el coronavirus de manera simultánea con las luchas por los derechos y por los derechos de la naturaleza. El auto cuidado y la auto gestión constituye una herramienta decidora para sobrevivir en medio de un aparato estatal que ha colocado al capital por sobre la vida de los humanos y de la naturaleza.

 

El coronavirus en la cuenca amazónica

La gran cuenca amazónica es compartida por nueve países, entre ellos, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela, Colombia, Guayana Francesa, Guayana y Surinam. Esta amplia área alberga una altísima biodiversidad y recursos naturales, que, de la mano de la existencia de centenares de pueblos originarios, han enfrentado a lo largo de la historia moderna y contemporánea, abandono, amenazas y despojos.

El coronavirus se suma al abandono de los estados en unos casos, y en otros, a los modelos estatales que responden a capitales nacionales e internacionales con intereses en la región y sus recursos. A las amenazas como la deforestación y los incendios provocados intencionalmente para la ampliación de la frontera agropecuaria, en especial de monocultivos como la palma africana, y el despeje de amplias zonas para la ganadería a gran escala. A las actividades industriales como la explotación petrolera, el avance de proyectos mineros, a la construcción de hidroeléctricas, a la persistencia de actividades ilegales, entre otras. Y, como si esto fuera poco, se suma el coronavirus a este escenario de despojos de los territorios, de los cuerpos y de los derechos de las poblaciones originarias.

Como consecuencia de estas actividades económicas en varios de los países amazónicos se han producido incendios catastróficos que han terminado con varias especies de flora y fauna, así como de vidas humanas. Se han contaminado ríos por derrame de petróleo y mercurio. Se han producido graves impactos a los territorios y a los ecosistemas amazónicos, como en el caso del Ecuador, en que debido a la construcción de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair ha desaparecido la cascada de San Rafael y se ha producido una acelerada erosión regresiva del río Coca, afectando con ello a varias comunidades asentadas a orillas del mismo y a orillas del río Napo.

Debido a estas acciones e inacciones gubernamentales, y de la intervención de poderes económicos, muchos de ellos de multinacionales, se tienen en la región amazónica profundas desigualdades sociales, que con el coronavirus se han agudizado y se han profundizado aun más. Los índices de pobreza y extrema pobreza en la región son altos. El equipamiento de infraestructura, equipos y personal médico, ha mostrado ser insuficiente (Figueroa, 2020). La educación vía internet ha excluido a gran parte de la población amazónica. El acceso a servicios básicos y a una adecuada alimentación es escaso (Herrera, 2020).

Sin duda, las condiciones estructurales previas a la pandemia del coronavirus, como la falta de soberanía y seguridad alimentaria, la dependencia de las poblaciones amazónicas a los mercados y las ciudades, e inclusive, en ciertos grupos humanos, la falta de defensas o sistema inmunológico deprimido, ha contribuido a que las poblaciones sobre todo originarias se encuentren envueltos en una inmensa vulneración de sus condiciones de vida y de sus derechos (Suárez y Oliveira, 2020).

En este contexto regional en el que se comparten muchas de estas vulneraciones sociales, ambientales, económicas y políticas; la pandemia del coronavirus bien puede acelerar un genocidio y etnocidio. Así lo demuestran las cifras regionales de contagios y el índice de letalidad por coronavirus en la región amazónica.

Según la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, COICA, al 23 de septiembre del 2020 se tendrían 61.782 casos confirmados y 1.878 fallecidos por COVID 19. De estos, la mayoría son personas adultas mayores (sabias y sabios de distintas culturas) y un sin número de lideresas y líderes, que asumieron el rol de cuidado de sus comunidades por lo que se vieron expuestas y expuestos al virus.

De acuerdo al Observatorio COVID 19 en la Amazonia Venezolana OrpiaWataniba. Boletín N.- 5 / 6, el 72,3% de personas con COVID 19 se encuentran en el Brasil, el 18,9% Perú, el 4,9% en Bolivia, 1,9% en Colombia 1,9% y 1,5% en Ecuador.

Las situaciones más críticas se las observa en los estados brasileros de Pará y Amazonas. Manaos, la capital del estado brasilero del Amazonas, concentra más del 40% de los casos, el 60% restante hacia la frontera con Venezuela y Colombia.

Otro eje que preocupa es a lo largo del río Amazonas. Desde Puerto Nariño hacia la triple frontera (Colombia, Perú y Brasil). Leticia (Colombia) y Tabatinga (Brasil), ciudades limítrofes, que prácticamente son una sola, y donde los casos de contagios han crecido exponencialmente. De acuerdo a la misma fuente, similar situación ocurre en Iquitos (Perú), seguido por un dramático ascenso de contagios desde mayo a septiembre en Surinam (109%) y Guayana francesa (67%).

Como se ha visto en este breve diagnóstico de la situación de la cuenca amazónica y el coronavirus, la región comparte modelos económicos que han generado varias amenazas a la biodiversidad y a los pueblos originarios, así como, han provocado profundas desigualdades socio económicas, despojos de territorios, contaminación y vulneración de derechos. La pandemia COVID 19 se ha constituido en un tiempo de re estructuración y ajuste del capitalismo neoliberal que profundiza estos problemas estructurales sociales y ambientales en los que se encuentra inmersa la región amazónica.

 

El coronavirus en la amazonia ecuatoriana

Ecuador cuenta con cuatro regiones en las cuales habitan 14 nacionalidades y 18 pueblos. El área amazónica del Ecuador comprende el 48% del territorio nacional, cuenta con las provincias de norte a sur: Sucumbíos, Napo, Orellana, Pastaza, Morona Santiago y Zamora Chinchipe. Con un estimado poblacional de 740.000 habitantes (López y otros, 2013). Entre los pueblos originarios se tienen de norte a sur las siguientes nacionalidades: A´I Kofán, Siona, Siekopa’i, Kichwa, Waorani, Shuar, Shiwiar, Andwa, Sápara, Achuar. Muchos de ellos se encuentran en zonas fronterizas y 8 son transfronterizas: Shuar, Achuar, Shiwiar, Andwa, Siekopa’i, A´I Kofán, Sápara y Kichwa.  Además, en la Amazonía habitan los grupos en contacto intermitente, Tageiri, Taromenane y Dukaeiri (waorani).

Por otro lado, la Amazonía ha sido ocupada por colonos blanco mestizos, montubios y afro ecuatorianos en distintos períodos históricos. La mayor parte de la población reside en áreas urbanas, las mismas que han sufrido crecimientos poblacionales de hasta el 8% anual, sobre todo, en áreas de explotación petrolera (INEC, 2010).

Las nacionalidades indígenas amazónicas cuentan con territorios ancestrales reconocidos por el estado ecuatoriano, y en muchos de estos territorios, se asientan parques nacionales y reservas ecológicas. Las nacionalidades cuentan con organizaciones de primer, segundo y tercer grado. La principal organización en la Amazonía es la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana CONFENAIE.

La población blanca mestiza y afro ecuatoriana se concentra en área urbana o en pequeños caseríos fuera de los territorios indígenas. Esta población se ha organizado en Asociaciones preferentemente gremiales y campesinas.

Entre las principales actividades económico productivas se tiene la explotación petrolera, la minería, la agroindustria, la extracción de madera y el turismo. El sector de servicios (hoteles, bares, restaurantes) que se concentra en las principales ciudades de la región y en pequeños poblados es significativo.

El coronavirus ingresa por distintas vías a la región amazónica. El primer caso registrado provino de una cepa cuyo portador era un turista holandés que visitó la Reserva Cuyabeno en la provincia de Sucumbíos. El turista tuvo contacto con miembros de la nacionalidad Siekopa’i (Plan V, 2020). Inmediatamente después, se identificaron casos positivos en dirigentes de la nacionalidad Shuar, que había ingresado al Ecuador luego de un evento anti minero en Canadá (1). Luego, se reportaron casos positivos en la nacionalidad Waorani, debido al contacto con balseros provenientes de la ciudad de Guayaquil (Vallejo y Álvarez, 2020). Se registraron casos en la nacionalidad Kichwa, Achuar, y cuando la nacionalidad Sápara tomaba medidas para protegerse, y evitar el contagio en su territorio, también se detectaron casos positivos (2).

Según las dirigencias de estas últimas tres nacionalidades, la alta movilidad de las personas jóvenes entre ciudad y territorio, y la dependencia de las poblaciones de productos semi industrializados e industrializados, fueron factores decisivos para la propagación del coronavirus en las comunidades indígenas. También, una de las puertas para el ingreso del coronavirus a las ciudades y territorios amazónicos fueron las actividades extractivas, que no pararon sus funciones a pesar de las denuncias y pedidos realizados por las y los dirigentes de las distintas nacionalidades amazónicas. Varios fueron los casos positivos a coronavirus de trabajadores petroleros, mineros, palmicultoras y madereros (3).

A diferencia de la costa, sierra y región insular, la cifra de contagio de coronavirus en la amazonia ecuatoriana es menor. Sin embargo, con el cambio de semáforo de rojo a amarillo, se observa una expansión vertiginosa del virus. Según la plataforma interactiva de monitoreo del COVID 19 desarrollada por la CONFENAIE, en colaboración de Amazon Watch, Fundación ALDEA y el Instituto de Geografía de la Universidad San Francisco de Quito, (USFQ) se tiene que los casos reportados de las nacionalidades Shuar, Kichwa, Achuar, Waorani, Siona, Sapara, Andwa y Shiwiaral 22 de septiembre ascienden a 2.946 casos positivos, 92 fallecidos, 639 casos sospechosos, 3.996 casos negativos, 1.548 casos recuperados. De acuerdo a la misma fuente, se han realizado 7.581 pruebas. En total existirían 9.221 afectadas en el contexto del coronavirus, y se ha lanzado una alerta de contagio comunitario en toda la Amazonia del 60% (4).

La nacionalidad con mayor número de contagios según Comunicación CONFENAIE es la Kichwacon 1.268 casos positivos, seguida por la nacionalidad Shuar con 951,Waoranicon 366 casos, Siona con 100 casos, Achuar con 84, Sápara con 80, 35 A´I Kofán, 20 Sicopa´i, 14 Shiwiar, 4 Andwa.

Con respecto al total de contagios a nivel nacional se tiene al 2 de octubre 143.703 casos confirmados y 11.433 fallecidos (Ministerio de Salud Pública, 2020). En las provincias amazónicas, que incluye población afro ecuatoriana y blanco mestiza, se tiene que la provincia de Morona Santiago registra 2.734 casos confirmados seguido de Sucumbíos con 2.579 casos y Pastaza con 2.161 casos (5).

 

Vulnerabilidades y problemáticas sociales

La amazonia ecuatoriana, al igual que el resto de la cuenca amazónica, presenta condiciones estructurales que colocan principalmente a las poblaciones indígenas y afro ecuatorianas dentro de quintiles de pobreza 1 y 2 (6).

Es decir, que los indicadores de pobreza y extrema pobreza alcanzan en el primer caso a más del 90% de la población, y en el segundo, al 35% (Castillo y Andrade) (7). Y, como bien lo señala Claudia Storini (2020) las personas que “viven en situación de pobreza están más propensos a los contagios” (sistema inmunológico deprimido, sin buena alimentación, con enfermedades pre existentes, sin agua, sin luz, sin alcantarillado, sin viviendas adecuadas).

La dificultad en acceso o la inexistencia de servicios de salud, educación de calidad, a viviendas dignas, a servicios básicos, y a empleos sostenidos, han colocado a la población amazónica en situación de alta vulnerabilidad. Esto, sumado a las presiones que se ejercen sobre los territorios, la contaminación de los ríos, esteros y lagunas, así como la desaparición de especies flora y fauna mantienen en constante batalla a las nacionalidades y pueblos amazónicos.

El acceder al servicio de salud pública, en especial a los hospitales en tiempos normales, por decirlo así, era ya complejo, supone una serie de situaciones. La primera, el salir de las comunidades normalmente con un acompañante a las ciudades más cercanas, o dependiendo del caso a las ciudades grandes como Quito o Guayaquil, con muy poco dinero para subsistir y movilizarse en las ciudades. Y, dentro de los hospitales con problemas comunicacionales no solo en términos lingüísticos, sino en cuanto a cosmovisiones sobre la salud, la enfermedad, el dolor, los tratamientos.

Durante la pandemia, esta situación se ha agudizado. En la actualidad se tienen todos los hospitales regionales colapsados, no existe espacio en las pocas unidades de cuidados intensivos. No existen los suficientes respiradores ni oxímetros para pacientes graves y de mediana complejidad. El personal médico no es suficiente, y a pesar de ello, el actual gobierno ha despedido a muchas y muchos galenos y personal de salud.

De otro lado, los centros médicos que se encuentran en o cerca de los territorios indígenas o en el área rural de las provincias amazónicas no cuentan con los equipos, medicamentos y personal para atender este tipo de casos.

El Ministerio de Salud Pública, a través del Departamento de Salud Intercultural ha procurado intervenir, pero con muchas dificultades. Este departamento, al igual que todo el sistema de salud público, se encuentra desmantelado. De igual manera, las pruebas PCR y pruebas rápidas realizadas por estas entidades gubernamentales han sido escasas en la amazonia.

Esta situación, sumada al trauma social que dejaron las experiencias trágicas del manejo del COVID 19 en la ciudad de Guayaquil, afianzó aun más la desconfianza que tienen las nacionalidades indígenas de los saberes médicos occidentales. Varios son los casos en que las comunidades se han opuesto a la evacuación de pacientes COVID 19 y han preferido manejar la enfermedad en sus comunidades y con sus conocimientos.

En lo que respecta a la educación pública, si bien se contaba con infraestructura, la ausencia de maestras y maestros, así como la deserción escolar eran bastante altas. El modelo educativo hispanizante promovido en la década del correato constituyó un duro golpe a la educación intercultural bilingüe. Sin duda alguna, durante la pandemia, tanto la educación hispanizada como propuestas de una educación intercultural quedaron petrificadas en muros vacíos y desolados en medio de la selva. La necesidad de impartir clases vía online ha dejado sin estudios a más del 70 % de niños, niñas y jóvenes de las nacionalidades amazónicas.

En las comunidades o caseríos no se cuenta con internet, y los hogares, muchos de ellos sumidos en la pobreza, no cuentan con computadoras, tablets o celulares. Se suma a esta situación el que padres y madres de familia son analfabetos o analfabetos funcionales, y no pueden dar seguimiento a sus hijos durante las clases y la elaboración de tareas.

De otra parte, el tema de las viviendas, sobre todo en el área rural y en las comunidades, que en la región mantienen el prototipo de casas de madera con techo de zinc, salvo algunas nacionalidades, que aún utilizan materiales de la región. Estas viviendas no tienen las mismas condiciones que las viviendas urbanas. Por lo general, se cuenta con una habitación y un espacio para la cocina. En la mayoría de los casos no se tienen baños higiénicos, en algunos casos se cuenta con letrinas, y en otros, se hace uso de campo abierto.

El abastecimiento de agua suele ser directo de los esteros o ríos, o en el mejor de los casos se cuenta con tanques en los que se recoge agua lluvia.

Las recomendaciones socializadas por el gobierno para prevenir el contagio por coronavirus y manejar casos positivos con sintomatología leve, no consideraron estas condiciones de habitabilidad y criterios culturales de las comunidades o caseríos de la región amazónica. De ahí que, los spots publicitarios del lavado de manos en un baño de una vivienda de la ciudad de Quito no tuvieron recepción en las comunidades. De igual manera, las recomendaciones de aislar a pacientes positivos en el espacio doméstico, bajo el supuesto de que se cuenta mínimo con dos habitaciones no podía ser realizado debido a que los espacios son únicos y compartidos, son viviendas colectivas.

Finalmente, quisiera reflexionar sobre el tema del empleo. En áreas de explotación petrolera o minera se suele emplear a la población local por tres meses y con un salario mínimo vital, sin seguridad social. En otros casos, se dan empleos esporádicos en el sector turístico. Pocos son empleados del sector público. Las comunidades viven de la venta de productos de las chacras, de la venta del café o del cacao. Las mujeres indígenas principalmente elaboran artesanías y las comercializan en las ciudades cercanas. Con la pandemia estas pocas posibilidades de obtener dinero desaparecieron. Según un estudio realizado por la Universidad Carolina del Norte en el 2013, cuando esta situación ocurre, es decir, cuando las comunidades no cuentan con ninguna posibilidad de obtener dinero, suelen presionar recursos naturales: venta de madera y carne de monte.

En efecto, durante la ola de contagios de coronavirus se ha evidenciado en la amazonia ecuatoriana la venta de balsa. Miles y miles de toneladas de balsa salen de los territorios indígenas sin ningún control de las comunidades, de las organizaciones indígenas y mucho menos del gobierno nacional (Aguilar, 2020) (8).

El pago por el trabajo de la gente de las comunidades es irrisorio, los riesgos del trabajo han cobrado vidas humanas, se presiona los territorios y se fragmenta el tejido social (problemas drogas, alcoholismo, suicidios, embarazos).

La falta de empleo sostenido y de ingresos económicos ha impactado en el ámbito de la nutrición, se tienen en algunas nacionalidades altas tasas de desnutrición materno infantil, desnutrición crónica y aguda (Buitrón y otros) (9). El consumo de azúcares y grasas es elevado (FAO, 2001). A tal punto que se han registrado en la población, diabetes millitus, colesterol, triglicéridos, presión alta.

 

Ruptura de los oleoductos del SOTE y OCP: una tragedia para la vida en tiempos de pandemia

Como se ha expuesto en el contexto de la cuenca amazónica, la región ha estado sometida a periodos de abandono de los estados nacionales, a momentos de aplicación de modelos estatales que han visto todas las posibilidades para extraer recursos naturales a través de capitales públicos o privados (nacionales e internacionales), a amenazas, contaminación, despojos y vulneración de derechos: humanos, ambientales, territoriales.

En la Amazonía ecuatoriana, una de las actividades extractivas, quizá la que más impactos socio ambientales ha ocasionado, es la explotación petrolera.

Pocas semanas después de que se había declarado la crisis sanitaria y el aislamiento social por el coronavirus, esto es el 07 de abril del 2020, los dos oleoductos, Sistema de Oleoductos Trans Ecuatoriano (SOTE) y el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) que transportan crudo desde la Amazonia hasta la costa ecuatoriana se rompieron (Basantes, 2020) (10). La causa para la ruptura, según directivos de OCP, es la erosión regresiva del río Coca, que por la construcción de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair provocó la implosión de la cascada San Rafael, la cascada más grande que tenía el Ecuador.

El río Coca, luego de haber sido alterado irremediablemente en su sistema hídrico se ha erosionado a tal punto de comprometer infraestructura vial, infraestructura petrolera, los oleoductos SOTE y OCP, y seguramente, comprometerá infraestructura de la planta hidroeléctrica.

Con la ruptura de los dos oleoductos se derramaron 8.900 a 15.000 barriles de crudo afectando a los ríos Coca y Napo, mencionar que es el mayor derrame de crudo ocurrido en el Ecuador en los últimos 15 años.

Las comunidades asentadas a orillas de estos ríos han sido afectadas, estimándose 2.000 familias indígenas, es decir, 27.000 personas en 105 comunidades indígenas, sin contar, con campesinos afectados, y comprometiendo el acceso a agua potable de al menos 120.000 personas en plena pandemia de coronavirus (11).

Entre las afectaciones más importantes se tiene a la alimentación y salud de las y los habitantes del área afectada. Las actividades de pesca fueron suspendidas en un sitio donde la cacería había disminuido, y los ríos constituían la principal fuente para acceso a peces. De igual manera, se afectaron las chacras cercanas a los ríos. Se dificultó el acceso al agua para cocinar o para bañarse. Además, la contaminación de los ríos ha afectado a flora y fauna nativa (Paz Cardona, 2020) (12).

El gobierno nacional creó un Comité de Emergencias y Contingencias que involucraron a los ministerios del Ambiente y de Recursos No Renovables, Petroecuador, OCP y otros actores para implementar planes de remediación. Se trabajó en un sistema provisional de captación agua y la instalación de una bomba de agua potable para el abastecimiento de la ciudad del Coca. Por otra parte, se proveyó de unos kits alimenticios y de botellones de agua, pero según las comunidades afectadas, esto fue insuficiente e ineficaz para la magnitud de los impactos.

Las comunidades afectadas solicitaron indemnizaciones y compensaciones sociales por este desastre ambiental y decidieron junto organizaciones indígenas, religiosas y de derechos humanos, demandar al estado ecuatoriano y a las empresas petroleras por el derrame de crudo en los ríos Coca y Napo (Paz Cardona, 2020) (13).

La demanda se sustenta en denunciar la vulneración a los derechos al agua, a la alimentación, a la salud, a vivir en un ambiente sano y a la información. Las comunidades afectadas han pedido acciones de protección ya que históricamente han sufrido de contaminaciones.

Toda esta tragedia ha ocurrido en el contexto del COVID 19, y como bien lo señala Andrés Tapia, dirigente de la CONFENAIE, estas poblaciones sufren de una triple amenaza: coronavirus, las inundaciones de esta temporada del año, y la contaminación del agua con crudo. Precisamente cuando la población requería de agua limpia, de fuentes seguras de alimentación, de mantenerse tranquilos en sus comunidades, y así enfrentar la pandemia (14).

El 29 de septiembre las comunidades afectadas se han trasladado a Quito para exigir acceso a la justicia. Luego de que han pasado 28 días sin tener la sentencia escrita que permita a las comunidades apelar y continuar con la búsqueda de Medidas Cautelares.

 

La resistencia a través de la denuncia y de la lucha

La Constitución de la República del Ecuador (2008) reconoce la plurinacionalidad del país, los derechos de la naturaleza y el buen vivir. Pero, si bien en un inicio se avizoraba mayor participación política de las nacionalidades y pueblos del Ecuador con otro modelo estatal, esto no ocurrió.

El gobierno de Rafael Correa, especialmente desde su reelección en el 2012 apostó por dinámicas económicas desarrollistas como la explotación a gran escala de recursos naturales y los territorios: oro, cobre y petróleo (15). Y, la venta / concesiones de grandes extensiones de tierras a empresas petroleras y mineras sin consulta previa a los pueblos indígenas.

En la actualidad, el gobierno de Lenin Moreno, ex vice presidente del correato, alineado a grupos empresariales ha optado por aplicar un progresivo desmantelamiento del estado a través de la aplicación de políticas neoliberales y antipopulares.

La pandemia se constituyó en el momento ideal para realizar despidos masivos, reducir el tamaño del estado, privatizar las empresas públicas, liberar el precio de los combustibles, facilitar la fuga de capitales y fortalecer medidas policíacas para evitar demostraciones del descontento social.

La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador CONAIE, organización histórica que ha luchado contra las políticas neoliberales y antipopulares, por el reconocimiento de la plurinacionalidad y la defensa de los territorios, se declaró junto con sus regionales: la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador, (ECUARUNARI), la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana (CONFENAIE) y la Confederación de Nacionalidades y Pueblos Indígenas de la Costa Ecuatoriana, (CONAICE) en permanente movilización y en resistencia (CONAIE, 2015).

La permanente movilización y el vivir en resistencia es una epistemología viva que se nutre por las circunstancias de querer vivir bien frente al colonialismo, capitalismo, patriarcado y el racismo.

Las organizaciones indígenas y las comunidades luego de haber participado en los hechos de octubre (2019), donde lucharon junto con otros sectores sociales en contra de las recetas del Fondo Monetario Internacional aplicadas por el gobierno de Moreno, y haber sido objeto de mutilaciones, asesinatos, persecuciones y criminalización de la protesta social, regresaron a sus comunidades y territorios victoriosos y con un firme posicionamiento antes otros sectores sociales, principalmente urbano populares.

El coronavirus llega a los territorios indígenas y a la amazonia ecuatoriana dentro de este contexto de movilización permanente y resistencia. Es por esta razón que, ante el desmantelamiento de la salud pública, ante el abandono estatal, ante la vulneración de los derechos, las nacionalidades afianzan los principios de auto determinación y autogobierno para enfrentar al coronavirus.

La CONFENAIE junto a dirigentes de las nacionalidades ha asumido el rol de realizar pruebas rápidas y de PCR en las comunidades. Ha equipado con oxígeno, medicamentos y trajes de bioseguridad al personal de salud de varios centros de salud pública y hospitales regionales. Ha creado una plataforma para monitorear los contagios y las muertes en todas las nacionalidades amazónicas. Ha elaborado cartillas y otras materiales comunicaciones en lenguas originarias revisadas y validadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para socializar las medidas de prevención y de actuación ante la pandemia.

De otra parte, la CONFENNAIE ha organizado trueques e intercambios con otras organizaciones indígenas (sierra y costa ecuatoriana) para así promover la autonomía alimentaria de las comunidades.

La CONFENAIE se ha sumado a la denuncia y demanda de las comunidades afectadas por el derrame de crudo en los ríos Coca y Napo.

De manera simultánea, las organizaciones y las comunidades afectadas por el derrame del crudo en los ríos Coca y Napo, así como la nacionalidad Waorani que demandaron al estado por medidas cautelares. En el primer caso por las afectaciones a los derechos al agua, a la salud, a vivir en un ambiente sano. Y, en el segundo, por la falta de atención médica para evitar contagios COVID 19.

En lo que tiene que ver el manejo de los fallecidos, las nacionalidades han luchado jurídicamente para que los cuerpos vuelvan a las comunidades, y sean enterrados con medidas estrictas de bioseguridad. Se prohíbe mirar o tocar a los difuntos, no se puede velarlos y deben ser enterrados muy profundo.

Esto en cuanto a las organizaciones indígenas, pero quisiera detenerme en lo que implica vivir en resistencia con el coronavirus en las comunidades dentro de los territorios y en sitios urbanos y peri urbanos.

Señalar que, cuando hubo los primeros casos se activó la memoria epidemiológica de las nacionalidades y pueblos amazónicos. En este sentido, algunas familias optaron por internarse en la selva y alejarse de las comunidades. Otra acción fue el cerrar los territorios e impedir el ingreso de personas ajenas a las nacionalidades.

Aquí mencionar que las personas pertenecientes a las nacionalidades y que residían en las ciudades regionales optaron por retornar a sus territorios ya que la sobrevivencia en las ciudades se dificultó, sobre todo por la falta de alimentos.

En ciertas nacionalidades se conformaron Centro de Operaciones de Emergencias Comunitarios, y se puso a trabajar a guardias indígenas para controlar el ingreso y salida de personas, así como vigilar y actuar en el momento de registro de casos positivos a COVID 19.

Por la similitud de los síntomas del COVID 19 con las infecciones respiratorias agudas, gripes, fiebres, diarrea, dolores de cabeza y el dengue se echó mano de plantas medicinales utilizadas para estas enfermedades.

En el caso de contar con adultos mayores (sabios y sabias) en las familias y comunidades, o, curanderos, shamanes, yachaj, se procuró su orientación para el manejo de la enfermedad. Pero, quienes asumieron el cuidado familiar y comunitario, han sido las y los jóvenes, en especial, las mujeres.

Se conformaron grupos de asistencia a pacientes con coronavirus. Estos grupos llevan plantas medicinales preparadas y dan las bebidas con indicaciones de dosis y horarios, hacen baños con agua caliente porque experimentaron que con agua fría los síntomas se agravan. Hacen evaporizaciones. En ciertos casos, incluso, apoyaban con alimentación y transporte.

Se ha subrayado en las comunidades la necesidad de alimentarse bien, y estar fortalecidos para cuando llegue la pandemia poder defenderse de ella. Se ha hecho hincapié en el consumo de productos de sus chacras, de la pesca y la cacería.

En lo emocional se ha acudido al consejo y la palabra de los sabios y sabias de cada nacionalidad.

 

Conclusiones

El coronavirus ha acelerado las dinámicas de aplicación de políticas neoliberales en el contexto de una grave crisis económica, “inducida o incrementada por la pandemia” que ha dado según Storini “un golpe contundente a la capacidad de ganar el sustento vital de personas de la economía informal” (Storini, 2020), como de personas que dependían de actividades turísticas, de la comercialización de productos agrícolas, de empleos generados en el área de servicios. Esta situación se ha extendido a otros estratos sociales, los despidos masivos, la falta de pagos, la reducción de salarios, situación que refleja una precarización de la vida en el país.

Esta compleja situación se agrava en la amazonia ecuatoriana cuando además se vulneran los territorios y se contaminan el agua y el suelo, es decir, los medios de vida de las nacionalidades indígenas y de la población rural. Cuando por la necesidad de dinero se ven obligados a presionar sus territorios y recursos.

La población urbana procura reactivarse económicamente, pero la capacidad adquisitiva de la sociedad es baja, por eso los pequeños negocios como restaurantes, bares, hoteles cierran sus puertas. No hay empleo para nadie.

Frente a esta situación, los pueblos indígenas (y locales en general) han brindado una serie de respuestas autogestionadas: Se ha potenciado la memoria epidemiológica tanto de las nacionalidades como pueblos del Ecuador. Se han fortalecido otras economías. Se ha optado por el autogobierno y la autodeterminación.

Pero, todo esto es insuficiente debido a las condiciones estructurales, a las formas de vida de las nacionalidades y pueblos que optan por lo colectivo (por la vida familiar y comunitaria), por el compartirlo todo, por en minga se ha sobrevivido, porque en minga y con luchas se han ganado batallas. El coronavirus, es una batalla más a librarse dentro de muchas otras, sin embargo, este enemigo es desconocido, y preocupa la excesiva confianza de las nacionalidades y pueblos en que se ha ganado la batalla al coronavirus. Ahora se tiene más contagios y re contagios, y la tasa de letalidad está al alza.

Notas:

(1) The possible horrible legacy of the “coronavirus convention”,  The Halifax Examiner. https://www.halifaxexaminer.ca/featured/the-possible-horrible-legacy-of-the-coronavirus-convention/

(2) https://www.elcomercio.com/actualidad/saparas-contagios-covid19-pastaza-amazonia.html

(3) https://www.inredh.org/index.php/noticias-inredh/covid-19/1355-posible-contagiado-en-el-bloque-petrolero-61-pondria-en-riesgo-a-comunidades-waorani

(4) Disponible en https://confeniae.net/covid19

(5) https://www.eluniverso.com/noticias/2020/10/02/nota/7999216/coronavirus-covid19-ecuador-casos-contagios-muertes-2-octubre

(6) https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/Estudios%20e%20Investigaciones/Pobreza_y_desdigualdad/6.Reporte-Que_impulso_la_reduccion_de_la_pobreza.pdf

(7) https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/Estudios%20e%20Investigaciones/Pobreza_y_desdigualdad/6.Reporte-pdf

(8) https://es.mongabay.com/2020/09/tala-ilegal-en-ecuador-amazonia-pueblos-indigenas/

(9) https://scielosp.org/article/rpsp/2004.v15n3/151-159/es/

(10) https://es.mongabay.com/2020/05/ecuador-rotura-oleoducto-ocp-petroleo/

(11) https://www.facebook.com/conaie.org/posts/3131321726902110/

(12) https://es.mongabay.com/2020/04/derrame-de-petroleo-rio-coca-indigenas-demandan-a-ecuador/

(13) https://es.mongabay.com/2020/04/derrame-de-petroleo-rio-coca-indigenas-demandan-a-ecuador/

(14) https://www.amazoniasocioambiental.org/es/radar/indigenas-en-ecuador-sufren-consecuencias-de-derrame-petrolero/

(15) https://www.inredh.org/index.php/noticias-inredh/actualidad/445-la-extraccion-minera-a-gran-escala-en-el-ecuador

Bibliografía:

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• Tendencias Amazonia Brasileña En: Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: https://www.elcomercio.com/tendencias/amazonia-brasilena-vulneracion-incendios-pandemia.html.

 

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