Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 6 • Julio de 2017 •

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El autismo: hablar para no decir

Patricia Iribarren

Miembro de PRAGMA Clínica y Critica- Instituto de Enseñanza e Investigación en Psicoanálisis. Coordinadora del Módulo de Investigación Tratamientos de la infancia

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Arnold Rosenberg
Marcel Duchamp jugando ajedrez sobre una placa de vidrio.
1958. Fotografía impresa en gelatina de plata.

Como puede leerse en el Protocolo que da marco a este Coloquio, cada vez que un problema de la práctica analítica es localizado, las referencias deben oficiar de polo de atracción para intentar su esclarecimiento; es decir, no solo hay interés por las referencias sino también usos de ellas. Es esta una política propuesta por el Director de Enseñanzas Enrique Acuña en su clase inaugural del Curso Anual “El Psicoanálisis en el siglo: Síntoma y angustia” que orienta nuestras investigaciones y lecturas.

En el módulo de investigación Tratamientos de la infancia tomamos al autismo como eje de indagación, a fin de poder explicar este particular modo de funcionamiento subjetivo, estableciendo el diagnóstico diferencial con la psicosis.

Puntualmente, me referiré al estilo singular que el autista tiene de arreglárselas con el acto de la palabra, porque si bien la representación más extendida del niño autista hace de él un ser mudo, Lacan va en contra de este prejuicio diciendo de ellos que son más bien “verbosos”.

Jean Claude Maleval (1) afirma que la mayoría de los niños autistas hablan, pero sus verbalizaciones son originales: adquieren la forma de “lenguaje de loro” o ecolalia diferida. El niño pronuncia palabras pero no las usa. En los autistas de alto nivel se encuentra por lo regular una voz artificial, particular, sin expresividad.

Cuando el autista trata de comunicarse, lo hace esencialmente de un modo que no pone en juego ni su goce vocal, ni su presencia, ni sus afectos.

El rasgo común en todos los niveles del espectro del autismo, es la dificultad del sujeto para adoptar una posición de enunciador. Habla de buen grado, pero con la condición de no decir. Pueden distinguirse dos grandes formas de hacer con el lenguaje:

En una, el sujeto consigue comunicarse mediante una lengua desafectivizada, pero compuesta de signos, cuya significación se puede compartir con el interlocutor.

Por otra parte, hay autistas que privilegian una lengua privada, más conectada con la melodía que con la significación. Puede entrar en resonancia con las emociones, pero solo las comunica de modo indirecto.

Como explica Maleval, en un mismo sujeto autista, estos dos usos del lenguaje no son excluyentes el uno del otro.

El escritor y matemático británico Daniel Tammet (2) diagnosticado como autista de alto nivel, cuenta así su relación al lenguaje: “hacia los 8 o 9 años empecé a sentir la diferencia y la soledad, aunque no dispusiera de palabras para expresarlas. Fue a partir de ese momento cuando quise romper el muro que me separaba de los demás. Me empeñé en aprender los códigos sociales, como si fuera un científico que estudia una especie animal exótica o como si aprendiera una lengua extranjera”.

Fue en esa época que entendió que tenía un talento particular: cuando hacía los deberes, lograba adivinar la solución a los problemas matemáticos pero sin poder explicar por qué. Las cifras se convirtieron en un idioma privado, o incluso en su primer idioma. Dice Tammet: “cuando hablaba de cifras y de palabras, sentía emociones precisas y visualizaba colores. Mis compañeros de clase no entendían nada”. Siendo adulto recitó los dígitos que componen al número pi bajo la premisa de que “el número pi dispone de la misma belleza que un poema épico. Lo contiene todo: tu fecha de nacimiento, tu número de tarjeta de crédito, tu contraseña para acceder a Facebook, e incluso la fecha de tu muerte. Al recitarlo, es como si recitara mi vida, pero también las vidas de los demás”.

Por su parte Donna Williams (3) describe diversas formas de hablar verborrágicamente: Hablar para no decir nada

Hablar para no ser entendido, Hablar sin dirigirse al interlocutor Decir cosas sin importancia.

El punto en común de estos modos de no expresión, es   no querer comprometer nada que sea íntimo, que no se revele nada de lo referente al goce del sujeto.

Sabemos que el interés de Lacan por el lenguaje estuvo presente desde los comienzos de su obra.

En el Escrito “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” de 1953, establece su posición: demuestra la insuficiencia del lenguaje=signo -en el que hay una correlación fija de sus signos con la realidad que designan- al sostener que en el lenguaje los significantes toman su valor por la combinatoria entre ellos y no por su referencia a la realidad.

La función de la palabra no es designar, sino horadar el dominio del lenguaje generando un vacío. Esto no sucedería en el autismo en el que la palabra puede ser recitada pero no siempre asumida.

En este Escrito -que marca el inicio de su enseñanza- sitúa a la lingüística como su referencia. Años más tarde -durante su última enseñanza- seguirá reconociendo la impronta de esta ciencia del lenguaje sobre su obra. Así lo expresó en 1975 en su conferencia en la Universidad de Yale: “si yo reconozco que el inconsciente no puede de ninguna manera ser abordado sin referencia a la lingüística, considero que he añadido mi esfuerzo al desarrollo freudiano”.

Como señala Enrique Acuña, es un malentendido suponer que la última enseñanza de Lacan supera o es mejor que la primera, ya que no pensamos en términos de progreso. Y esto es una orientación en nuestras investigaciones, ya que sin caer en ordenamientos cronológicos podemos leer un detalle clínico -en este caso lo verboso del autismo- a partir de distintas referencias.

Este año el Seminario de Investigación Analítica con la coordinación de Leticia García y Adriana Saullo lleva como título: “Lecturas del psicoanálisis – Lacan práctico”. Uno de los puntos del programa es “La lingüística como guía”, y del que extraje las siguientes notas:

En primer lugar, la noción del lenguaje como estructura. Lacan retoma la teoría de Saussure en cuanto a que el lenguaje es una estructura compuesta de elementos diferenciales, pero dirá que su unidad básica no es el signo sino el significante.

Pensar al lenguaje en términos estructurales y no como una función cognitiva, tiene efectos prácticos, en tanto no se subraya su evolución o desarrollo, sino los modos de “habitar el lenguaje”.

El autismo es considerado un funcionamiento subjetivo específico. Y es este un modo de diferenciarse de las perspectivas que ven en el autismo un déficit o retraso, al que habría que compensar mediante el aprendizaje de competencias lingüísticas.

En segundo término, las funciones del lenguaje. Desde la perspectiva lingüística el modelo tradicional del lenguaje se limitaba a tres funciones: la emotiva, la conativa y la referencial, es decir las que involucran al destinador, al destinatario y al contexto referencial en que esa relación se lleva a cabo. Aquí se pone en relieve la vertiente intersubjetiva del lenguaje.

Pero Román Jakobson (4) agrega otras funciones, entre ellas la poética. Esta función se orienta hacia el mensaje como tal, cuya conformación se logra siguiendo dos modos básicos: la selección y la combinación. El hablante elige nombres disponibles en su código y los combina en la cadena discursiva. Esto tiene implicancias prácticas para el psicoanálisis porque el lenguaje no es evocativo o representacional -como lo es para la perspectiva psicogenética por ejemplo- sino que es estructurante del sujeto.

Es decir, no se puede estar por fuera del lenguaje, y así lo especifica Lacan (5) cuando se refiere al caso Dick analizado por Melanie Klein: “(…) este niño ya tiene un sistema de lenguaje suficiente, la prueba está en que juega con él. Incluso lo utiliza para dirigir un juego de oposición contra los intentos de intrusión del adulto (…) pero no pronuncia ningún llamado. El sistema por el que el sujeto llega a situarse en el lenguaje está interrumpido a nivel de la palabra”.

Por último, Hablar para no decir entraña la relación enunciado-enunciación: Lacan retomando una categoría de Roman Jakobson se refirió a la enunciación como la posición que aquel que enuncia toma con relación al enunciado. Es posible ejemplificar la particularidad de esta posición, a partir de los dichos de Donna Williams (6) quien afirma que la persona que sufre de autismo solo puede hablar corrientemente, con la condición de engañar y poner trampas a su mente haciéndole creer que quien la escucha no podrá llegar hasta ella ni detectar sus intenciones a través de las palabras que emplea, o sea que tendrá que expresarse a través de una jerga porque su discurso no está destinado directamente al interlocutor.

Es la retención del objeto voz la que impide al autista ocupar el lugar de la enunciación. La voz como objeto pulsional no es la sonoridad de la palabra, sino lo que es portador de la presencia del sujeto en su decir. Y es propio del funcionamiento autista protegerse de toda emergencia angustiante del objeto voz. La no cesión del objeto y el retorno del goce sobre un borde -tal como lo conceptualiza Eric Laurent (7)- junto con las implicancias clínicas que esto tiene, son investigaciones en curso en el Módulo, y están en consonancia con temáticas que conforman el programa del Seminario de Investigación Analítica.

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(*) Texto presentado en el Tercer Coloquio de Módulos y Escritorios “El psicoanálisis y los intereses” de PRAGMA – Clínica y Critica- Instituto de Enseñanzas e Investigación en psicoanálisis, el 1 de julio de 2016 y publicado en la revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis- Nº 17, Ediciones El Ruiseñor del Plata -Biblioteca Freudiana  de La Plata, Octubre 2016. Por acuerdo editorial con la revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis.

Notas:

(1) Maleval, Jean .Claude.: El autista y su voz, Gredos, Madrid, 2011.

(2) El número pi es un poema épico. Entrevista a Daniel Tammet por Alex Vicente publicada en el diario El País, versión digital, 21 de junio de 2015.

(3) Jean Claude Maleval toma el caso de Donna Williams para desarrollar los trastornos de enunciación y la emergencia del doble autista.

(4) Jakobson Román: “Lingüística y poética” en Ensayos de lingüística general, Seix Barral, Barcelona, 1981.

(5) Lacan Jacques.: El Seminario, Libro 1 Los Escritos Técnicos de Freud, Paidós, Bs.As., 2013.

(6) Citada por Jean Claude Maleval en su texto El autista y su voz.

(7) Laurent Eric: La batalla del autismo. De la clínica a la política, Grama, Bs.As., 2013.

Bibliografía:

• Lacan Jacques: “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y Textos 2, Manantial, Bs. As., 1988.

• Lacan Jacques: “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” en Escritos 1, Siglo Veintiuno Editores, Bs. As., 2011.

• Lacan Jacques: El Seminario, Libro 10 La angustia, Paidós, Bs. As., 2015.

• Maleval Jean .Claude.: “¿Por qué la hipótesis de una estructura autista?” en Tendlarz Silvia: Estudios sobre el autismo II, Colección Diva, Bs. As., 2015.

• Maleval Jean. Claude: “Clínica del espectro del autismo” en Miller Jacques-Alain (et.al.) Estudios sobre el autismo, Colección Diva, Bs. As., 2014.

• Miller Jacques-Alain.: “Jacques Lacan y la voz” en Freudiana N°21, Paidós, Barcelona, 1997.

• Tendlarz Silvia.: “Relaciones y diferencias entre el autismo y la psicosis” en Miller Jacques-Alain (et.al.) Estudios sobre el autismo, Colección Diva, Bs. As., 2014.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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