Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 9 • Noviembre de 2019 •

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Del libro Reflexiones sobre Psicoanálisis y Política

Alejandro Bovino Maciel

Escritor de narrativa, teatro y ensayo. Médico especialista en psiquiatría. (UNNE; UBA) Escribió, entre otros libros: Teatro Político I; II y III; "Culpa de los muertos", "La pasión según san ateo", "Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco" (en coautoría con Augusto Roa Bastos), "Diario de um rei exilado", etc. Su obra fue traducida a la lengua portuguesa y al francés.

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Antonio Ramón Gutiérrez es santiagueño, aunque de familia cordobesa, de Bell Ville, pero se formó en la Universidad Católica de Salta de donde egresó como psicólogo en 1982, donde después ejerció la docencia en la cátedra de psicolingüística. Desde 2017 es Profesor emérito de dicha universidad. Es investigador del Instituto Oscar Masotta de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

Creció la infancia en Bell Ville. De allí recuerda retazos de los primeros años y la adolescencia: «Al secundario lo hice en la Escuela Comercial de Bell Ville. Fueron años donde se alternaban los asientos de la contabilidad con las clases de historia y literatura, la Revolución Francesa con el Mío Cid y el Siglo de Oro Español o el Modernismo de Rubén Darío. De esa época fueron mis primeras fascinaciones poéticas. A los trece o catorce años, una profesora de literatura nos hizo memorizar ‘Sinfonía en gris mayor’ de Rubén Darío. Ese poema, esa música alada, fue quizá mi primer encuentro con la poesía y me acompañó por las calles a la salida de clases y hoy, a pesar del largo tiempo transcurrido, aún me acompaña. Luego vinieron, o quizá volvieron, las lecturas de los poetas españoles de la generación del ‘27, de Federico García Lorca principalmente. Escribí entonces, en noches de insomnio, algunos poemas, o intentos de poemas, rimados y musicales, modernistas, más por un sentimiento de pérdida y por tristeza adolescente que por una real vocación poética; poemas de amor en los que me dolía imaginariamente por lo que en realidad todavía no había perdido, por amores que aún no habían sido pero que me dolían con anticipación, en un goce con las palabras. Fueron días también donde prevalecía en la atmósfera la música, las canciones italianas, los Beatles, el Credence…, los Rolling Stones, el rock nacional con Los Gatos y Almendra y La Joven Guardia, las confiterías bailables, mezclado todo eso con las consignas de la revolución, las asambleas de estudiantes, el hombre nuevo, las ideas de un mundo mejor».

Es autor de La precipitación de lo real (2005), Lingüística y teoría del significante en psicoanálisis (2010), e integra el volumen Soledades y parejas. Luces y sombras (2017).

Además de concedérsele en 2012 el Premio al Mérito Artístico por su trayectoria literaria, otorgado por el gobierno de la Provincia de Salta, recibió, entre otros, el Primer Premio Provincial de Poesía, Poetas Éditos, en 2004, y el Primer Premio Provincial de Ensayo, en 2011, otorgados por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta. Ha sido incluido, por ejemplo, en las siguientes antologías: Poesía del noroeste argentino, siglo XX (compilada por Santiago Sylvester, Fondo Nacional de las Artes, 2003), Poesía argentina contemporánea (Fundación Argentina para la Poesía, 2008) Cuatro siglos de poesía salteña (volumen II, compilada por María Eugenia Carante, 2011) y Antología federal de poesía (CFI, 2017).

En el género ensayo publicó El más allá de la época (1999), Ensayos (con su La exclusión en la cultura, volumen compartido con Elisa Moyano y José Agüero Molina, 2011), Las columnas de Antonio Gutiérrez (libro de notas originariamente difundidas por diario Punto Uno, 2012) y Neoliberalismo y caída de los límites (Editorial Nueva Generación, 2016), así como en el género cuento se editó La casa del boulevard Guzmán (1991). Sus poemarios entre 1986 y 2007 se titulan Las formas de la tardeLinealidadLos reversosConflagraciónLa ciudad de los lugares comunes, Metamorfosis cotidianaLa canción primordial  y Molde para una metafísica (Ediciones Último Reino). Agradezco al amigo Rolando Revagliatti todos estos datos del autor ya que figuran en una página de la web que dirige Rolando.

Como todos y todas sabemos, la vida del siglo XXI pasa por la www, red de redes, y todo lo que no figure en la www, no existe ni en el ámbito de lo real, lo imaginario ni en lo simbólico. Ontológicamente, no existe lo que no está inscripto en la www. Internet se instaló para cambiar la vida humana, para bien o para mal. Es una revolución que todavía no hemos mensurado debidamente, pero mucho más profunda que la llegada de la máquina de vapor, la electricidad o la electrónica. Creo que tal vez solo pueda ser comparada con la revolución de Gutemberg en 1450.

Entre otras cosas, la www cambió la política. Los recientes casos de gobiernos made in twitter. Para no abundar, solamente mencionaré tres: el del inefable Trump, el de Jair allá en Brasil y el inexplicable triunfo de Cambiemos en nuestra Argentina. Todo o casi todo se gestionó maquilladamente a través de las redes sociales que, si bien han servido también para remover del poder a grupos enquistados por medio de revoluciones en Oriente, también sirvieron para imponer gobernantes de cartón pintado en otros sitios. Gente no allegada a la política, arribistas que machacaron con cantos de sirena a sociedades desesperadas, discursos “duros” contra los males sociales, soluciones draconianas a problemas complejos y todo el arsenal argumentativo que tiene la derecha para imponer sus pocas ideas.

Pues bien, Antonio Ramón Gutiérrez ha calado más hondo en el análisis y, como lo vienen haciendo distintas disciplinas de las ciencias “sociales” por llamarlo de algún modo, se pregunta si el psicoanálisis debe o no permanecer inmune a las amenazas políticas que acechan a cualquier sociedad. ¿Por qué digo amenaza? Porque, como todo proceso en vías de incubación, ignorábamos los alcances de la manipulación mediática hasta que llegaron los medios aliados con la www. Y aprendimos que esta verdadera asociación ilícita de mass medias con www ya produjo estragos sociales en varios mapas de la vasta geografía terrestre.

Dice, el autor, en la “Nota introductoria” del libro, que aunque los psicoanalistas, especialmente en la década de los 60 y 70 (revolución cubana, mayo francés) se vieron fuertemente comprometidos en la lucha política y social, la vertiente lacaniana se oponía a la utilización del psicoanálisis por parte de la política. En las playas argentinas los lacanianos han tenido amplia participación en debates artísticos y culturales con abstención política. También se operó, según consigna el autor, un cambio generacional. Los primeros lacanianos provenían de la formación escolar de Lacan y sus discípulos que formaron a muchos psicoanalistas durante el ejercicio del análisis formativo propio de la disciplina. Ya por los 80 y los 90 estos primitivos escoliastas que surgieron desde la teoría y prácticas puras de París fueron reemplazados gradualmente por lacanianos egresados de la Facultad de Psicología, inicialmente de la UBA pero, también después, de otros centros académicos.

Ya no venían comprometidos con el ferviente movimiento cultural/social original gestionado en la Francia de los 60 y los 70 sino que provenían de un programa académico teórico y conceptual que nunca completaba el andamiaje cultural que sostiene la teoría de Lacan, donde se combina la lingüística con la matemática, la semiótica con la física cuántica y todo envuelto en un marco socio cultural que no desdeña la teología tomista, la antropología, ni la metafísica de Aristóteles, como así tampoco la compleja psicología de Platón en sus diálogos. Todo este sostén ideológico no es superfluo. Funciona como los arbotantes que sostenían las altas murallas de las catedrales góticas: al faltar estos elementos, la teoría pura queda flotando en un vacío que deja al analista en situación de crisis, y supongo que lo hace más vulnerable en el ejercicio de su práctica profesional.

El autor nos dice que él mismo se vio envuelto en una especie de imperativo al iniciar la escritura del libro. Ideas molestas e incómodas que lo reclamaban. Y la escritura, es decir, el hilado de los significantes brotó repentinamente. Más aún después de aquel llamado de Jacques-Alain Miller a los psicoanalistas franceses a votar en contra de Le Pen, supongo que alarmado por esta epidemia de ataques a la institución humana que promueve y agita como bastión para abrir grietas la derecha canalla que ya hemos visto en la folklórica campaña de, por ejemplo, un Jair Bolsonaro en Brasil.

Este llamado de Miller lo despertó del ensueño del psicoanálisis inmaculado por las cuestiones políticas y sociales. Y escribió el libro. Algunas secciones del mismo hablan del vínculo entre el capitalismo actual, yo lo llamaría capitalismo financiero-especulador, que se apropió de la enseñanza misma del psicoanálisis, aunque siempre persiguiendo sus propios fines, nunca los del psicoanálisis por supuesto. Convirtiendo como todo al psicoanálisis en un negocio o empresa. Para pedirle réditos… económicos. ¿Cómo lo hace? Gutiérrez sospecha que aprovechando la dimensión de goce del sujeto, y constatando que ese goce a veces está encubierto por el sufrimiento en el que algunas personas hallan la extraña satisfacción de volverse contra sí mismas.

Ahí se inserta la cuña que aprovecha esta sociedad del consumo masivo que parece facilitar el placer, que promueve el placer desatado de las ataduras sexistas, para conseguir masificar ese goce hasta volverlo impotente. Y aquí interviene la literatura vista desde Barthes cuando diferencia literatura de placer como Madame Bovary, que encuadra perfectamente en la cómoda lógica cotidiana, si queremos, burguesa por un lado, y la literatura de goce, como el Ulisses de Joyce, con el estallido de las reglas de la lengua, de la sintaxis, de la semántica y de la gramática. Esta “literatura de goce” avanza más allá de lo simbólico, más allá del mero placer, en el terreno del malestar. Este capitalismo voraz que los argentinos cíclicamente experimentamos y padecemos recuerda al autor al personaje Erecsiton de La Metamorfosis del romano Ovidio que por causa de su voracidad insaciable, termina devorándose a sí mismo.

¿Dónde estará el punto de equilibrio entre la directiva de Lacan cuando escribe que “el analista debe dirigir la cura pero no al paciente, no es misión suya orientar al analizante hacia un ideal o un bien común” y el anatema de Miller de “abstenerse de apoyar a Le Pen”? Esta es, entonces, la primera pregunta para Antonio Ramón Gutiérrez. Que ya nos responderá cuando yo acabe de reseñar este libro. Otras secciones del libro tratan de:

«La política más allá del principio del placer. Psicoanálisis y política»: y aquí nos explicará (segunda pregunta) la “destitución del Yo del analista” que tiene y mantiene vigencia dentro del consultorio. Aquí recuerdo a Pasteur cuando decía que al abrir la puerta de su laboratorio cerraba la puerta de su capilla.

«Perversión y política»: el autor nos va a explicar esta consigna “No hay fase actual capitalista sin delito, sin corrupciones, sin paraísos fiscales, sin mafias financieras” (3ra. pregunta).

«El factor psicoanalítico«: y hace alusión al mundo de espías de El factor humano de Graham Greene. Nos revela que Freud fue vapuleado en su tiempo no por la sexualidad infantil ni sus histéricas sino porque al comando político le disgustó que nos descubriera que en el plan de la creación no entraba la felicidad humana que hasta entonces el status quo había empaquetado con los ideales de la modernidad del progreso indefinido del Iluminismo. Y que además, no siempre la gente busca su bien, o su bien no coincide con su bienestar. O se vuelve contra sí mismo. Pensemos, por ejemplo, en el Macbeth de Shakespeare, nos dice el autor.

«La transformación de los conceptos»: en esa difusa identificación que propone el capitalismo de la tercera ola, en esa solapada masificación en nombre de las individualidades a quienes se expropia lenguajes, códigos, símbolos en una uniformidad de desierto de ideas, hasta las categorías nosológicas se diluyen. El DSM ya llegó a la quinta versión y siguen apareciendo cambios porque la sociedad humana muta con sus símbolos o falta de símbolos. En este contexto de vacío, ¿el psicoanálisis todavía tiene una real incidencia en el individuo? ¿Pueden esperarse efectos en el paciente a partir del tratamiento analítico? (4ta. pregunta).

«El reinado de lo imaginario»: esta nueva y corrosiva versión del capitalismo atacó en el centro del sujeto definido por Aristóteles como “animal social” al deteriorar justamente los lazos comunitarios. Y el autor propone un contrapunto entre Thomas Hobbes el de la lucha de todos contra todos a la que el Estado Leviatán interpone una tregua, con el Freud que rechaza esta idea bienhechora de la civilización para rescatar la paz, sabiendo que el Yo es el sitio de las identificaciones imaginarias del sujeto y que, por su misma estructura hecha de partes sueltas que no se identifican entre sí, conlleva un sello paranoide y, por qué no, fascista. Y si, además, tenemos en cuenta que la misma civilización trae consigo contradicciones profundas e insalvables entre instinto y cultura, tenemos el menú servido para derribar de un soplo todo el edificio de don Hobbes. ¿Cómo saldar esa diferencia entre Natura y Cultura? (5ta. pregunta).

Y finalmente, ya que no deseo monopolizar como el capitalismo toda la atención, un apartado que el autor llamó:

«Sexualidad y capitalismo»: la sexualidad humana arrastra un núcleo duro de resistencia a la civilización. La idea del varón y la dama con la casa, los hijos y el perro en los gloriosos tiempos de la bienaventurada reina Victoria nos dio a Jack el Destripador y a Lewis Carroll, entre otras cosas. Y para afuera, nos dio la Revolución Industrial que esclavizaba niños en las minas de carbón de Gales, nos dio el codicioso colonialismo en África y otras zonas del planeta, nos dio la hipocresía como legado de convivencia indispensable. Esa fase en la que el goce sexual debía ser encauzado dentro de la alcoba marital para  convertirlo en fuerza productiva, nos dice Foucault. ¿Cómo se enfrenta ese goce en el siglo XXI en la fase predatoria del capitalismo donde se anuncia el permiso para toda forma de desborde del goce sexual? (6ta. pregunta).

En fin, «El bullicio de la época» cierra el libro, el cruce entre el lenguaje del loco y el del poeta. Esa zona franca de intercambio de símbolos que apuntan a la nada. En nombre de ustedes, volveré a formular ordenadamente las seis preguntas y Antonio Ramón Gutiérrez, santiagueño, cordobés, salteño nos irá a responder.


Texto leído en la presentación del libro  Reflexiones sobre Psicoanálisis y Política (Editorial Nueva Generación, 2019) de Antonio Ramón Gutiérrez; en la ciudad de Buenos Aires, octubre 2019.-

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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