Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 9 • Noviembre de 2019 •

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Del Desasosiego a la saudade

Milena Nucciarone

Licenciada en Psicología. Participante de PRAGMA-APLP-Instituto de Enseñanza e investigación en Psicoanálisis. Integrante del Módulo de investigación Clínica de las adicciones y consumos actuales.

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El Libro del desasosiego se presenta como una obra inacabada e inacabable, donde el recorrido editorial y de traducción parecen darnos la primera pista: En 1982 Ática publica la primera edición en portugués, a cargo de un equipo de estudiosos portugueses encabezado por Jacinto do Prado Coelho; al siguiente año se lanza la edición en español bajo el sello de Seix Barral. Las ediciones varían en cuanto al orden de la presentación de los fragmentos, por temas, fechas, volumen y hasta disímiles autores: Fernando Pessoa-Vicente Guedes-Bernardo Soares. En 1998 Richard Zenith publica en Lisboa para la editorial Assírio & Alvim un ordenamiento novedoso en el cual añade fragmentos, retira otros, hace correcciones de lectura e incorpora frases que hasta el momento estaban sin descifrar. Dejando además una clara distinción con referencias de signos: espacio dejado en blanco, palabra o frase no leída, palabra añadida por el editor y lectura hipotética.

A la primera traducción al español por Ángel Crespo le siguió una segunda por el filólogo Perfecto E. Cuadrado en el año 2002 para editorial Acantilado. Esta versión castellana es paralela a la catalana realizada por la editorial Quaderns Crema, ambas bajo el sello de Jaume Vallcorba. Este el filólogo español, que al conocer la lengua de origen y la de destino, se basa en la edición del estadounidense Zenith, con casi 600 páginas y más de 500 fragmentos, propone que cada lector organice su propio libro de acuerdo a su lectura personal y a su desasosiego.

Las traducciones y ediciones siguen; tratándose de Pessoa, su escritura no cesa de escribirse, interpretarse y publicarse. Tampoco deja de celebrarse en los multitudinarios congresos, coloquios, conferencias y hasta en exposiciones artísticas; todas fundadas, motivadas y destinadas al público en general y con un rasgo particular… el del desasosiego.

¿Acaso es una impotencia devenida en entusiasmo?

De este recorrido se puede extraer de qué manera el Libro del desasosiego seguía siendo inédito hasta la muerte del propio Pessoa (1935) a sus 47 años. A modo de dato curioso o esotérico tuvieron que pasar otros 47 años más para que su obra viera la luz.

Ahora bien, ¿De qué o de quien se trata el Libro del desasosiego? ¿Es Pessoa, Soares, Guedes? Fernando Pessoa parece darnos la clave en el prefacio escrito por él: encontrándose en el entresuelo de un restaurante con un deseo de sosiego un individuo despierta su interés; lo describe como de unos 30 años, delgado, más alto que bajo, con cierto desaliño no del todo descuidado, cara pálida, fijándose en los presentes con un interés particular, algo inteligente cubierto por sufrimiento y angustia. Supo que era empleado de comercio. Al conversar, descubre que ha tenido una infancia solitaria, sin amigos, coincidiendo además en la modalidad de alquilar cuartos para escribir. Encuentro que finalmente tuvo el propósito de la publicación del libro, el cual Pessoa recibe de Bernardo Soares. Aquí concluye el encuentro y comienza la “Autobiografía sin acontecimientos”.

Bernardo Soares es aquel hombre moderno, soñador, que interpela la vida a través de su ventana abierta del cuarto o de la oficina, cuando no a través de la mesa del café o restaurante en los que frecuentemente se encuentra. Preguntándose cómo serán aquellas vidas: de la pareja caminante, del mozo, camarera, cocinero, de las espaldas del transeúnte delante suyo. Aventurado en exploraciones metafísicas, existencialistas, científicas, pasando por la masonería y la cábala, a modo de viajes en tranvía y singladuras por su amada ciudad de Lisboa. Viajes en los cuales termina exhausto y sonámbulo de todo lo allí vivido, historias en los gestos, miradas, llegando a destino, pero no a una conclusión.

De sus paseos por la capital portuguesa describe los paisajes naturales y geográficos con especial detenimiento en los fenómenos de la lluvia, los ocasos y los amaneceres. Queda lugar también para preguntarse sobre el amor, la política, la muerte, el arte y hacer referencia a la infancia. Acostumbra a contemplar los personajes del patrón Vásques, el jefe Moreira, con intensa atención e indiferencia.

Encontramos también referencia a otros escritores, filósofos, músicos, poetas, como Alberto Caeiro quien fuera el primer heterónimo de Fernando Pessoa; aquel poeta de la modernidad da muestras de su lectura en uno de los fragmentos: “Porque yo soy del tamaño de lo que veo. Y no del tamaño de mi estatura”.(1) Se suman además el vanguardista ligado a la modernidad con sus construcciones paradójicas, y el poeta clásico, exiliado políticamente.

¿Cuán creíble es Bernardo Soares, como pseudo-heterónimo, con respecto a Pessoa como ortónimo? Sin duda algo comparten: el estilo de escritura. Cabe aquí la pregunta, ¿de qué estilo y de qué escritura se trata?

Se destaca un amor a la palabra: “Los campos son más verdes en los decirlos que en su verdor. Las flores, si se describen con frases que las definan en el aire de la imaginación, tendrán colores de una permanencia que la vida celular no permite. Moverse es vivir, decirse es sobrevivir.” (2) Una escritura donde se juega con el lenguaje quebrando sus concordancias, donde reina la figura literaria del oxímoron y la paradoja es todo un artificio.

Sobre el estilo, en una meditación que parte de una pausa del sentir, Soares escribe aleccionándonos sobre la utilización de la prosa, con una escritura antes de la norma y del sistema, asentándose en dos principios fundamentales: decir lo que se siente exactamente cómo se siente y comprender que la gramática es un instrumento y no una ley. A modo de invitación a servirnos de la gramática para volverla antigramatical, rompe así con la más elemental de sus reglas, aquella que hace concordar género y número, o sustantivo y adjetivo. Y de ello se trata la escritura a la que nos referimos, la falta de sintaxis, gramática de las excepciones y pleonasmos, las frecuentes frases semánticas imposibles, con sus neologismos por invención absoluta o por desplazamiento gramatical: desdormir / inimportancia / antehablar / míamente / gemidoramente. También su puntuación y tipografía: “Cesa la lluvia, y de ella queda, por un instante, un calabobos de mínimos diamantes, como si, en las alturas, algo parecido a una gran toalla se sacudiera azulmente de esas migajitas” (3).

Son frecuentes los nombres propios de lugares y personas, y fundamentalmente los microtopónimos, como Baixa o Rua dos Douradores que nos acercan a marcas singulares como aquel estado intraducible Saudade/Saudoso. ¿Qué relevancia tiene esta palabra portuguesa? Se dice que es difícil explicar su sentido a quien no es portugués, de modo que puede decirse en castellano que es añoranza, anhelo, nostalgia, echar de menos; pero no alcanza, algo se escapa y hace imposible trasladarla a otra lengua. Tiene que ver con aquello recordado que quiere ser repetido. O como señala Enrique Acuña en su Seminario de este año en CABA, “Ex-sistencia del inconsciente -Identidad, identificación, vacío-”,  saudade implica una rememoranza del signo de goce”.

Soares llega al punto en el cual él mismo es la saudade, “saudade pero no del pasado, ni tampoco del futuro: soy una saudade del presente, anónima múltiple e incomprendida” (4). Saudade que aparece en muchos fragmentos enlazada a la infancia y a la literatura, por tanto, a la escritura:

“Cuando era niño recogía los carretes… ¡Ay infancia mía muerta! ¡Su cadáver siempre vivo en mi pecho! Cuando recuerdo estos juguetes míos de niño ya crecido, una sensación de lágrimas me enciende los ojos y una saudade aguda e inútil me corroe como un remordimiento” (5).

“Toda la literatura consiste en un esfuerzo para hacer real la vida, son intransmisibles todas las impresiones salvo si las hacemos literarias… los niños son muy literarios”… tengo ganas de lágrimas”(6),

“No tengo saudade si no es literariamente. Recuerdo mi infancia con lágrimas, pero son lágrimas rítmicas, donde ya se prepara la prosa” (7).

La saudade, escrita en su literatura, se constituye como un signo de goce. A modo de letra en tanto soporte material significante, fijo, que no puede fragmentarse, en tanto que no se traduce, hay un imposible de decir en la letra que queda sin interpretación. Enrique Acuña toma la palabra saudade, que para Fernando Pessoa era intraducible y plantea que “es un estado del poema, una letra fija que provoca en el sujeto muchas variables: nostalgia, melancolía, extrañeza…etc. Esa ilegibilidad apunta a mantener algo esotérico, velar un decir, que luego en la enseñanza de Lacan toma las formas del objeto (a).” (8)

En este paso por la anti-gramática-sintaxis-semántica, por los verbos intransitivos, topónimos, antropónimos, microtopónimos y por la saudade, podemos ubicar rasgos y marcas en relación a los mecanismos de su escritura con los que logra salir del desasosiego y obtener un nombre de goce, recordando que el poeta con su literatura nos lleva la delantera en tanto anticipa y enseña al psicoanálisis, procedimientos por demás singular.

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(*) Texto escrito a partir de la intervención en el Seminario anual “Ex-sistencia del inconsciente -identidad, identificación, vacío-, dictado por Enrique Acuña en CABA.

Notas:

(1) Pessoa, Fernando. Libro del Desasosiego, Fragmento 46, página 56. Traducción de Perfecto E. Cuadrado. Ed. Acantilado, 2016.

(2) Ibídem. Fragmento 27, página 36.

(3) Íbidem. Fragmento 41, página 51.

(4) Ibídem. Fragmento 377, página 375.

(5) Ibídem. Fragmento 237, página 246.

(6) Ibídem. Fragmento 117, página 129.

(7) Ibídem. Fragmento 208, página 220.

(8) Clase del 13 de octubre del Seminario anual “Ex-sistencia del inconsciente -Identidad, identificación, vacío-”. Dictado por Enrique Acuña 2018. Inédito.

Bibliografía:

-Ángel Crespo: “Fernando Pessoa en la vida”, en Fernando Pessoa No Seu Tempo, Presidencia do conselho de ministros secretaria de estado da cultura. Biblioteca Nacional, Lisboa 1988.

-Acuña, Enrique: Seminario anual “Ex-sistencia del inconsciente-Identidad, identificación, vacío-” Clase  del 15/9/18  “El ‘espacio interior’ o como arreglarse con los nombres”. Comentario de Daniela Ward.
Disponible en https://seminarioacunia2018.wordpress.com/.

– Fernando Pessoa. Antología esencial. Edición bilingüe. NEED.1999.

– Fernando Pessoa. Sobre literatura y arte. Alianza Editorial, S. A, Madrid 1985.

– Acuña, Enrique: Seminario anual “Ex-sistencia del inconsciente-Identidad, identificación, vacío-” Clase  Nº13: “Pessoa-heterónimo: de los otros a un Otro». Comentario de Sebastián Ferrante.
Disponible en https://seminarioacunia2018.wordpress.com/

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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