Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 6 • Julio de 2017 •

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Acerca del capitalismo actual

Alejandro Sosa Dias

Sociólogo y escritor. Publicó ensayos y textos literarios en Pasajes, Tokonoma, Deriva, La novia de Tyson, entre otros. Autor de Los demonios familiares, Ed. Zama, 2004.

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Marcel Duchamp
Rueda de bicicleta
1913, rueda de bicicleta y banco de madera, 1,3 m x 64 cm x 42 cm.

El título de la mesa, “Discurso capitalista y efectos subjetivos”, me convoca en cierta medida, aunque no va a ser estrictamente de lo que voy a hablar, aunque sí es importante tener un terreno común de discusión. Voy a hablar más de lo que podrían llamarse las condiciones de posibilidad de esos efectos subjetivos. Es decir, más que al sujeto me referiré a la estructura.

 

Para empezar creo que algo siempre útil es plantear un terreno común, que en este caso tiene el límite de una sugerencia. Quería recomendar un libro que está entre lo sociopolítico y la crítica cultural, que permite situar el tema de los efectos subjetivos dentro de un contexto histórico, social y político general. Es un libro de Mark Fisher, que se llama Realismo capitalista, que es una crítica con un planteo de izquierda a la sociedad global actual, desde un punto de vista como el mismo título lo dice, en el sentido de la realidad posible a la que históricamente podemos acceder nosotros que es solo capitalista, y al mismo tiempo ese sentido de construcción de la realidad capitalista tiene como correlato necesario una serie de efectos subjetivos, en el trabajo, en el orden del disfrute, en el circuito de las diversiones cotidianas, que se podría conceptualizar como “enfermedad”.

El realismo capitalista no es la máquina de felicidad discursiva propia de las manifestaciones más inmediatas de este orden social. El realismo capitalista no describe el mundo en el que vivimos como si todo fuera perfecto sino que el realismo plantea los aspectos sombríos también, pero con un emplazamiento discursivo que indica, a veces de manera implícita pero no exclusivamente, que las cosas pueden marchar peor y en función de este “puede ser peor”, el discurso capitalista hace que las personas puedan metabolizar su realidad de alguna manera afín a ese orden. Este texto de Mark Fisher es muy interesante. Desarrolla sobre todo efectos, en realidad dice; si hay alguna cosa por la cual podemos ver esto que nos ponen como lo mejor es por los efectos que provoca. De manera parecida a Zizek recurre a la cita de películas y series, que por suerte no vi ya que seguramente deben ser horribles artísticamente, pero que le sirven como punto de referencia para poder formular ideas sobre la realidad.

Fisher rechaza el uso de la etiqueta posmodernismo (aunque reivindica la tarea teórica de Jameson de entender al posmodernismo como la lógica cultural del capitalismo tardío). Piensa que su categoría de “realismo capitalista” resiste más al paso de la historia que la de posmodernismo a causa de que cuando ésta última fue lanzada, todavía existían alternativas socio-políticas al capitalismo (el llamado socialismo real). También la ubicación del desafío cultural modernista estaba por verse (para Fisher el modernismo estético ha sido completamente domesticado) y la existencia de por lo menos una generación que ha vivido y se ha desarrollado en ausencia de desafíos, tanto al capitalismo a nivel sistémico como en otras esferas relativamente autónomas de la vida social. Para Fisher se ha consolidado un horizonte de expectativas en la que el capitalismo ha logrado integrar estos desafíos. A esto le llama “realismo capitalista”. Los problemas aparecen cuando el sistema como tal debe proyectar fuera de sí a elementos que le sirvan de contrapunto externo. Acabados los comunistas surgen los islamistas radicales, el narcotráfico, etc. El desorden es parte de la savia vital del capitalismo, como si necesitara de alguna forma reeditar en ámbitos extraeconómicos el carácter inestable de sus propias relaciones de producción.

Mi intento aquí será analizar la base material de estos procesos actuales. Cuando hablamos de capitalismo tenemos que tomar ciertos resguardos, me parece que el capitalismo son muchas cosas, no es una sola cosa y tampoco es el origen de todos los males del mundo sino una formación social que ha universalizado la historia humana, cerrando los siglos de historia de las distintas civilizaciones fragmentarias. También es una formación social tremendamente plástica y con una capacidad de adaptación que hasta ahora no ha podido ser revertida por ningún antagonista social ni político (1). Sin embargo si los diversos planos que advertimos en la vida social se pueden ver en sus manifestaciones inmediatas como una miríada de situaciones, cada una con su particular especificidad, quizás podríamos pensar al capitalismo como una gran situación, o como la gran situación o LA situación sin más, ya que nos recluta a todos, debido a que el capitalismo no solo es la formación social en que vivimos sino que, aún hoy, ésta se encuentra en expansión. A partir de situar este punto de partida se pueden encontrar efectos y causas o mecanismos explicativos, si no queremos sonar tan positivistas hablando de causas y efectos. Mecanismos que tienen que ver de manera directa, indirecta o aproximada con lo que es el capitalismo hoy. Entonces del capitalismo como razón del tema de esta mesa, voy a tomar el tema de las revoluciones tecnológicas y su relación con el capitalismo tal como existe actualmente.

Tengo un amigo argentino, que vive en México, Alejandro Dabat, que es economista y fue alguien muy destacado en la militancia de la izquierda argentina de los 60′ y que hoy es un estudioso de los problemas de la globalización capitalista. Tiene un gran reconocimiento internacional, especialmente latinoamericano. En un texto que se llama El mundo y las naciones, hace una clasificación de los distintos tipos de capitalismo que han existido, en base a criterios tecnológicos, criterios sociales, criterios políticos, etc.

Sin embargo me quedaré con una clasificación más sesgada, solo tecnológica. De esta manera se pueden encontrar cuatro o cinco etapas, según qué criterio se utilicen, varias revoluciones tecnológicas en el capitalismo. Una es la que coincide con la primera y segunda revolución industrial, lo que es hierro, vapor; la primera. Electricidad, la segunda, después los motores a combustión y el petróleo. La más conocida de estas etapas es lo que se denomina el fordismo, que empieza con las fábricas de cerdos pero se consolida en realidad con las formas de producción de las grandes automotrices, con Henry Ford, de ahí el nombre de fordismo. ¿Qué característica tenía en términos sociales? Hago una descripción breve, porque después la que se encadena con el fordismo, que es la actual, tiene elementos muy distintos. En el fordismo se separan el diseño, la organización y el trabajo como tales, en distintas áreas específicas. Uno de estos rasgos fordistas fue visto por Lacan en el Seminario 17 cuando dice que el amo le roba el saber al esclavo, y en el fordismo se ve muy claramente eso, todo lo que tenía que ver con los saberes de la clase trabajadora eran apropiados por la empresa y aprovechados en sectores específicos de ésta. El fordismo borra todo vestigio artesanal en la clase obrera industrial.

Hay un marxista muy conocido que murió en el 76′, Harry Braverman que estudió mucho el tema de los movimientos de descalificación y de recalificación en los trabajadores, no es un tema que venga de hace poco. También en el fordismo tenemos la idea del empleo a largo plazo, lo que lleva a la institucionalización del llamado compromiso de clase. Esto quiere decir, conquistas sociales a cambio de no discutir el orden social como tal. El desarrollo del fordismo también trajo como consecuencia que al núcleo productivo de trabajadores, las formas de control y de apoyo paralelas a la producción requerían legiones de trabajadores, que desde el punto de vista de la economía política clásica (Smith, Ricardo y otros) y de Marx, no agregaban valor a lo que se producía, o sea que eran trabajadores improductivos.

Entonces en los años 70′ y 80′ lo que observamos es un doble movimiento: por un lado, un primer corte con la revolución informática. Es decir, la aparición de un tipo de tecnología nueva, extremadamente flexible, que está presente en muchos aspectos de nuestra vida y que abren el campo de las relaciones posibles. Voy a leer una pequeña cita de otro trabajo de Dabat respecto al impacto de la tecnología informática en el capitalismo que dice: “Como en los sucesivos logros mecánicos de la revolución industrial, la computadora es una máquina de nuevo tipo, cuya diferencia fundamental con las anteriores, es que constituye un mecanismo flexible (reprogramable) de sustitución de ciertas funciones lógicas, de memoria y de comunicación del cerebro humano. El funcionamiento de esta máquina tan particular requiere de un tipo especial de programación (software), lo que en conjunción con otras actividades intelectuales que hace posible -como el diseño generalizado de productos y procesos empleados por la industria en todas las actividades humanas-, da lugar a un nuevo tipo de bien inmaterial que pasó a ser crucial para la innovación y planeación. Al operar de esta manera las nuevas fuerzas productivas modifican profundamente la organización y dinámica del capital, al imponer la preeminencia de un nuevo tipo de propiedad (la intelectual) de un nuevo tipo de empresas (la empresa flexible, que separa el diseño y producción material) y de un nuevo tipo de competencia basada fundamentalmente esta última en la búsqueda de ganancias extraordinarias de innovación (rentas tecnológicas) dentro de la nueva organización del espacio económico, la globalización, o sea una nueva configuración del espacio económico mundial constituido en torno a redes de computadoras, internet, cadenas productivas globales y un nuevo tipo de competencia sistémica que combina la competencia de empresas con la competencia de naciones y bloques” (2).

Me pareció una buena síntesis de en qué capitalismo o en qué sociedad vivimos, así que uno de los aspectos que yo puedo describir como un atributo de lo que puede llamarse capitalismo informático, si atendemos a la cuestión de la clasificación de diversos tipos de capitalismo, tomando el eje de las revoluciones tecnológicas.

En general la gente de izquierda tiene una posición muy reactiva, sobre todo el marxismo ortodoxo al tema del capitalismo informático, en algún punto entendible por los excesos de los apologistas conservadores de la sociedad actual, pero en general creo que, globalmente, equivocado. Esto puede atribuirse a compartir la creencia de que la expansión de la informática supone la reducción al mínimo de la industria o la desaparición de la clase obrera, olvidando que la caracterización de Marx respecto a las clases no depende de la ubicación en un sector económico determinado sino por el contrario en una relación social la cual, en tanto se mantenga, atravesará distintos escenarios en cuanto al orden productivo. Me da la impresión que estos prejuicios vehiculizan una lectura muy poco abierta respecto a estos temas, muy deudora de viejas certezas.

La misma tecnología informática permite una gran autonomía en todo lo que es el manejo de las relaciones laborales actualmente, ustedes saben que hay todo un discurso al respecto, aparentemente no hay jerarquías, somos todos responsables, somos todos un equipo, y me parece que son producto también de la sociedad en la que actualmente se vive, donde la tecnología principal impulsa la acumulación de capital. Cuando se habla de revoluciones tecnológicas uno refiere a tecnologías que impulsan la acumulación de capital. Y la informática hoy es la más importante en tanto que convierte al aspecto cognitivo en fuerza central de la producción social. De las tres tendencias centrales del capitalismo que mencioné antes, el capitalismo informático solo revierte (y parcialmente) una, la tercera y resitúa el conjunto de capacidades laborales en el contexto de lo que se ha denominado brecha tecnológica, que actúa modificando el carácter del trabajo incrementando la productividad del trabajo simple (3). En la relación, variable por definición, entre el trabajo simple y el trabajo complejo, el capitalismo informático ha elevado tanto la productividad del trabajo como la calificación requerida para participar de la vida económica en condiciones que permitan escapar del trabajo precario e inestable o de los salarios bajos.

Después hay otro atributo que yo uso para referirme al capitalismo, que es especulativo. ¿Por qué? Porque por un lado ese acompañamiento de trabajadores que no agregaban valor, que producía el fordismo, en la época que empieza en los 70′ y los 80′, van a ser el grueso de las capas que caen desocupadas, porque justamente la tecnología informática, permite un control y un automatismo de los procesos productivos muy grande. El agente eficaz de este carácter especulativo son las finanzas globales a las que se suman las fracciones burguesas superiores de cada país. Esto es una aproximación general, también hay sectores productivos que caen, que ya no son necesarios porque hay máquinas que los sustituyen, pero podemos decir en general que es el trabajo improductivo el que genera el grueso de la desocupación. Si pensamos en la Argentina esto empieza en los años 90′. Era el tiempo de los retiros voluntarios para los trabajadores de las empresas privatizadas. En general los perdedores sociales eran siempre los trabajadores que aunque hicieran un trabajo útil, como los estatales y los docentes, no era un trabajo productivo, en términos de la economía clásica de la teoría del valor-trabajo.

Entonces por un lado tenemos estas cuestiones de un capitalismo informático y especulativo, que define su eje no en la producción sino en el eje distributivo. Son las finanzas globales, el único sector económico que tiene un funcionamiento en tiempo real bastante evidente. Aunque es equivocado verlo como una tendencia absoluta; el dinero (y sus sustitutos) es el bien más desterritorializado que tiene a mano el capital.

O sea que una tecnología dominante más el aspecto distributivo a través de las finanzas, genera un tipo de capitalismo con salarios relativamente estancados y alta desocupación o que tiene en la precarización su alternativa, con una cada vez mayor concentración en el flujo de dinero, que es un poco el capitalismo en el que vivimos actualmente. Algunos autores plantean directamente que el régimen de acumulación del capitalismo actual está centrado en las finanzas. Es un punto complicado y no da para explicar los términos de esa discusión de manera mínimamente seria. Esta posición puede verse en autores regulacionistas como Robert Boyer y en algunos marxistas como Francois Chesnais (4). En general podríamos decir que el carácter especulativo tiene un correlato fuerte con la tecnología informática (y avanzada en general). Ambas son fuerzas económicas concentradas más en el predominio social de la propiedad que en el desarrollo de la producción (5). Las finanzas se basan en documentos de diverso tipo (acciones, obligaciones, derivados, etc.) que les permiten a sus propietarios participar por anticipado del reparto de la riqueza social. La tecnología en sus diversas manifestaciones hace pesar el derecho de propiedad sostenido en las patentes, que son su fuente de rentas extraordinarias.

La otra característica más de sentido común es que, es un capitalismo especulativo global. De la globalización hay enfoques distintos que piensan que es mala en sí misma o que es maravillosa o que es inevitable. Yo personalmente creo que el tema de la globalización como inevitable es mayormente la lectura ideológica de la globalización. La lectura apologética de la globalización tiene núcleos de verdad; por ejemplo, ver la tendencia a la competencia entre espacios nacionales de valor, y especialmente entre trabajadores. Esto es real tendencialmente pero no se da tan linealmente en todos los escenarios. Es importante el matiz que agrega el adverbio tendencialmente porque hay espacios económicos en los cuales eso no se da, por ejemplo uno no puede decir que los mozos de Rosario compiten con los mozos de Barcelona, allí el espacio de valor está replegado sobre sí mismo, hay condiciones nacionales de valor que hacen que eso no suceda. Sí, por supuesto, ocurre lo contrario en otro tipo de ramas productivas. Un obrero paulista de una automotriz es puesto en competencia con un obrero de la Ford de Pacheco. Es una tendencia que deja a la vista hacia dónde apunta el despliegue de la economía mundial capitalista, pero que no se replica uniformemente en todos sus campos. Se da con mayor intensidad en los polos más productivos de la economía.

Hay una tendencia entonces digamos, apologética, de la globalización en sí misma (la neoliberal en general) y por otra parte una tendencia demonizante de la globalización en el sentido que, en la globalización es todo terrible y donde no hay ninguna clase de elemento que uno pueda rescatar. Yo creo, un poco hegelianamente, que en la globalización el hecho de que un montón de sectores productivos y de trabajadores tengan que acceder a cierta condición universal a través del capitalismo, aunque tenga una serie de elementos terribles y traumatizantes, a la larga es una condición de universalidad que, también tendencialmente, socava a la pequeña aldea en la cual cada uno vive, favorece la aparición de un sentido de humanidad cosmopolita, como le gustaba decir a Kant, y más civilizado, a pesar que esto se realice habitualmente de maneras complejas y hasta muy retorcidas. Creo, a partir de esto, que es imposible una oposición a la globalización en todos sus términos. En todo caso se puede criticar a la globalización en tanto neoliberal, pero no apuntaría en contra de la globalización como tal. Veo que hay claros elementos de internacionalización y socialización productiva que son muy difíciles de revertir. Cuando digo difíciles de revertir aludo a algo más que a una dificultad práctica, aludo a que también sería antieconómico intentar esa reversión, que implicaría la multiplicación de capitalismos más o menos cerrados que tenderían a reproducir nuevamente, a nivel nacional, escalas de producción y tecnologías muy por debajo del nivel de productividad del trabajo alcanzado por el género humano, lo que implica también a mediano plazo un derroche de fuerzas productivas del trabajo social.

Y por otro lado creo que es posible que puedan darse etapas en las cuales la globalización decaiga en la intensidad de su avance. Daría la impresión que vamos a una etapa de ese tipo, en la que la internacionalización del capital baje su ritmo, se detenga parcialmente. Pero no sea, en lo fundamental, revertida. La etapa abierta después de la crisis económica generada en 2008 ha reafirmado un escenario en el que el centro productivo del capital pasó a Asia, los aspectos más crispados de la crisis fueron desde Estados Unidos hacia Europa (a la que se busca completarle la neo liberalización de su estado de bienestar residual), estamos viviendo los intentos norteamericanos de volver a tomar posiciones en América latina y al mismo tiempo el mantenimiento de conflictos con Rusia, China, Cuba, etc. y demás. Pasamos de una etapa en la que los factores económicos y políticos estaban alineados, como en la década del 90′, a otro momento en el que esa linealidad es cosa del pasado. Los conflictos políticos no anulan la internacionalización del capital pero le dan un desarrollo más contradictorio y un ritmo bastante menos acelerado.

Los efectos subjetivos del discurso capitalista son puestos sobre la mesa a partir de este nuevo capitalismo que surge, al cual definimos como capitalismo informático especulativo global. Estrictamente no es algo nuevo, el capitalismo en que vivimos tiene cuarenta años de desarrollo aproximadamente. Pero si tomamos esa frase famosa de Hegel de que “el búho de Minerva levanta el vuelo al atardecer”, uno se da cuenta de las características de este capitalismo (como de la mayoría de los fenómenos históricos) no en el momento que está transcurriendo sino después. La teoría siempre va atrás de lo que pasa.

El trabajo ha tenido modificaciones importantes en el capitalismo actual. Una parte de los asalariados ha visto modificada su relación vida-trabajo. La jornada de trabajo no tiene una extensión desproporcionada (aunque hay islotes de trabajadores donde ésta es la norma) sino que carece de contornos precisos. Mensajes de los jefes, planificación de la actividad del día posterior, capacitaciones, etc. Si antes la sociología del trabajo hablaba de jornada laboral porosa cuando aparecían numerosos huecos en el control de los empleadores sobre su personal, la porosidad actual tiende a invertirse en una indefinición respecto a cuándo se está en el trabajo o en la vida personal.

Millones de personas viven en esas condiciones. Se puede argumentar que no es la totalidad de los trabajadores asalariados la que se encuentra en esas condiciones. Hay importantes núcleos fordistas, hiperfordistas e incluso prefordistas -por ejemplo en las PYMES en este último caso- en la fuerza de trabajo contemporánea. Sin embargo, a pesar de que el mismo capital respeta espontáneamente al trabajador que produce valor y plusvalor, suele proyectar como ideal, la extensión del trabajo flexibilizado a toda la clase asalariada.

El texto de Fisher es interesante, no solo por las dolencias, las neurosis y los traumas de las personas en el trabajo, sino también, por ejemplo, yo (al igual que Mark Fisher quién relata experiencias que van en el mismo sentido) tengo como profesión la docencia y me resulta extremadamente molesto (o más bien propio de un patetismo sin pathos) cuando los alumnos no pueden dejar de usar el celular en clase. Y evidentemente hay un efecto subjetivo fuerte de estar inmerso en un circuito del que ya previamente la persona sabe que no le van a aportar nada cualitativamente distinto pero del cual no se puede despegar. No digo que ni Mark Fisher ni yo probablemente seamos aquellos encargados de aportarles algo novedoso, pero el contrato educativo indicaría que tienen la obligación de atender (6). También el estar permanentemente en conexión con alguna clase de estímulo digital, sea auditivo o por imágenes, la virtual imposibilidad de corte se da debido a su característica de “terreno conocido”. No solo conocido sino también protector, tranquilizante. Yo en ese sentido prefiero el amo antiguo (que a veces se ausenta) el amo despótico y no el amo nuevo. La hiperconexión es una demanda de presencia y un rechazo del vacío. Es un tipo de efecto subjetivo que es francamente sorprendente, es la constante anti-novedad.

En este sentido el libro de Fisher plantea un tipo de campo cultural común donde en la cultura capitalista hay una serie de novedades, novedades constantes, pero es una novedad que al mismo tiempo, no trae nada nuevo. Y hay ya subjetividades formadas en base a esa especie de ausencia de novedad completa, ausencia de novedad que es al mismo tiempo necesidad de seguir cosas en una pantalla, ya sea la pantalla de una computadora o de un celular. La pantalla del televisor menos, es ya de gente más vieja. Es frecuente oír hablar de colonización del sujeto. En general creo que es un recurso fácil hablar en esos términos ya que no se sabe en qué elemento externo a esa colonización podría apoyarse alguien, no digo para denunciarla sino mínimamente para poder enunciarla como tal.

Una narrativa de esta clase puede apoyar sensatamente su pesimismo histórico en que durante las últimas décadas hemos asistido a una larga serie de victorias del capital sobre el trabajo. También, más frívolamente, en el narcisismo del alma bella, ávido de condenar el curso del mundo. Sin embargo, en principio la coexistencia de la aparición del capitalismo informático con el neoliberalismo parece ser más el fruto de una relativa contingencia histórica que un vínculo necesario y esencial. La revolución informática renovó y dio impulso a un capitalismo setentista perjudicado por la baja de la tasa de ganancia, la persistente inflación y el estancamiento. Aunque actualmente ese impulso parece haber perdido mucha fuerza, el neoliberalismo parece un orden social difícil de remover (ni hablemos del capitalismo como tal), y tanto las computadoras como las tecnologías informáticas en general, al igual que los automóviles, van a seguir formando parte del paisaje humano a pesar que puedan dejar de ser en algún momento el vector central del proceso de acumulación del capital.

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Texto transcripto y revisado por el autor, invitado al Tercer Coloquio de módulos de PRAGMA-Instituto de Enseñanza e Investigación en Psicoanálisis, que se tituló:“El psicoanálisis y los intereses” contando con su participación en la mesa final: “Discurso capitalista y efectos subjetivos” conjuntamente con el director de enseñanzas de PRAGMA, Enrique Acuña, Graziela Napolitano y coordinada por Leticia García, el 1 de julio de 2016 en la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires en la ciudad de La Plata.

Fue extraído de la revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis- Nº 17, Ediciones El Ruiseñor del Plata -Biblioteca Freudiana  de La Plata, Octubre 2016. Por acuerdo editorial con la revista Conceptual –Estudios de Psicoanálisis.

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Notas:

(1) -Para dejar más claro el uso de los términos, el capitalismo implica tres grandes tendencias: 1) la separación de los productores inmediatos respecto a los medios de producción y la conversión de los productores en trabajadores asalariados -productivos e improductivos- 2) la exclusión del trabajo de amplios sectores de la población que constituye el ejército de reserva de los desocupados -tanto los estructurales como los fluctuantes- 3) la simplificación y el fraccionamiento del trabajo que alcanza su máxima expresión en el fordismo.

(2) -Dabat, Alejandro: “Capitalismo informático, globalización y países en desarrollo”. Ponencia presentada en el seminario internacional “Globalización, conocimiento y desarrollo” organizada por el PROGLOCODE en la UNAM en marzo de 2006. Puede bajarse de la página web del PROGLOCODE.

(3)-Entendido éste como trabajo dotado del nivel medio de capacitación requerido por una determinada economía en una época determinada.

(4) -El tema de las finanzas suele disparar dudas dignas de Hamlet a unos cuantos marxistas, para los cuales reconocer el carácter especulativo del capitalismo actual implica negar la teoría del valor-trabajo y su consecuencia que es la extracción de plusvalor.

(5) -La diferencia entre formas del capital basadas en la producción o en la propiedad es un tema desarrollado en el Libro tercero de El Capital de Marx

(6) -Aquí Fisher sigue las ideas deleuzianas sobre la decadencia de las instituciones disciplinarias y sus aporías.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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