Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 5 • Diciembre de 2016 •

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Aberastury: una vida dedicada a los niños

(…) rogamos a los lectores, y es que si no las referimos todas, ni aun nos detenemos con demasiada prolijidad en cada una de las más celebradas, sino que cortamos y suprimimos una gran parte, no por eso nos censuren y nos reprendan. Porque no escribimos historias sino vidas.
Plutarco Alejandro y César
Verónica Ortiz

Lic. en Psicología (U.B.A.) Miembro de APSaT (Asociación de Psicoanálisis San Fernando-Tigre). Miembro de Atención Analítica San Fernando-Tigre. Directora del boletín El psicoanálisis en la ciudad (APSaT). Miembro de la Delegación de San Fernando del Instituto Oscar Masotta. Miembro del comité editorial de Analytica del sur. Psicoanálisis y crítica. Miembro del comité de edición de Ring! El despertar de cada uno en la red, boletín virtual de la red AAPP. Asociaciones analíticas y publicaciones periódicas.

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René Magritte
Les Liaisons dangereuses
1936, óleo sobre lienzo,
72 x 64 cm

Leemos en el diccionario que una biografía es la narración de la vida de una persona. Pero advirtamos que el biógrafo no es neutral, por más objetividad que se proponga y por más referencias y archivos en los que fundamente sus dichos. No es neutral desde el instante mismo en que elige narrar la vida de una persona y no de otra; desde el momento en que selecciona algunos hechos y no otros. Entonces, la biografía -en tanto que narración completa de la vida de alguien- es imposible. Porque quien la escribe pone de sí, su deseo está en juego. Y porque el deseo de aquel que es “narrado” implica necesariamente una opacidad que se resiste a la plena iluminación.

Entonces no hay biografías sino byografías. La y griega está en el lugar de lo que escapa, de lo inenarrable, no porque se trate de algo secreto o inconfesable necesariamente[1] sino porque, por estructura, no podemos narrar el deseo. Sí podemos, tal vez, apuntar a él, deducirlo a posteriori a partir de ciertos actos.

Es así que, tal como lo propuso Enrique Acuña en su seminario[2], siguiendo a Jacques-Alain Miller[3], podamos relatar no biografías sino “vidas”[4]. “La historia como vida deseante es distinta de la anécdota biográfica. Implica lo no dicho, el enigma de la enunciación y la ‘vida paralela’, en el sentido de algo que está en dialéctica con un otro y que opera como una alteridad y una referencia superadora.”[5] Se pone en juego un versus, que significa tanto “ir hacia” como “ir contra”. Por un lado empuja a la inclusión del sujeto en el campo del Otro y a la vez hace corte y separación[6].

 

Nos interesa ese versus a la hora de pensar la recepción del psicoanálisis en la Argentina ya que ésta implica un horizonte de expectativas, algunos nombres propios, fundaciones, escisiones, transferencias, angustias de influencia, políticas de traducción y de publicación… El Otro hacia el cual se orienta quien recibe y su modo propio de hacer corte y separación.

Cuando, en este entramado hystórico, nos interesamos por el psicoanálisis de niños en la Argentina, un nombre propio se recorta con claridad: Arminda Aberastury. Y, en filigrana, otro: Melanie Klein.

La biografía

Comencemos por la biografía. En la página web de la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A.)[7] leemos: “Arminda Aberastury fue pionera en el psicoanálisis de niños, que dio lugar más tarde junto con Betty Garma, a la creación del Departamento de Niños y Adolescentes de la APA, para la formación de psicoanálisis en esta especialización”. Arminda y Betty eran las esposas de los médicos y miembros fundadores Ángel Garma y Enrique Pichon-Rivière.

En un prólogo[8] de la editora Eva Tabakian leemos: “Pionera del movimiento psicoanalítico argentino, Arminda Aberastury nació en Buenos Aires en diciembre de 1910 en el seno de una familia de comerciantes por el lado paterno, e intelectuales del lado materno”. Continúa narrando que Arminda tenía afinidad por un tío médico y que su hermano Federico estudió psiquiatría. Es de ese modo que conoce a Pichon-Rivière, amigo de Federico, con quien contrae matrimonio y tiene tres hijos. En cuanto a la formación académica de Arminda leemos que se recibió de maestra y luego de profesora en Ciencias de la Educación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Según Tabakian “quiso emprender la carrera de medicina, pero los prejuicios de la época no la ayudaron en sus logros, aunque su futuro estuvo estrechamente ligado a las ciencias médicas”. No solo por ser la compañera de un médico sino porque trabajó en hospitales.

Entre 1942 y 1953 hace su análisis didáctico con Ángel Garma. Se le designa miembro adherente de la APA en 1948 con la presentación del trabajo “Psicoanálisis de un niño esquizofrénico” y “Fobia a los globos en una niña de 11 meses”. En 1950, con la presentación de nuevos trabajos, pasa a ser miembro titular y en 1953 psicoanalista didacta.

Estudia la obra de Melanie Klein y traduce su libro Psicoanálisis de niños en 1948. Mantiene una correspondencia con la autora durante más de diez años.

Profesora y directora del Instituto de Psicoanálisis de la APA, presenta una comunicación sobre los estadios durante los primeros años de vida, definiendo una “fase genital primitiva” anterior a la fase anal. Esa constituye su mayor contribución teórica. Realiza una ardua tarea de formación de mujeres y hombres en el psicoanálisis de niños.

A los 62 años, afectada por una enfermedad, decide darse muerte.

Arminda Aberastury escribió Teoría y técnica del psicoanálisis de niños, La adolescencia normal (en colaboración con Mauricio Knobel), El niño y sus juegos, La paternidad, Aportaciones al psicoanálisis de niños y El psicoanálisis de niños y sus aplicaciones.

Todo comenzó así (según los protagonistas)

En palabras de Arminda, todo comenzó así: “Fue en 1937 cuando por primera vez tomé contacto con una niña de 8 años. La veía diariamente en la sala de espera cuando acompañaba a su madre a un tratamiento psiquiátrico, y su expresión inteligente y angustiada me había hecho dudar del diagnóstico que pesaba sobre ella”. El diagnóstico era “oligofrenia” y la sala de espera era la de su marido. Decide acercarse a esta niña de modo pedagógico y verifica que es capaz de aprender. Como los resultados de las entrevistas fueron tan asombrosos, Arminda leyó un texto sobre psicoanálisis de niños[9] y ya nunca más se apartó de esa senda.

Muchos años después, su marido narra- en una entrevista que le realizan[10]- dos recuerdos “referidos a la iniciación de Arminda”. El primero coincide con el que acabamos de contar. El segundo: “Una tarde, después del almuerzo, le empecé a contar mis proyectos y mis primeras iniciativas para concretar en el hospicio un servicio especializado para adolescentes, y también las técnicas que consideraba necesario implementar. Ella se entusiasmó y decidió acompañarme al hospital. Aún no se había recibido de médica, pero de hecho se inició, ese día, en su carrera.”

Transferencias -Historia del psicoanálisis de niños en la Argentina

Arminda dedica su libro más importante –Teoría y técnica del psicoanálisis de niños – a su analista, Ángel Garma. En la nota preliminar agradece a Melanie Klein, cuyas ideas, según ella, fueron su directiva más valiosa, a través de una frecuente correspondencia. Menciona también a su marido, Enrique Pichon-Rivière.

Su formación parte de la obra de Sigmund Freud, a la que suma los aportes de Hug Hellmuth, Anna Freud, Sophie Morgenstern y Melanie Klein, entre otros. El psicoanálisis no se consideraba aplicable a niños hasta las contribuciones de estos autores, especialmente, debido al aún deficiente desarrollo del lenguaje en la infancia.

Como es sabido, hay entre estos autores, especialmente entre Anna Freud y Melanie Klein disidencias teóricas y técnicas, a las que Aberastury le dedica el capítulo “Dos corrientes en el psicoanálisis de niños”. Las principales distinciones están en relación a las concepciones de la transferencia (para Anna, no se establece cabalmente en los niños y debe ser positiva siempre -para Melanie Klein se da espontáneamente, debe ser positiva y negativa), el uso del dibujo (Anna no lo incluía en su técnica, Melanie sí), la función del análisis (en opinión de Anna no era solo analítica sino también pedagógica -Melanie se abstenía de esta última aplicación), etc.

“La Negra”, como la llamaban sus amigos, toma técnicas e ideas de todos ellos pero realiza también contribuciones propias: “Mi técnica tuvo sus raíces en la creada por Melanie Klein para el análisis de niños. Se nutrió de ella durante muchos años, pero mi propia experiencia me ha permitido hacer una serie de modificaciones, que considero trascendentales (…) Se basan en una forma especial de conducir y utilizar las entrevistas con los padres, que hace posible reducir el psicoanálisis de niños a una relación bipersonal como con los adultos. Destaco, además, la gran importancia de la primera hora de juego y un hecho que considero decisivo: que todo niño, aun muy pequeño, muestra desde la primera sesión la comprensión de su enfermedad y el deseo de curarse”.

Con la inclusión de lo que se llamó lenguaje pre-verbal (dibujo y juego principalmente) nuestra analista diseña lo que llamaba “mi técnica”. Esta inclusión es justificada cuidadosamente por algunos trabajos de Freud y su propia experiencia.

En El psicoanálisis de niños y sus aplicaciones, Aberastury vuelve a exponer su técnica, esta vez en un contexto hospitalario. Trabaja con numerosos profesionales- pediatras, cirujanos y odontopediatras principalmente -dedicados al cuidado profiláctico de la infancia. Arminda tiene en cuenta la posibilidad de considerar el psicoanálisis como psicohigiene en educación y en salud. Estos cuidados incluyen la terapia familiar y el psicoanálisis aplicado a situaciones médicas, como la cardiopatía congénita.

El psicoanálisis de niños, ¿una práctica de mujeres?

Esta es una reflexión causada por una pregunta que formuló Enrique Acuña en su seminario: “¿Por qué son las mujeres psicoanalistas las que se dedican al psicoanálisis de niños?”

Creo que las siguientes opiniones[11] de Arnaldo Raskovsky (pediatra y miembro fundador de la APA junto con Enrique Pichon-Rivière, Ángel Garma, Celes Cárcamo y María Langer) podemos ensayar una respuesta. Por un lado, como decía Eva Tabakian en el prólogo: los “prejuicios de la época”. Por otro, la teoría kleiniana y el lugar de la madre en ella.

• “La mayor esperanza para un mundo mejor es que se recapture la función de la madre.”

• “Si me preguntaran cuál debería ser la acción más urgente del gobierno del mundo en este momento (1987) diría que subvencionar la maternidad”.

• “Que no haga otra cosa que ser madre durante los primeros tres años del hijo”.

• “La cultura actual presenta algunas aberraciones, como las guarderías, que son una forma de amparar el abandono del hijo, eximirse de culpa diciendo que se coloca bien al hijo. Es una mentira. El chico solo está bien colocado hasta los 3 años con la madre.”

• “Después del nacimiento comienza la actuación del instinto de muerte sobre el propio yo y esto produce la ansiedad paranoica. Si hay una buena madre, va anulando la paranoia del niño, si no le da de comer suficientemente o no lo atiende con todas las consideraciones, la ansiedad paranoica persiste. Y persistirá toda la vida porque los afectos se crean en los primeros meses de vida”.

Estas afirmaciones echan luz al lugar otorgado a la madre tanto en la sociedad de ese momento como en la teoría psicoanalítica que, como tan bien explica Germán García en Debates culturales[12], había desplazado su acento del padre a la madre. El campo del psicoanálisis fundado por Freud fue transformado de diversas formas por aquellos a los que Jacques Lacan llamó “postfreudianos”, entre ellos Melanie Klein. Según García, esta analista operó por inversión. Examinemos tres de tales inversiones: “En Freud la fase oral es conectada con la metáfora de la devoración del padre. En Klein se trata de la devoración de la madre; En Freud la envidia se relaciona con el pene. En Klein con el pecho; En Freud la relación con el padre (Edipo) determina retroactivamente la relación con la madre (preedípica). En Melanie Klein la relación con la madre determina, en forma lineal, la relación con el padre”.

A la pregunta de si lo que se designa como psicoanálisis de niños es una práctica de mujeres, Arminda Aberastury -partícipe de estos desplazamientos en la teoría y práctica del psicoanálisis- contesta que sí. Para analizar niños, los hombres deberían elaborar su angustia de castración y admitir el deseo femenino de tener un hijo. Eso es lo que Freud descubre en relación a la mujer y que Aberastury recomienda a un hombre.

La “vida”

Pensemos desde distintas perspectivas el pasaje de Aberastury por el psicoanálisis.

Su principal contribución clínica fue la descripción de una fase genital temprana, entre la oral y la anal. También sus detallados estudios sobre dentición, marcha y lenguaje.

Su principal contribución política fue la de haber contribuido a introducir el psicoanálisis de niños en numerosos espacios hospitalarios. Trabaja junto a los pediatras Arnaldo Rascovsky, Julio Tahier, Enrique Racker (Hospital Británico, Hospital de Niños), los odontólogos José Porter, María Inés Egozcue y Samuel Leyt -a los que considera haber llevado adelante una “revolución en odontología” al incluir en su práctica al psicoanálisis

La influencia de su marido se pesquisa en la extensión a lo social, a los grupos, con la incorporación de la técnica de orientación a padres, grupos de madres, grupos de padres de pacientes quirúrgicos, etc.

¿Cuál fue la pragmática de Arminda Aberastury? ¿La de lograr convertirse en un prestigioso miembro no médico de la APA en un tiempo cuando eso no era moneda corriente? ¿Se autorizó en ser la mujer de un psiquiatra? ¿Se autorizó en su análisis didáctico con Garma, miembro fundador, cuando ya se había separado de su marido? ¿Se autorizó en su producción teórica, en “su técnica”? ¿En su relación epistolar con Melanie Klein? Sea como sea, Arminda Aberastury sin duda construyó un nombre propio.

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Notas:

[1] Acuña, E.: “La confesión y el dispositivo analítico. Lo indecible y el secreto” en Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas, Edulp, La Plata, 2009, pag. 133.

[2] Idem: Seminario clínico 2016 Psicoanálisis: sínthoma de la cultura, clase 10, Buenos Aires, Biblioteca Popular Sánchez Viamonte, Austria 2154.

[3] Miller, J.-A.: Vida de Lacan. Escrita para la opinión ilustrada, Grama, Bs. As., 2011.

[4] Acuña, E.: Revista de psicoanálisis Versus Entre la clínica y la cultura N°1, nota editorial “Hacia dónde”, Asociación de Psicoanálisis de La Plata-Biblioteca Freudiana, La Plata, junio de 2000. Ver referencia al Alejandro y César, de Plutarco.

[5] Sanguinetti, C.: Reseña clase 10 del seminario de Enrique Acuña. https://enriqueseminario2016.wordpress.com/2016/09/01/vidas-que-importan-pichon-riviere-y-la-recepcion-apa/

[6] Ibídem iii

[7] https://www.apa.org.ar/

[8] Aberastury, A.: El psicoanálisis de niños y sus aplicaciones, Paidós, Buenos Aires, 2015.

[9] El libro era Psicoanálisis del niño, de Anna Freud.

[10] Zito Lema Vicente, Conversaciones con Enrique Pichon-Rivière sobre el arte y la locura, Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1976.

[11] Conversaciones con Rascovsky, Tomo 1, Editorial Dobledia, Bs. As., 1987.

[12] García, G.: El psicoanálisis y los debates culturales. Ejemplos argentinos, Paidós, Bs. As., 2005.

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Analytica del Sur Número 1. Aparición en web: julio 2014.

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