Analyticas del Sur. Revista de psicoanlisis en la crtica cultural

Edición Nº 7 • Marzo de 2018 •

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La seducción, masculina

 

Presentación

El siguiente texto de Héctor García de Frutos responde a un debate muy candente en los últimos meses, no sólo en los EE. UU. y en Europa, sino aquí mismo, en América del Sur. El autor emprende su análisis a partir del sesgo de la seducción en clave “masculina” y sus límites en la época actual, mostrando que aquello que está en juego en las defensas de tinte feminista o “supuestamente” machista no es más que el juego de los semblantes desprendidos de las matrices fantasmáticas. Desde el psicoanálisis, lo femenino y masculino son posiciones sexuadas que no coinciden necesariamente con el sexo anatómico.

Sobre el debate decía Enrique Acuña en su Curso de este año (2018): “Se trata de un llamado universalizante desde la convocatoria del #metoo (yo también), un signo de época que conduce a un “para-todo x”, el abuso sexual. A ello respondieron algunas mujeres francesas como Deneuve en defensa de la seducción…, y el piropo”.

En otro contexto, vale la pena mencionar el comentario de la psicoanalista francesa Anaëlle Lebovits-Quenehen, sobre dos niveles de lectura (opuestos) acerca de la campaña de liberación de las mujeres: “la causa de las mujeres es a la vez digna, necesaria, esencial cuando reivindica una igualdad efectiva de los derechos de los hombres y de las mujeres –es a lo que contribuye indudablemente esta campaña. Por el contrario, se debilita cuando pasa por una dilución del no-todo en el todo, imitando en esto no tanto a los hombres sino a los que, entre ellos, tienen un serio resentimiento contra las mujeres” (https://zadigespana.wordpress.com). Si las denuncias atacan la misoginia masculina, ¿conviene levantar la bandera de la misandria femenina? ¿Es el odio el único motor posible de la defensa o puede el amor hacer existir la unión de hombres y mujeres aceptando la diferencia de los sexos? En otra línea argumental, cuando Rebbeca Soltint acuñó el término “mansplained” (Men explein things to me, 2015) para denunciar sin rodeos la arrogancia masculina en los ámbitos de la cultura occidental (intelectual, amoroso, laboral, etc.) ciertas voces del feminismo actual encontraron en el “discurso del poder” la razón del silenciamiento sobre la violencia contra las mujeres.

Pero en la era del “empoderamiento femenino”, el feminismo también puede sacar partido del discurso del psicoanálisis, haciendo que el agujero sin-norma de lo “femenino” promueva una comedia de los sexos que destierre la tragedia del “ni-una-menos”.

 Fátima Alemán

Héctor García de Frutos

Codirector del Diploma de Máster y Postgrado ‘Actuación Clínica en Psicoanálisis y Psicopatología’ de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona. Psicólogo en la Unidad de Trastornos del Aprendizaje de la FJF (Grupo UB). Doctor/PhD en Psicología. Miembro del proyecto Tacte Barcelona: www.tactebarcelona.com

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Milo Locket – S/T

 

Recientemente, a raíz de las numerosas denuncias de acoso sexual a Harvey Weinstein y el fenómeno viral de Twitter #metoo, se ha suscitado un encendido debate en Francia sobre los límites de la seducción. Una tribuna[1] en el diario Le Monde, firmada por 100 mujeres (la más famosa de las cuales es la actriz Catherine Deneuve… no en vano, se ha llamado al texto ‘Tribuna Deneuve’), tuvo su réplica inmediata en una segunda[2]. Redactada por Caroline de Haas, ha sido firmada por 30 feministas y publicada en France TV Info. La Tribuna Deneuve aboga por “la libertad de importunar” en el flirteo, recuerda que “la libertad interior” de las mujeres “es inviolable”, y critica el “odio” y la “ola purificadora” de cierto feminismo que ha arrastrado el linchamiento público de no pocos hombres. La de de Haas defiende el “derecho al respeto” de las mujeres, recuerda que “la violencia” de “los cerdos” “afecta a todas las mujeres”, a la par que denuncia que “la mayoría de las firmantes son reincidentes en materia de defensa de pedófilos o de disculpas de la violación”.

El debate no puede sino suscitar el interés del psicoanálisis, en la medida en que lo femenino parece abordado desde perspectivas fantasmáticas contrapuestas. De un lado, un hombre obsceno violenta a la mujer víctima; del otro, el hombre humillado es defendido por una mujer libre. Puesto que tenemos noción (saberlo es decir demasiado) de que del Otro goce nada puede decirse, consideramos que en este forcejeo verbal está en juego la posición femenina en la dialéctica falo-objeto, la “parte femenina (…) en la relación genital”[3] en palabras de Lacan.

El significante “objeto”, presente en ambas tribunas, da cuenta de dicha dialéctica y por ende de la confrontación del argumentario. En la Tribuna de Le Monde, se avala el derecho de una mujer a ser “objeto sexual de un hombre” y “gozar” de ello. En la Tribuna de France TV Info, la expresión es la de “objeto disponible” para el acoso, como posición contrapuesta a la de “considerar a los otros como un igual”. Ambos encuadres desvelan cierto ‘paratodismo’ con matices, en que se vislumbra un modo de goce fantasmático, que situamos en psicoanálisis del lado masculino. Ésta última expresión de la Tribuna de de Haas es particularmente acertada para nombrar aquello de lo que se trata: es como igual que un hombre debe abordar a una mujer, no como objeto. Dicha igualdad circunscribe el plano sexual por el del Derecho, que es el discurso puesto de relevancia en el texto de las 30 feministas.

Restricción que no debería chocar a alguien formado en la enseñanza de Lacan, que hace equivaler el deseo a la Ley. Ahora bien, para el psicoanálisis la Ley considerada es la del incesto, que signa principalmente para la cultura varonil una prohibición del cuerpo materno para permitir, en una combinatoria que Lévi-Strauss mostró estructural, el acceso del varón a otras mujeres (en las que reencontrar, por otra parte, cierto recorte imaginario del cuerpo materno). Conviene resaltar entonces la contrapartida bárbara de este interdicto en las culturas humanas: la mujer es considerada mero objeto de intercambio, al mismo nivel que los bienes, y no sujeto de deseo. Esta cultura es la que las feministas de la Tribuna de Haas combaten.

Sin embargo, si sigue siendo preciso luchar por la igualdad al nivel de los derechos, hoy más que nunca, conviene también apuntar que ésta no alcanza a darse en el campo del inconsciente, donde no hay significante para La mujer. Es el falo el que condensa presencia y ausencia, trampantojo que vehiculiza la diferencia sexual en lo simbólico: en lo real del organismo, a la mujer no le falta nada. La diferencia sexual persiste por ende en el campo del sentido, así como en el del semblante. Los asuntos de sexuación y libido son cosa bien distinta desde Freud, que destacó siempre la variabilidad de género en las identificaciones, mientras que a la vez sostenía que la libido era para todos masculina y la bisexualidad inherente al ser humano. Es decir: libertad del semblante, y fijación pulsional a algo que no tiene que ver con la dicotomía cromosómica.

Es la verdad que captan las firmantes de la Tribuna Deneuve. Intuyen que en el encuentro que verifica la libido el sexo débil es el hombre, no la mujer. Justamente porque no es sino en posición masculina como el ser hablante accede al deseo sexual: esto es, tomado por la dimensión fálica. Ahí el varón entra con un órgano que decae, y con un goce métrico que queda escaso ante el estilo del superyó contemporáneo; ella constata que puede no quedar circunscrita a eso. Las muchachas-falo de las que habla Lacan[4] han adquirido una magnitud suprema en la época de la virtualidad, como ha sabido captar bien Denis Villeneuve en su nueva Blade Runner 2049.

A la vez, si las firmantes recusan la posición de víctima a la mujer, es amparándose no obstante en una consideración cuya raíz es también masculina: un sujeto, por ser libre, no coincide con su cuerpo. Lo tiene, puede ser responsable del mismo, asumir riesgos al respecto. Una mujer puede superar por tanto una violación, siendo su mente libre de su cuerpo, en una lógica que entrevemos cartesiana: es lo que el texto de Le Monde concluye. Un texto articulado en torno del significante ‘libertad’, encarnado por esa estatua femenina de origen francés y dimensiones titánicas ubicada en la ciudad-falo del mundo: Nueva York.

Desde el psicoanálisis, no tenemos lecciones que dar sobre la posición femenina: lo dicho hasta aquí concierne al debate suscitado por las dos Tribunas. Podemos tratar de elucidar, en cambio, los vericuetos de una época en que lo femenino, en ciertos lugares del mundo, está tomando mayor presencia y reorientando la cultura. Lo femenino aquí remite al no todo, y a lo ilimitado. No es descartable que estas funciones lógicas estén inclinando debates como el que aquí se ha abordado. Sin embargo, es su dimensión masculina, en los planos del sintagma ‘todas las mujeres’ y de la escena fantasmática, la que nos parece está en primera línea de la disputa.

Notas:

[1] Collectif ‘Une autre parole’,2018. “Mujeres liberan una palabra distinta”. La traducción al castellano puede leerse en: http://tactebarcelona.com/mujeres-liberan-una-palabra-distinta/

[2] De Haas, Caroline: “Los cerdos y sus aliados tienen razones en preocuparse”. La traducción al castellano puede leerse en: http://www.tribunafeminista.org/2018/01/los-cerdos-y-sus-aliados-tienen-razones-en-preocuparse-caroline-de-haas-y-activistas-feministas-responden-a-la-columna-en-le-monde/

[3] Lacan, Jacques: “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina” en: Jacques Lacan, Escritos. México: Siglo XXI, (1966/2003), p. 704.

[4] Ibid., p. 711.

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